Viernes, 22 Octubre, 2021 - 11:09

Lealtad popular 2021

Por Juan Carlos Starchevich*

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Quise tomarme un tiempo para mirar desde más lejos lo que ocurrió en el corazón de nuestro pueblo este 17 de octubre. Lealtad, palabra muy fuerte que fisura los labios de quienes la pronuncian mal. Oscuridad y desierto para aquellos que no tienen la dignidad de sostenerla. Sentencia de muerte que pone en evidencia la incompetencia y la miseria de aquellos que hacen un mal uso de ella. Dolor muy profundo para aquellos que han comprendido su significado y decidieron hacerse a un lado para contemplar en sus corazones y en sus casas en silencio, del mismo modo que un buen cristiano contempla un viernes santo. No hay nada para festejar, sino mucho para reflexionar.

Realidad actual

Aquel primer 17 de octubre había dos figuras importantes, Perón y los trabajadores, donde se establece la lealtad de Perón al pueblo y del pueblo a Perón, en referencia a los trabajadores como pueblo. Resulta que hoy no hay Perón ni trabajadores, no había peronistas en el festejo. Era una fiesta de casamiento donde los novios estaban ausentes y solo se convidaba miseria.

No se dieron cuenta que esta fecha los peronistas la hemos celebrado en nuestras casas, pero ellos no lo sabían y fueron donde no había Perón ni peronistas, ni conductor ni trabajadores. Daban vueltas sin sentido como un enjambre de abejas que ha perdido su colmena. No había discursos ni consignas, solo un ambiente desolador que tenía como estandarte un inmenso signo de pregunta “¿Qué estoy haciendo aquí?”

El día de la lealtad popular 2021 ha desenmascarado poniendo en evidencia a estos falsos pastores de un rebaño que no los reconoce como propios, porque aquí también resonó muy fuerte en sus conciencias, en ese desconcierto, una frase que repicaba con una fuerza ensordecedora que apagaba los ruidos y los bombos: “¿Qué hacen los comunistas en el partido justicialista? ¡Váyanse al partido comunista!”. Recuerdo dilapidario que apresuró la desconcentración.

No sabían qué hacer, no sabían cómo celebrarla. Palabras vacías en un inmenso desierto. Así gobiernan la nación y las provincias, así conducen los sindicatos. Regalan dinero, cocinas, bicicletas…, como un miserable soborno que no busca compañeros sino cómplices, arreando como tropa de vacas a los pobres desocupados, nuevos esclavos del siglo veintiuno.

Deshojando el siglo veinte

entre bravucones y genios,

entre esperanzas y fracasos

y al límite de su resistencia…

Abriendo el siglo veintiuno

el hombre llora su propia herencia.

Significado histórico y cultural

Con aciertos y con errores debido a la situación que se vivía en ese entonces de liberación de peones esclavizados cuando sus amos no querían soltar sus cadenas (“… rompan las tranqueras, corten las alambradas y vayan a votar…”). Pasaron muchas cosas que para ellos, los patrones, resultó muy desagradable porque los liberados accionaron en contra de varios de estos que los vivían explotando… No se justifica, como tampoco se justifica la esclavitud, el maltrato humano y su animalización… “¡¿Quiénes son estos negros que se quieren igualar a nosotros?!!!”…  Nace el odio a Perón y a los peronistas.

Es muy difícil entender el significado del peronismo porque no es sólo una doctrina, tampoco una filosofía ni un conjunto de ideas o ideales como un caso determinante porque aquel primer 17 de octubre no existía nada de esto sino un gran número de almas individuales que se fusionaron para formar, con todas ellas, un solo alma, un solo corazón y una única esperanza al proclamar a su conductor y caminar en la vida juntos y en forma solidaria como compañeros de la vida y del destino. De aquí surge el Movimiento y no un partido político. Este Movimiento hacía crecer progresivamente su alma, no por la razón, sino por el sentimiento que hacía comprender el significado que contagiaba por inducción a los contemporáneos y por tradición viva a través del tiempo a las nuevas generaciones. Nací en 1960, no fui testigo presencial de todo lo que ocurrió desde el ‘45 en adelante y solo tenía 14 años cuando muere Perón en su regreso. ¿Por qué soy peronista entonces? Porque el alma peronista sigue viva y continúa contagiando a través del tiempo, de hecho que hay menores que yo que expresan el mismo sentimiento. No existe razón para ser peronista ni para no serlo, sino una gran sensibilidad humana que indigna al corazón cuando ve un pueblo que sufre. Por eso, el peronismo no se entiende, solo se lo puede comprender porque no nace de la razón sino del espíritu del pueblo. “Donde hay una necesidad existe un derecho”, quizás no se la pueda entender pero sí comprender que no es digno de un ser humano ver al necesitado y no hacer nada por él. Así es el peronismo. Después de todo esto surge la Doctrina Nacional, las Veinte Verdades Justicialistas y el Partido Justicialista. Todo esto responde al Movimiento, a la fidelidad, a este pacto de lealtad entre el pueblo y su conductor.

Esto no funcionaría si se hubiese hecho al revés: haciendo primero la doctrina, las veinte verdades, el partido, etc., porque de este modo no hay sentimiento porque no existe una realidad conquistada ni una experiencia vivida ni transmitida a través de los tiempos. El Partido Justicialista sin peronistas es solo una cáscara vacía; la Doctrina con sus Veinte Verdades: una utopía; la bandera, la marcha y todos los emblemas: una verdadera molestia. Como consecuencia, la celebración del día de la Lealtad Popular: carente de significados, tal como lo ha demostrado la realidad en estos últimos dos actos.

Concluyo:

Ellos no saben que el día de la lealtad popular es un día de luto, porque ha muerto el trabajador y han puesto en su lugar a los desocupados. Injusticia social y deslealtad peronista.

Tu miseria es tu estandarte,

hombre desocupado de hoy,

te arrean como vacas

por los caminos sin Dios.

Hoy cobran de tu hambre

aquellos que no sienten dolor.

Te entronizan en el centro del escenario popular

aquellos que tu dolor te han obligado a callar.

Lealtad popular,

tierra prometida que jamás has de llegar,

sueño de grandeza que jamás has de lograr:

Soberanía política, independencia económica y justicia social.