Lunes, 1 Noviembre, 2021 - 22:15

Herencia
Por Juan C. Starchevich

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— ¡¿Qué herencia nos dejaron?! ¡¿Qué herencia nos dejaron?! ¡¿Qué herencia nos dejaron?! ¡¿Qué herencia nos dejaron?! —incansablemente repetían los jóvenes durante toda la noche marchando por las calles de todo el país. Eran ya las cuatro de la mañana cuando todo el mundo encendía sus televisores para ver lo que estaba ocurriendo. Preferían salir de sus casas y mirar en bares y lugares públicos donde se congregaban muchas personas. No saben por qué, pero daba miedo verlo solo. Un silencio total en todas partes del mundo. Está ocurriendo en Argentina, solo en ese país, pero en todas sus provincias, en todas sus ciudades, en todas partes. Eran sólo jóvenes, varones y mujeres, que comenzaron a marchar desde las diez de la noche y no llevaban pancartas ni carteles ni distintivo alguno sino solo esa horrible frase que causaba espanto y la repetían incansablemente al ritmo de la respiración. Nadie se atrevía a salir de sus casas, todos los adultos que estaban en bares, confiterías o en las calles regresaban con terror a sus casas, es muy grande esa multitud quizás miles o quizás millones de jóvenes marchando en todas las calles llenándose de lado a lado; esa frase, como ráfagas de viento que en algunas ocasiones predominaba como una pregunta y en otras como una gran exhortación.
¿Cómo se organizaron? Nadie lo sabe, nadie pudo anticipar. Los jóvenes de hoy manejan códigos que solo ellos lo comprenden. La policía no se atrevió a salir, no se veía algún uniformado por las calles, eran miles o millones, nadie se atrevía a cruzarse con ellos. Marchaban serios sin insultos ni agresiones y sin desorden, solo esta frase que horrorizaba a los oyentes. Van a seguir, van a seguir sin parar en este arrasador ejército que solo ellos lo controlan.
 
No llevaban armas ni garrotes ni piedras, pero esta frase en ese tono apagaba todos los demás ruidos del país y aterrorizaba más que un bombardeo aéreo de la segunda guerra mundial.
En algunos países es de día y están en plena jornada laboral. Todos hacían silencio, cuidadosamente dejaban sus herramientas, suspendieron sus tareas y sus compras y se congregaban en un aturdidor silencio ante las pantallas de los televisores como si estuviesen viendo y siendo testigos del inicio de un apocalipsis totalmente desconocido que no figura en la Biblia ni en alguna profecía. En todos los canales abiertos y por cables de todo el mundo suspendieron películas, entretenimientos, informativos habituales y solo mostraban esto y en voz muy muy baja y muy de cuando en cuando algún comentarista marcaba alguna pequeñísima aclaración al respecto.
 
Nadie se atrevía a opinar, era más tenebroso que el desfile de todo el ejército Nazi en presencia de Hitler. ¿Qué es todo esto? ¿Qué significa? Nadie se atrevía a interpretar.
 
¡¿Qué herencia nos dejaron?! Es la nueva consigna y única que la juventud argentina ha adoptado como nuevo Preámbulo de la Constitución Nacional y en todas sus provincias.
 
Es la nueva frase que desplaza todas las pancartas y carteles de todos los partidos políticos, destruyéndolos tan solo con la palabra. Frase que tira abajo todos los emblemas y consignas de los movimientos sociales. Frase que llena de miedo a la CGT, a todos los gremios y sindicatos.
 
Frase imperativa que exige terminantemente; frase sin concesiones que no admite negociación alguna; frase que da miedo, porque de ese miedo podría surgir la esperanza.