Viernes, 1 Abril, 2016 - 12:10

La realidad de Sarita
Mónica Persoglia

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Quienes la conocen a  Sarita la vieron crecer, perseverar, capacitarse y aprender, hasta lograr acceder a un trabajo.
 
Disciplinada y pulcra concurria todos los días al supermercado donde le adjudicaron una responsabilidad. Lo sentía como su segunda casa, y con orgullo recibia su paga de pasante
 
Ese supermercado, cumplió con la Ley que ordena incluir un número de personas con capacidades diferentes, y a Sarita la aceptaron, pudiendo comprobar su dedicación y honestidad.
 
Llegó un día, en que ella y su mamá recibieron la triste noticia: Debía renunciar, de lo contrario le quitaban su pensión.
 
Lo hicieron. El supermercado perdió una empleada fiel,perdieron compartir su buen humor, su  caminar ligero, su trabajo prolijo. La perdieron. Y las Empresas buscan rendimiento. Ella lo tenía, cumplía, con sus tiempos con sus formas, pero cumplía.
 
Sarita a partir de la renuncia a su trabajo que la enorgullecía perdió su sonrisa. De ser una persona con capacidades diferentes, la convirtieron en una incapacitada, que sabe que en la sociedad no hay lugar para ella. Ella no puede trabajar ni debe hacerlo.
 
La sociedad, perdió la credibilidad en los mandatos , que convoca al empresario a un compromiso, del que saben el Estado luego será su mayor verdugo.
 
Para las leyes no existen términos medios:, la discapacidad es sinónimo de incapacidad.
 
Podrían considerar evaluar los montos a pagar de las pensiones, o las tareas que puede o no cumplir, la duración de las jornadas. Pero no está estudiado así, sino desde el “sirve o no sirve”, convirtiéndolos, con crueldad en un “vegetal”, considerando que lo que reciben del Estado  es un amparo suficiente, cuando todo se puede adaptar y llegar a un rendimiento ´óptimo con aquello que puede y sabe hacer, con aquello que las Instituciones ponen sus fuerzas en estimular y hacerlos crecer , para una sociedad inclusiva.
 
Las leyes, a veces protegen, en este caso abandonan. Y el discurso es cruel: si lo dice la ley, deben darlo de baja.
 
Ellos tienen capacidades diferentes porque: sus tareas las hacen de otras formas (diferentes), con otros tiempos (diferentes)  rinden en un tiempo especial (diferente) pero llegan.
 
Si consideraron que las exigencias en tiempo y modalidad deben ser igual a los que no tienen dificultad alguna, entonces la ley es ciega.
 
Sus papás, se ven defraudados por tantos discursos utilizando la palabra inclusión. Han hecho de Sarita una hermosa mujer- niña, esas personas que nunca pierden la capacidad de dar amor. Y  la hace diferente: fue capaz de desafiar a una sociedad egoísta y trabajar cuerpo a cuerpo con los demás mostrando los que no quieren ver.
 
¿Qué haría udsi fuera los padres de  Sarita? ¿Qué puede modificarse en la ley para que la palabra INCLUSION no sea sinónimo de “mentira!!!”? ¿Quiénes pueden defender a Sarita ahora, su derecho a trabajar?