Domingo, 8 Noviembre, 2015 - 20:21

Los motivos ocultos que nos hacen gastar más de la cuenta

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042
 
¿Qué puede hacer la gente para controlar sus gastos? Si uno hace esa pregunta, en la mayoría de casos, las respuestas se repiten. Hacer un presupuesto y respetarlo, reducir el gasto para que no exceda los ingresos y monitorear las compras para no salirse de los límites.
 
Muy a menudo, sin embargo, cuando las familias tratan de seguir tales pasos, fallan. ¿Por qué? 
 
Los investigadores recién empiezan a comprenderlo y las respuestas parecen tener más que ver con los impulsos psicológicos y con defectos que nos cuesta reconocer y superar en nuestras vidas.
 
La configuración mental de las personas, por ejemplo, es excelente para pronosticar los ingresos, pero terrible a la hora de imaginar los gastos futuros, lo que nos lleva a hacer presupuestos irrealistas. La forma en que pensamos acerca de nuestros recursos emocionales también importa. Si las personas consideran que la fuerza de voluntad es limitada, sienten que necesitan recompensarse con cosas como compras por impulso cada vez que cumplen un objetivo. En ocasiones, la gente asigna en forma inconsciente un valor tan alto a parecer responsable que terminan tomando decisiones que les cuestan caro, como hacer grandes compras con tarjetas de crédito, en lugar de recurrir a los ahorros. A continuación presentamos un vistazo a los hallazgos científicos sobre nuestros impulsos ocultos relacionados al gasto y el ahorro y cómo podemos corregir algunos de nuestros errores más graves.
 
LOS GASTOS FUTUROS
Las personas son terribles a la hora de calcular sus egresos. Según un estudio publicado en 2008 en la revista especializada Organizational Behavior and Human Resources Processes, los seres humanos utilizan un razonamiento excesivamente simplista que se concentra demasiado en los ingresos para estimar desde la cantidad de agua en una tina hasta los gases de efecto invernadero en la atmósfera.
 
Eso tiene grandes repercusiones sobre la forma en que trazamos nuestros planes financieros, señala John Lynch, director del Centro de Estudios de Toma de Decisiones Financieras de la Universidad de Colorado, en Boulder, cuyo equipo estudió el fenómeno en un estudio próximo a publicarse en la revista Journal of Marketing Research. 
 
La investigación encontró que a la hora de planificar sus finanzas, la gente piensa en sus ingresos, pero no se concentra en el aumento de sus gastos (egresos) y esto los hace pensar que pueden costear gastos que en la práctica son impagables. “Así es como las personas terminan comprando una casa o un auto que, en última instancia, no pueden pagar”, dice Lynch. 
 
Lynch y su equipo buscan soluciones de comportamiento para este dilema, pero cree que un componente fundamental es hacer un presupuesto. Cuando las personas dependen de impresiones subjetivas sobre sus finanzas y parece posible que pueden pagar todo, entonces gastan. Cuando elaboran un presupuesto, es mucho más probable que decidan recortar gastos deseables, pero prohibitivos.
 
EL ESTADO ANÍMICO
Cuando la gente está triste, sus hábitos financieros se deterioran. Cuando están felices, mejoran. Según un estudio realizado entre 4.500 consumidores holandeses y publicado en 2012 por el Journal of Economic Psychology, las personas que no son felices ahorran menos, gastan más y tienen una mayor propensión al consumo. Tienen menos control sobre sus gastos y prevén una inflación más alta. Quienes están felices, en cambio, están más orientados al futuro y persiguen metas que los beneficiarán a largo plazo. 
 
EL VALOR DE LA VIVIENDA
Finalmente, muchas personas sienten una debilidad cuando se trata de sus viviendas. Por cada incremento de US$1 en el valor de una casa en el mercado, algunas familias elevan su consumo en entre seis y 18 centavos de dólar, según un estudio de 2013 publicado por la Review of Economics and Statistics. 
 
Los investigadores han indicado desde hace tiempo que mientras mayor es la apreciación de una vivienda, mayor es la sensación de los propietarios de que cuentan con dinero adicional para gastar. Luego, mientras más vale un hogar, mayor es la cantidad en la que su propietario puede endeudarse contra la propiedad. Cooper explica que para hacer efectivo un aumento en el valor de una propiedad tendría que venderla. Una vivienda comparable en el mismo mercado probablemente costaría lo mismo, de modo que tal persona no tendría tanto dinero adicional para gastar salvo que esté dispuesto a moderar significativamente sus expectativas. 
 
—Wells es editor de The Wall Street Journal en Londres.
 
Fuente: 
The Wall Street Journal.