Lunes, 3 Abril, 2017 - 09:06

Denuncia un armado para inculparlos
Policía condenado a perpetua por el asesinato de Cindric le pidió al Gobernador que revea la condena: “No soy asesino ni mucho menos un torturador”

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Alfredo  Fabián Dorado, uno de los policías condenados a prisión perpetua por el asesinato de Víctor Cidrich, escribió una carta a Domingo Peppo donde afirma ser inocente, haber sido condenado injustamente y no haber contado con una justa defensa. Habla de una causa “armada por la fiscalía y organismos de DDHH” para inculparlos y “tergiversar la verdad”. Y cuenta su versión de lo sucedido resaltando en varias partes de la carta que es inocente y que fue condenado “de manera alevosa y con animosidad”.

La carta, según la palabras de Dorado, es para trasmitirle al Gobernador su “inquietud acerca de una condena perpetua que sobre este recae  a partir del 10 de marzo de 2017”. Que está ligada a los hechos ocurridos el miércoles 17 de septiembre de 2014 cuando Víctor Cindric es detenido en la comisaría de Tres Isletas, sufre una golpiza y luego es llevado al Hospital. Dónde se constata que el deceso se produjo antes del ingreso al nosocomio. El acta de defunción señala que la muerte de Cindric se produjo por un “traumatismo craneoencefálico debido a una hemorragia cerebral”.

Dorado expresa en el escrito: “Mucha impotencia por el fallo adoptado por un Juez que no respetó mi principio de inocencia, mis derechos como ciudadano, ni mi garantía constitucional; un Juez que no fue imparcial, que se dejo influenciar por organismos y entidades, por ejemplo, los organismos de Derechos Humanos, Comité contra la Tortura, por la prensa y redes sociales”. 

En la carta contó su versión sobre los hechos. Y detalló textualmente: “Ese día me encontraba cumpliendo función de comandante de guardia, atención al público y de atención al 101. Tipo 17, recepciono un llamado solicitando presencia policial en un barrio. Luego regresa el móvil policial conduciendo a un ciudadano. Salgo al patio solamente un minuto para consignar sus datos y regreso a la guardia el llavero de turno. Esto lo corroboro en el juicio y costa en actas, pero lo que es evidente que no pude haber participado jamás de una tortura en el lapso de un minuto. Todo fue un armado de fiscalía y organizaciones de Derechos Humano para tergiversar la verdad”.

Tras la explicación, el condenado expresó al Gobernador su tristeza e indignación con la Justicia: “Me siento muy triste e indignado con nuestra justicia, que no mide con la misma vara y solo por el hecho de haber portado un uniforme tengo que ser penado con tanta severidad y con la pena máxima como si yo fuera el mayor genocida de la historia Argentina. Quiero que sepa que soy padre de familia, que tengo un hijito de 10 años, Agustín se llama, y que no sé qué decir cuando me pregunta: ¿Papá porque estás ahí? O ¿Cuándo vas a volver a casa?”.

“INGRESÉ A LA POLICIA PARA HACER CUMPLIR LAS REGLAS Y NO TRASGREDIRLAS”

Afirma en la carta: “En 8 años de función policial no tengo sanción disciplinarias, mi legajo es intachable, no tengo denuncias en mi contra por apremios ilegales. Soy alguien que tiene bien incorporado los valores, que respeto y valoro la vida humana, y no tengo desprecio hacia ella como quisieron hacer ver. Soy alguien que trabaja y estudiaba, termine mis estudios segundarios, fui segundo escolta en la primaria y abanderado en la secundaria, alguien que ingreso a la Policía para cuidar a la sociedad, y defenderla, para hacer cumplir las leyes y no transgredirlas, la misma sociedad y justicia que hoy me condena”.

 “Señor Gobernador, le pido, le pido encarecidamente que como máxima autoridad de la Provincia tome cartas en el asunto y vea que las cosas se hagan como corresponde, no estoy pidiendo indulgencia, solo claridad y seriedad en la investigación, hace dos años y medio que estoy detenido y ahora condenado injustificadamente, por un tribunal que no considero mi defensa, que no valoró pruebas, ni tuvo en cuenta pruebas irrefutables como el informe forense o inspección ocular del gabinete científico. Un juzgado que toma como prueba contundente la declaración de un preso que está en el complejo penitenciario cumpliendo una condena por robo a mano armada, el mismo que apuñalo a un agente penitenciario y que por obra y gracia de Dios no murió, el cual se presentó a declarar en el juicio drogado y que ese mismo día de su declaración fue apuñadado en el complejo penitenciario por pelear por drogas; pero eso los medios no lo trascienden, porque no es escabroso, no es noticia”.

“No soy asesino, no soy torturados, soy alguien que hacia su trabajo. Señor Gobernador, es grave lo que ocurrió con nosotros, se está haciendo mucho daño a la moral de los cuerpos de seguridad. En mi carrera policial he sido agredido, insultado, escupido, amenazado, y me he jugado la vida, porque amo mi profesión. Estoy orgulloso de ella, porque hice un juramento, porque amo la vida, amo mi patria, amo la paz y el orden público. Me molesta mucho y me pone muy triste la animosidad de la Justicia y la manera con que se ensañaron con nosotros. Los policías no somos robots, tenemos sentimientos, cuándo nos dañan lloramos y cuando nos hieren sangramos, somos hijos, padres y hermanos. Creo en Dios y que hay una justicia divina, la cual está por encima de la terrenal. No soy un asesino, creo que no debe ser nada agradable matar a alguien y que es algo con lo que uno tiene que vivir toda la vida”.

Resaltó, nuevamente dirigiéndose a Domingo Peppo, que no tuvieron un juicio justo: “Eso fue una Sala de ejecución. Desde el principio ha existido un armado para hacernos culpables; ¿Cómo es posible que desde el comienzo de la investigación ya sabíamos que nos iban a condenar a prisión perpetua? Eso es porque nuestra suerte ya estaba echada, y estaba todo arreglado para que así fuera. ¿Cómo es que ya estamos sabiendo que en la Cámara de apelaciones en el Superior Tribunal nos van a confirmar la condena? Ojala esté equivocado y eso no pase. No sé quien o quienes se benefician con nuestra condena pero si se quienes son los perjudicado, nosotros Señor Gobernador, agentes del orden que fueron condenados a prisión perpetua. Nos mataron en vida”.

“¿Dónde quedó el todo somos iguales ante la Ley?¿dónde están mis derechos?¿donde están mis garantías constitucionales?¿dónde está mi principio de inocencia?. A usted le parece que un Juez este impartiendo justicia de esa manera?¿que prefiera un tirón de orejas a perder el Sillón?, A mi no”.

Y finalizó recordando: “Hace dos años y medio estoy viviendo un calvario, solo confiando en la Justicia y en su criterio, pero evidentemente esta existe para los chorros, asesinos y violadores, cuando se trata de un uniformado se lo pena con el mayor peso de la Ley. Señor Gobernador es muy grave el mensaje que se le está enviando a la sociedad, no estoy pidiendo que sea Juez y Jurado, sólo que se hagan bien las cosas, y con la mayor claridad, que se investigue como corresponde. Soy inocente y fui condenado de manera alevosa y con animosidad. No soy un asesino, ni mucho menos un torturados , solo un policía que un día fue a trabajar, que nunca más pudo volver a su casa y que afuera hay una familia que aun lo espera”. La carta lleva la firma de Alfredo Fabián Dorado, DNI 30.302.507, desde la Comisaría Segunda de Roque Sáenz Peña.

LOS HECHOS

El miércoles 17 de septiembre de 2014, personal policial (Méndez, López y Gallardo) de la Comisaría de la localidad de Tres Isletas tomó intervención en un problema doméstico y detuvo a Víctor Cindrich. El joven fue alojado en la comisaría local donde sufre una severa golpiza. Posteriormente fue llevado al hospital local “Jorge Vázquez” donde se constata que el deceso se produjo antes del ingreso al nosocomio. En un primer momento se divulgó que fue por  un paro cardíaco, pero después se conoció el acta de defunción firmado por el doctor Hugo Banegas que señalaba que la muerte se produjo por un “traumatismo craneoencefálico debido a una hemorragia cerebral”.

El 10 de marzo, el Juez Rodolfo Lineras, a cargo de la Sala Unipersonal de la Cámara Primera en lo Criminal de Sáenz Peña, fue el encargado de hacer pública la sentencia por este caso, con la carátula de “Tortura seguida de muerte”. Los imputados por el crimen fueron los policías Héctor Méndez, Diego Gallardo, Ernesto López, Alfredo Dorado, Rafael Toledo y Natalio David Struciat alias "El Nono", los cuatro primeros como autores, a cadena perpetua; y los dos últimos como encubridores, a cuatro y cinco años.