Martes, 12 Octubre, 2021 - 10:45

Insólito, se vota para que pierda
Por Juan C. Starchevich (*)

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Hemos llegado a la conclusión de la democracia, se vota para que pierda, el voto del pueblo no busca ganador.

Debemos mirar más allá de las cosas que se muestran:

Bien sabemos, por experiencia propia que, al consultar a nuestros amigos, oír opiniones de otros, el pueblo se encuentra en un estado muy particular de desencanto cívico al ver todo el abanico electoral sin encontrar un solo candidato que despierte en la gente el mínimo interés de elegirlo, como tampoco la menor fuerza de voluntad para ir a votar a favor de alguno de ellos. Los candidatos lo saben, por eso no presentan propuestas, tampoco las tienen. Se ha debilitado tanto la democracia que la política se ha divorciado de la responsabilidad del Estado, sin objetivos de destino de progreso y desarrollo de todo un pueblo anclado en las proximidades del abismo que rápidamente se va derrumbando.

Un pueblo que no tiene a quien votar, por no tener favoritos, siente que su libertad no es real, se siente algo así como allanado, muy limitado, como atado a una gran columna que no le permite ir más allá de la longitud de sus cadenas. ¿Cómo hemos llegado a esto?

”Elegir entre distintos no deseados para permanecer en estado de disconformidad”, ¿es la nueva definición de democracia?

Ya probamos con todos, a tal punto que se repiten por turnos en una asociación parcialmente oculta o disimulada entre oficialismo y oposición para siempre. ¿No ven que sea como sea siempre están todos los mismos como empleados de planta permanente?

Los jóvenes comienzan a votar en blanco, como primera experiencia electoral ¡Qué pena! Quieren huir del país como quien huye de la guerra en busca de nuevas esperanzas. Miran a los adultos sabiendo que están en esos mismos moldes de proceso que al cabo de unos años serán como ellos y sienten náuseas de su propio futuro.

¿Qué podemos hacer? ¿Votar a uno para que pierda el otro? ¿Nuestra alegría se reducirá solo a que el otro pierda? ¡Vaya! En qué psicópatas nos hemos convertido.

Las campañas del desprecio:

En algunas épocas los candidatos políticos calentaban la sangre del pueblo con sus discursos y propuestas que el pueblo mismo, gratuitamente, se encargaba de difundir un favorito a votar. Hoy sin embargo calientan la sangre en sentido contrario, el pueblo hace campaña para que no lo voten.

El Gobernador del Chaco inauguró en Charata, como agua potable, una canilla de agua que se alimenta mediante un camión-tanque que trae agua de algún lugar “local” haciendo creer a todos que es producto de un acueducto que está siempre en estado de construcción y nunca se termina… Ha hecho una actuación teatral, con bufones locales, fingiendo llorar de alegría a sabiendas que estaba inaugurando una mentira.

 

Los que no lo conocen podrían pensar que es un psicópata, un perverso hipócrita capaz de llorar con lágrimas y mocos, engañando y simulando una realidad que no existe.

Genera dudas en las otras inauguraciones de todo el Chaco, que se muestra en las propagandas de campaña, tengan la misma veracidad que el agua potable en Charata.

¿Por qué querría el pueblo votarle? Se hacen campañas por redes sociales para que no lo hagan.

La oposición:

¡Existe!, ¿acaso no vieron que cobran el sueldo? Ahhh, no los vieron desmentir lo del agua potable en todo el interior de la provincia, tampoco los han oído procurar por ella. El cómplice de la mentira es mentiroso también. ¿Acaso no hay radicales en el interior chaqueño para que al menos luchen por ellos? ¿Qué hacen por el pueblo, más allá de las torcidas concepciones del género humano que presentan como esas campañas publicitarias de cosméticos de venta callejera?

¿Cuántos son? ¿Quieren ser más? ¿Para qué?

¿Por qué les votaría la gente, acaso para que pierdan los que están y haya más legisladores radicales que cobren un suculento sueldo a cambio de nada?

¿Qué dice, en su interior personal, el pueblo radical con respecto a sus representantes?

La gente se da cuenta:

Los políticos están tan lejos de la realidad que piensan, están convencidos, que el pueblo es tonto, burro e ignorante y les dicen que si no le gusta uno, le vote al otro. ¡Claro! Igual se benefician todos, ¡Es una misma familia! ¡Les tienen terror al voto en blanco!

Los radicales y peronistas ¿están de acuerdo cada cual con sus representantes de planta permanente?, incapaces de sostener un discurso, de ideas propias, de un verdadero diagnóstico social, educativo, agrícola, industrial… Solo una etiqueta partidaria carente de ideas e ideologías reducidas en: “votanos a nosotros porque los otros son malos” ¿Pueden renovarlos? ¡No! Las bases de los dos partidos políticos están tan limitadas como el resto de la población.

Dijo José Ingenieros: “Tenemos la libertad de elegir entre ser águilas o gusanos, pero si elegimos ser gusanos, perdemos el derecho de protestar si nos aplastan”.

Concluyo:

Esta situación cívica y política es un problema de todos, por lo tanto debemos solucionarlo entre todos, la grieta que han instalado estos vivillos no debe existir entre los ciudadanos que nos necesitamos el uno del otro permanentemente durante todos los días y toda la vida como buenos vecinos. Debemos despertar.

Quizá ya sea hora de unirse radicales y peronistas en una única lista al 50% para expulsar a todos estos que se han adueñado de los dos partidos, de las bases y de toda la provincia.

No tengo la menor duda, que las mejores de las personas de ambos partidos, que no están activos en los actuales, tendrán verdaderas propuestas que en verdad beneficien al pueblo. Dando un verdadero protagonismo político a sus correspondientes bases, hartos de la ausencia de un verdadero espacio político desde hace ya mucho tiempo.

Solo hace falta valor y firme determinación. El pueblo acompaña las buenas decisiones.

(*) Ingeniero