Lunes, 4 Octubre, 2021 - 18:58

SOMBRAS, NADA MÁS
(*) Por Luis Rodríguez Martínez

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Luego de las primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), el país estuvo dos semanas en una situación de incertidumbre motivada por el colapso del partido de gobierno en dicha consulta electoral.

Todos los partidos dirimieron sus disputas internas mediante ese mecanismo idóneo que son las primarias, menos uno: el Frente de todos. Esto no generaría mayores consecuencias si no fuere porque se trata de la coalición que detenta en estos momentos el poder.

No hizo el FdT sino trasladar el escenario de sus desencuentros al gobierno nacional, produciéndose la designación de un nuevo jefe de gabinete, sustitución y enroque de ministros, carta de la vicepresidente expresando su interpretación de la derrota, ministros que renunciaban e inmediatamente revocaban dicha denuncia, en fin, una comedia de enredos que, a más de sobresaltar a la sociedad, afecta la calidad de nuestra democracia.

Quizás, esta confusión entre problemas endógenos de un partido político y la cosa pública propiamente dicha, es producto de la recurrente creencia de Perón y sus legatarios que el “movimiento” es la nación misma, que los intereses del partido peronista son los supremos intereses de la patria, que aquello que no es abarcado por el movimiento es contrario a sus objetivos, que la palabra del líder carismático que lo conduce es sagrada.

Luego de la sorpresa que arrojó el resultado de las PASO, algunos conspicuos representantes del justicialismo alegaron que el partido había tomado nota del mensaje de las urnas. ¿Cuál es el que ellos capitalizaron para salir indemnes de la catástrofe electoral y revertir los resultados en noviembre?

A juzgar por las modificaciones del gabinete de ministros y las ideas que han sido esbozadas hasta ahora, lo que .pide a gritos el pueblo argentino es una profundización de las políticas populistas que constituyen el alma mater de la praxis política peronista: poner dinero en el bolsillo de la gente; emitir desenfrenadamente para sobornar la voluntad popular; más politiquería barata; más garche (con perdón del vulgarismo); más estatismo; más alineamiento con regímenes execrables como Venezuela, Nicaragua, Méjico, Rusia, China; más intrigas palaciegas entre presidente y vice; cero gestión; beligerancia dentro del Mercosur y confrontación con el occidente capitalista.

LA ESTUPIDEZ NO TIENE LÍMITES, pero la culpa no la tiene el chancho, sino quien le da de comer. A este estado de cosas no llegamos por casualidad, mala suerte o venganza de los dioses; estamos como estamos por decisiones propias, por reincidir una y otra vez en el populismo, por hacer la vista gorda a la corrupción descarada, que asombra en el exterior y hemos naturalizado en lo doméstico.

Cuando Mauricio Macri el día siguiente a las PASO 2019 -que reflejaban la pérdida de apoyo popular a su administración- expresó que el pueblo argentino debía meditar sobre su decisión porque lo que iba a venir (no se equivocó) era infinitamente peor, todos los medios lo desacreditaron interpretando que esa opinión implicaba, en cierta forma, no aceptar el veredicto electoral.

Luego del régimen político más corrupto y miserable de nuestra historia (el kirchnerista), el soberano, desmintiendo la fábula pergeñada por algún insensato “el pueblo nunca se equivoca”, optó por entregar el poder a una fórmula presidencial que regresaba a la palestra a la integrante de la familia que fue protagonista del monumental latrocinio. 

Entonces, ¿puede por ventura tomar por sorpresa que el país esté sumido en la pobreza, como reflejan las estadísticas de la CEPAL? No señores, aquí existe connivencia entre grandes sectores de la población y una casta política que tiene legitimidad de origen, pues fue consagrada por el voto popular, pero no de ejercicio.

Siete puntos porcentuales, a diferencia de lo que cree la generalidad de los argentinos, pueden decidir la suerte, el futuro, la dignidad, el honor, de un país y nosotros hemos emitido el sufragio sin presión, extorsión o coacción alguna, LIBRE ALBEDRÍO.

Podrán algunos botarates decir que el mandato de Macri fue malo o mediocre, pues no catapultó al país a un nivel escandinavo EN CUATRO AÑOS. Y ahora, qué tenemos, sino depresión, falta de rumbo, políticos recalcitrantes en políticas que nos llevaron a la quiebra, ausencia de objetivos, de plan económico.

La semblanza de los colaboradores elegidos por el presidente Fernández para conducir al país hasta las elecciones generales, demuestra que no existe la mínima aspiración de solucionar los problemas del país, combatir la postración económica, la inflación, la pobreza.

Los designados lo fueron por su mayor habilidad para liderar campañas políticas, maestros en la dádiva, la politiquería, la rosca, las componendas, la camándula, el populismo. Por si existieran dudas, el gobernador Mansur pidió licencia en el cargo hasta el día de las elecciones generales de noviembre, preparando, seguramente, el regreso sin gloria a su provincia, eso sí, con la conciencia de haber prestado un servicio a la causa del partido.

Así continuamos el día a día los argentinos, lidiando con una situación que es desesperante para grandes sectores de la sociedad, mientras la dirigencia política que conduce los destinos de la nación está enfrascada en el placer de hacer experimentos sociales, abstraída de la realidad, gozando sus privilegios, de espaldas al pueblo.

Hace poco CFK expresó que la oposición está representada por “republicanos de morondanga”, frase que condensa su pensamiento político: la república es un prurito burgués despreciable y los que la defienden, personajes impresentables.

Esta intolerancia, la imposibilidad de la lideresa de mostrar empatía con la sociedad, además de fomentar hostilidad contra el gobierno, pone en serias dudas la gobernabilidad en los dos últimos años del mandato de Alberto Fernández.

El dispendio de dinero estatal que será invertido para intentar revertir la derrota electoral será descomunal; increíble irresponsabilidad, si se repara en que dos años de gobierno en nuestro país equivalen a un siglo y la emisión desenfrenada puede finalizar en hiperinflación.

Aunque se trate de un tema gastado, sobre el que han corrido ríos de tinta, no se sabe con certeza quién ejerce el poder real en Argentina, si el presidente o su vice. Los últimos sucesos parecen darle la razón a quienes aducen que CFK quien diseña las políticas de los sectores esenciales del gobierno, economía, exterior, social, energía.

El problema, la tragedia, es que, como hizo el kirchnerismo en anteriores situaciones de zozobra, se inclinará por redoblar la apuesta e intensificar sus políticas harto fracasadas, que difícilmente sean acompañadas por la oposición.

El modelo está agotado: reprime el crecimiento económico, penaliza a los ricos con asfixiante carga impositiva, no tiene por norte el fomento de la producción interna, tampoco de las exportaciones, la política laboral carece de flexibilidad, lo que genera más trabajo no registrado.

El statu quo laboral es defendido contra viento y marea por una dirigencia gremial enquistada en la Confederación General del Trabajo que ha perdido legitimidad por su adhesión incondicional e inveterada al partido justicialista.

No existe para la CGT defensa concreta de los derechos de los trabajadores; ello sólo es posible dentro del marco de las políticas diseñadas por el peronismo cuando se encuentra ejerciendo el poder. Si está en el llano, deviene una máquina de presión, extorsión, como comprueba la cantidad de huelgas generales convocadas durante gobiernos radicales (Alfonsín, De la Rúa), Juntos por el Cambio y las, prácticamente inexistentes, cuando gobierna el partido del primer trabajador.

El ajuste de los salarios efectuado por el gobierno de Alberto Fernández es gigantesco; sin embargo, hace pocos días la CGT llamó a militar en favor del oficialismo para modificar el resultado de las PASO.

¿QUÉ ES ESTO, SINO SINDICALISMO PARTIDARIO? PORQUE LA MISIÓN DE LAS ENTIDADES GREMIALES SE CIRCUNSCRIBE A LA DEFENSA DE LOS DERECHOS LABORALES.

Argentina fue una rara avis en el contexto latinoamericano por haber forjado una clase media mayoritaria, una sociedad con vitalidad, que promovía la movilidad social ascendente a expensas del crecimiento económico y la educación.

¿Puede alguien, por ventura, suponer que, con una política de desarrollo social centrada en el asistencialismo, sobre la base de planes sociales, se fomenta el progreso de los sectores más deprimidos de la sociedad (si así pudiere llamárselos)?

Está comprobado que el plan, la asistencia del estado, es un paliativo, no sustituye el trabajo genuino; de ello dan cuenta quienes los reciben; de ninguna manera puede asociarse el plan a un sospechoso desdén por el trabajo de los beneficiarios, son los primeros que rehusarían la ayuda estatal si la nación le diera la oportunidad de conseguir un empleo digno.

Si las elecciones legislativas de medio término ratifican los resultados de las PASO, se produciría un fenómeno sin precedentes en la República Argentina: el partido hegemónico gobernaría por primera vez sin el control de ambas cámaras del congreso, sin poderes extraordinarios delegados por el parlamento, sin la bendición de ser la fuerza política más votada.

Sin dudas, esto será una lección para los que desprecian el gobierno de Juntos por el Cambio, adjudicándole el calificativo de “lamentable”, “pésimo”, “deplorable”.

Veremos cómo se las ingenian para negociar proyectos de ley, para “controlar la calle”, expresión fascista que tanto los apasiona, para atropellar jueces cuando las sentencias no son favorables, amenazándolos con juicio político, cuando necesiten apoyo parlamentario para ratificar tratados, para sancionar “leyes de emergencia”, a las cuales son tan adictos porque les permiten borrar de un plumazo la constitución, por situaciones de caos que ellos generan.

SOMBRAS EN EL FIRMAMENTO, NADA MÁS

Por Luis Rodríguez Martínez (*)

(*) Abogado.

Presidencia Roque Sáenz Peña