Jueves, 23 Enero, 2014 - 20:48

A la búsqueda de nuevos argumentos: el BCRA intervino y esta vez la devaluación si fue "inducida por el estado"
Por Hugo E.Grimaldi

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Contradictorio una vez más, aunque quizás esta vez para esconder la partida, el inefable Jefe de Gabinete dijo por la mañana que la de ayer "no ha sido una devaluación inducida por el Estado". Inmediatamente, hizo pensar que la idea del Gobierno era echarle la culpa de lo ocurrido con el valor del peso a los privados.
 
"Para aquellos amantes del libre mercado la oferta y demanda de divisas es la que se expresó ayer en el mercado de cambios", sentenció Jorge Capitanich para meter más incertidumbre. No obstante, la primera afirmación se caía por su propio peso, ya que unos minutos antes, en la introducción que suele hacer para fijar agenda, el jefe de los ministros había planteado con pura lógica que "no intervenir es un acto de administración". 
 
Hilando ambos conceptos, la teoría de que no había sido algo "inducido" sonó francamente a una mala excusa dedicada a los incautos o directamente fue una subestimación que, sin embargo, algunos avezados operadores de la City interpretaron.
 
No era que el Gobierno hubiese pasado a ser neoliberal, sino que el ministro en jefe recordó que el tipo de cambio es "flotante, bajo flotación administrada", con lo que desactivó la idea de que casi por primera vez en la historia el peso iba a flotar libremente y esto también lo supieron leer los operadores.
 
Si bien es lo que casi toda la cátedra está pidiendo en el mundo financiero, no está en la naturaleza de los partidos populares en la Argentina, menos en el peronismo clásico y aún menos en el kirchnerismo tomar un camino que deje la fijación del precio de la divisa a la libre acción de la oferta y la demanda. Ni el menemismo se animó a hacerlo. Por lo tanto, cuando en la locura que se desató hoy en las mesas, con el famoso operador 250 (el BCRA) fuera de la conversación y con algún otro banco oficial marcando "precios hacia arriba" en el dólar mayorista para ayudar al "empome", los operadores más avezados se corrieron esperando lo que finalmente se dio: la llamada "flotación sucia".
 
Cuando el Central salió a vender, todos los que ya habían colocado "de aire" dólares a los importadores entre $8,30 y $8,50 sin tenerlos, respiraron. Como se esperaba, había llegado la caballería de la mano de todo aquello que, pese a la ensalada de conceptos, había terminado asegurando Capitanich. Fue un aviso involuntario que dio, seguramente propiciado por los nervios que vive todo el Gobierno, porque tiene que darle de tomar a la sociedad una medicina tan amarga como es la devaluación de su moneda sin que por detrás haya un plan monetario y fiscal que sustente la movida.
 
Y ahora, vendrán nuevos desafíos para el ministro coordinador, ya que tendrá que explicar por qué el Central no deja de perder reservas, los precios no paran de subir, ya hay nuevas remarcaciones y los sindicatos se pintan la cara.
 
Lo peor es que ya no le servirán más los argumentos para chicanear a los "amantes" del libre mercado, porque haber intervenido por arriba de los 8 pesos y haber dejado un piso superior al de ayer ha sido también, por supuesto, "un acto de administración".
 
Fuente: 
Agencia DyN