Viernes, 17 Septiembre, 2021 - 19:23

Profecía
Por: Juan Carlos Starchevich

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Diagnóstico:
 
El oficialismo ha perdido, pero no perdió. Como esta elección muestra solo sensaciones pudo haber producido falsos resultados reales, que se verán en su verdadera dimensión en los comicios de noviembre.
 
Esta ficción solo muestra una crisis política que ya existía y solo se ha puesto de manifiesto en un violento y sorpresivo alumbrar en zonas escondidas en oficialismo, oposición y pueblo en general.
 
¿Qué nos muestra todo esto?:
 
En primer lugar que el bufón asaltó el sillón del Rey, con la total decepción del Rey que le ha dado legitimidad y ahora corre el riesgo de perder su corona.
 
La oposición se ha visto sorprendida al darse cuenta que no se ha preparado responsable e inteligentemente a hacerse cargo, si fuese necesario, a conducir un país tan deteriorado en sus instituciones y en la moral popular, puesto que no aflora en ningún punto la presencia de un estadista. El pueblo no puede ser conducido hacia una verdadera evolución solo con bocones que solo pueden presentar batalla al modo de peleas villeras desprovistos totalmente de un perfil político necesario y maduro. Solo demuestran ignorancia ante una realidad que no la pueden ver. Y, por ende, son incapaces de solucionar.
 
Puede ser, también, una jugada, incluso premeditada del oficialismo para crear falsas expectativas, hacer bajar la guardia a los cómodos busca cargos de una oposición que no se opone, sino que se dispone y, a cambio de no sé qué cosa, le votan a favor las leyes que presenta el oficialismo. Luego dicen que no están de acuerdo con ellas y que no eran conscientes de lo que habían votado. La culpa es siempre del otro, como Adán y Eva, condenando a toda la humanidad al fracaso.
 
El pueblo presenta una falsa esperanza queriendo creer que va a haber un cambio favorable al país, sin ni siquiera pensar si aquellos que proponen son capaces de solucionar los problemas.
 
Oportunidad:
 
Las renuncias en masa, puestas a consideración, muestran una clara oportunidad de redimensionar el gobierno con la colaboración de todos los actores políticos de todos los partidos y personas de bien de la sociedad que puedan ser útiles en una posible nueva construcción del país.
 
Para esto se necesita grandeza, humildad verdadera y conocimientos. Actitud de servicio verdadero y no solo una lucha por el Poder. Si acaso estas cosas no existen, entonces solo se producirán fracturas, desencuentros, guerras villeras de palabrotas, mentiras y cobardías. Fanáticos y estúpidos corriendo tras cualquier bandera sin conocer su verdadero significado.
 
¿Qué nos podría esperar?:
 
Como una profecía no deseada, el oficialismo podría ganar en noviembre con un mayor porcentaje que el que perdió en las paso.
 
Vendrían con furia, como diablos recién salidos del infierno.
 
Como el dinero se va terminando, pierde progresivamente su valor y significado; los planes sociales se convertirán en látigo de capataces que impondrán disciplina por la fuerza. El Poder Judicial dejará de existir. Solo existirá El Poder, a cargo de una sola persona con su corte de fanáticos y mercenarios.
 
Tu casa no será tu casa, tu campo no será tu campo; tu identidad será masificada, tu felicidad se convertirá en tristeza.
 
Conclusión:
 
El odio y el fanatismo solo producen ceguera, sordera y necedad. Impiden ver la realidad en su verdadera dimensión, impiden el uso de la razón y, la inteligencia ya de nada sirve, pues se está peor que dormido, se está en estado de shock.
 
No conviene votar por odio, en contra; ni por fanatismo, a favor. En ambos casos es voto nulo.
 
No conviene vivir con odio ni con fanatismo porque transmitís a los demás desesperanzas y perdés la oportunidad de ser feliz.
 
 
Juan C. Starchevich