Miércoles, 5 Abril, 2017 - 21:55

El asiento de atrás
Por Monica Persoglia

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Llegar a la compra del primer auto, o cambiar el vehículo, es para muchos haber alcanzado un deseo o cumplido un sueño.

Tiene un sentimiento personal de satisfacción y muchas veces lo comparte con los que siente afecto o los que comprenden cuanto significó poder adquirirlo.

Entonces, invita al que siente más cerca a que lo acompañe en ese paseo de inauguración del auto propio o nuevo, y ambos distrutan el paisaje, la ciudad, la ruta.

El dueño elige a quien llevar en el asiento del acompañante. Muchos que tienen familia, se turnan en ocupar ese lugar.

Algunos buscan un familiar querido para disfrutar aunque sea por un momento, que a veces es una sorpresa, dar un paseo o quizás acercándolos a un lugar u otro.

A la pareja o el matrimonio les corresponde los asientos de adelante, y a veces se cede el lugar a ese tío, o al abuelo, dándole inconcientemente la importancia de tenerlo al lado.

Pero a veces ocurre otro episodio, luego de estar ya acomodado en el asiento del acompañante, recibe la orden “ándate atrás”. No estuvo desde un comienzo atrás, debe cambiarse de lugar, que es el que ahora le corresponde. No es una conducta menor, porque desata un torbellino de sentimientos, el desplazamiento,  “otro ahora ocupa el primer lugar”, y por otro lado, muchas veces si esto no sucediera está el que piensa “yo permito que vaya adelante”.

El adelante o atrás, no es sólo una cuestión de espacio sino de importancia, aunque a veces de comodidad.

Sería preferible que a los abuelos si se los invitó a subir adelante, los llevaran allí hasta destino, aunque haya llegado la etapa en que desde un tiempo le corresponde el asiento de atrás.

Convengamos también que tiene importancia el modo que se lo dicen “pasate atrás” o en un tono afectuoso lo mismo suena diferente, “por favor, subí atrás”.

¿Dónde lo sienta Ud. a su abuelo?