Martes, 24 Mayo, 2016 - 11:17

Emilio Jáuregui, primer mártir del periodismo

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El cuerpo del periodista fue velado en el segundo piso de la sede cegetista de Paseo Colón 731, en Buenos Aires.
 
Por los años '60 siendo el Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical -MUCS- la herramienta sindical del Partido Comunista, sus cuadros en la FATPREN y en la filial capitalina, a poco de crearse, incorporarán ambas entidades a aquella corriente donde desempeñaban su militancia ideológica, a la que se sumarán en Buenos Aires, dos jóvenes periodistas recientemente incorporados al comunismo argentino: Emilio Jáuregui, en su primer experiencia como secretario general adjunto y Eduardo Jozami, secretario de prensa, quienes no pasarían desapercibidos, y contribuirán a condimentar el debate interno que se avecinaba en el partido de Victorio Codovilla. El primero de ellos llegará a ser secretario general de FATPREN.
 
Jáuregui, tendrá una polémica y trágica intervención en la vida de los periodistas sindicalizados, tras afiliarse al Sindicato de Prensa de la Capital en 1962, luego de dos años en que se desempeñara como cronista del diario La Nación, desde julio de 1960. Al PC lo llevará Alberto Vilar, un colega comunista, que también tendrá un rol incumbente en el gremio. Emilio no hacía mucho había regresado procedente de París, donde su familia tuviera que radicarse debido a la actividad de su padre, quien era funcionario de la cancillería argentina y designado consejero económico en Francia. Será en Europa donde Emilio cursa la carrera de Ciencias Políticas.
 
De regreso a nuestro país, y ya dedicado al periodismo, decide dejar la casa paterna ubicada en Vicente López, donde tuvo oportunidad de conocer a personalidades como Eduardo Mallea y Manuel Mujica Láinez, quienes frecuentaran la familia, para irse a vivir junto a su abuela materna, hermana nada menos que de Federico Pinedo -socialista, conservador, gerente de las empresas británicas, y ministro de economía devaluador impuesto al presidente Guido por los militares-. Tiempo después se pondrá de novio y junto a su pareja alquilarán un departamento de un ambiente en Capital Federal donde nacerá su única hija, Mariana Eva.
 
Andrés Rivera, quien fuera obrero textil, y que en 1992 recibiera el premio Nacional de Literatura por su novela La revolución es un sueño eterno, recuerda haber frecuentado el gremio para conversar con su amigo y destaca, en una entrevista realizada por Alejandra Ballester que, siendo “de una familia aristocrática estaba a punto de irse a Cuba, para ser un soldado de la revolución, cuando lo bajaron” .
 
Algunas fuentes asocian su posterior asesinato a una incipiente activa militancia en Vanguardia Comunista, tras alejarse del partido Comunista al cuestionar su revisionismo, y luego de haber visitado China, Vietnam y Cuba, por lo que venía siendo vigilado de cerca por los servicios de inteligencia del Estado.
 
Algunos destacan de su personalidad cierta característica de bohemia tanguera vinculada al peronismo militante que frecuentaba Gotán. Camaradas aseguran que “le gustaba bailar el limbo rock, y lo hacía bien”. Como pluma militante colaboró con Juan García Elorrio en Cristianismo y Revolución.
 
Caído el gobierno de Frondizi, y hacerse cargo de la presidencia el titular provisional del Senado, José María Guido, al poco tiempo, dispone el decreto por el que es prohibida “la nefasta y subversiva acción del comunismo que pretende socavar los elementos de nuestras instituciones”. Los sindicatos del MUCS son allanados y la mayoría de sus dirigentes puestos a disposición del PEN sin causa ni proceso. Entre ellos una veintena de periodistas entre dirigentes y afiliados al Sindicato de Prensa capitalino, son alojados en la cárcel de Riobamba al 500. La nómina de los dirigentes y trabajadores de prensa detenidos la componían entre otros, Venido Mateu, secretario general de la FATPREN y Osvaldo Bayer, titular de la seccional capitalina, Emilio Jáuregui, Eduardo Jozami,
 
El año 1964, la FATPREN, con sus dirigentes comunistas ya en libertad, será de una gran discusión interna hacia el seno del sindicato. Lo que se da en ese momento es algo mucho más que un conflicto generacional. Se llevará a cabo una asamblea muy concurrida en la sede la calle Alsina de la que el periodista Ricardo Cámara, cronista de gremiales del diario La Prensa recuerda que “el único punto del orden del día era la separación del sindicato del MUCS, una propuesta del secretario general que era el ‘turco’ Jozami, a quien acompañaba Emilio Jáuregui”. El acontecimiento representaría el alejamiento formal de ambos del PC. El segundo de ellos incursionará en la filas de Vanguardia Comunista. Jozami se inclinará por posiciones más cercanas al peronismo revolucionario.
 
El ex dirigente nacional de FATPREN y comunista orgánico Alfonso Feis, recuerda el episodio con dolor: “fue para nosotros una gran decepción. En aquellos muchachos habíamos depositado toda nuestra esperanza”.
 
Dispuesta la intervención de FATPREN y del sindicato capitalino, a partir de la dictadura de Onganía, estando apartados de la organización sindical por imposición dictatorial, con motivo de los actos previstos para el 1º de Mayo, Día Internacional del Trabajo, a realizarse en Cuba, Eduardo Jozami viaja invitado por la Central de Trabajadores. Al año siguiente regresa para participar en la Conferencia de la OLAS, integrando la delegación argentina que preside John W. Cooke. En el interín y luego de participar junto a Emilio Jáuregui en un Congreso Internacional de Periodistas realizado en Santiago de Chile, ambos fueron invitados por la Asociación de Periodistas Chinos a conocer su país.
 
El 25 de junio del 69 estallan bombas en quince supermercados Minimax, uno de cuyos dueños, Nelson Rockefeller, estaba a punto de llegar a nuestro país como enviado especial del presidente Richard Nixon. Justamente el día de ese arribo, Onganía autorizó la expulsión de extranjeros, con una moderna versión de la detestable ley de residencia.
 
Los días previos a la visita el clima político era tenso. Se producen decenas de detenciones en diversas confrontaciones con las fuerzas de represión. Las manifestaciones, promovidas desde la CGT de los Argentinos, a las que adhirieron diversos sectores políticos en contra del visitante “ilustre” del imperio, concentraban a miles de estudiantes; una de ellas el viernes 27 se dirige a Plaza Once. Había sido prohibida por la Policía Federal. En las esquina de Anchorena al 600 ocurre un episodio singular: llegando a alta velocidad dos vehículos policiales se cruzan a los manifestantes, frenan, y de uno de ellos descienden hombres que a punta de pistola, se acercan a uno de los manifestantes, lo golpean y le disparan en la cabeza, cayendo en la vereda herido de muerte. Habían acribillado a Emilio Jáuregui, secretario general depuesto del Sindicato de Prensa. Integraba una columna de Vanguardia Comunista que marchaba a la par de otra de Agitación y Lucha del partido Radical.
 
Hacía tiempo que los servicios de inteligencia venían siguiendo de cerca los pasos de Jáuregui y Jozami. No se descarta una ‘entrega’ por parte de grupos parasindicales de la derecha peronista, que veían en esos jóvenes periodistas revolucionarios una “amenaza” latente.
 
Una vez entregado el cuerpo de Jáuregui, éste será velado en el segundo piso de la sede cegetista de Paseo Colón 731, donde se produce un incesante desfile de sindicalistas combativos, estudiantes, militantes y dirigentes de agrupaciones de izquierda, peronistas, radicales, dirigentes de partido socialista de la Izquierda Nacional, de Acción Sindical Argentina, Cristianismo y Revolución, entre otros. El féretro, será custodiado durante 24 horas por militantes de la “VC”, identificados con brazaletes, hasta que el domingo por la mañana, una multitudinaria manifestación acompañará a pie sus restos, a la Recoleta. Encabezan el cortejo fúnebre, acompañado por miles de personas a pie que cubren el espacio de tres cuadras, además de los padres de Jáuregui y de la joven esposa, Susana Valle -hija del General Valle-, el dirigente de los obreros navales y adjunto de la CGT A, Ricardo De Luca, el ferroviario Lorenzo Pepe, y de empleados de farmacia Jorge Di Pascuale y Horacio Carballeda. Raymundo Ongaro, envió sus condolencias y repudio desde Córdoba donde se encontraba detenido. Su crimen jamás fue esclarecido.
 
* Extracto del libro “Trabajadores de Prensa -ladrilleros del periodismo-", Buenos Aires, Corregidor, 2010.
 
Fuente: FATPREN.