Sábado, 16 Octubre, 2021 - 18:24

Democracia en la selva
Por Juan Carlos Starchevich*

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La Justicia en nuestro país es un gasto público innecesario. En la selva no hay jueces ni fiscales, solo se necesita agilidad y velocidad para huir de los depredadores y carroñeros que constantemente asechan la manada.

¿Por qué nos conmueve un asesinato? ¿Acaso las gacelas hacen manifestaciones frente a la guarida del león?

Planteo

Cuando una manada huye de su depredador y hace acciones de defensa en esa estampida de evasión, no resulta suficiente para salvar a los más expuestos que terminan en las fauces de aquellos que están dotados de habilidades y recursos, que en conjunto superan las fuerzas individuales de la manada.

Quizás sientan dolor y tristeza cuando ven que tan violentamente matan a uno de los suyos y se lo comen destrozándole a los tirones. El Juez está quieto y en silencio, ni siquiera hay pastores que cuiden la manada. Es solo equilibrio ecológico.

Cuando esto ocurre entre los humanos, ¿por qué no lo llamamos equilibrio ecológico también? Porque si realmente solo somos animales, quizá ya hemos llegado a ser una manada demasiado grande que necesita ser diezmada por depredadores. Luego, frente a esto, expresan la misma resignación que los búfalos cuando matan su ternero.

¿Existe diferencia entre el animal y el humano?

Si no logramos ponernos de acuerdo en este punto, entonces no sabremos qué hacer frente a estas circunstancias.

Dicen que los animales no sienten dolor ni tristeza, tampoco el odio…

La pregunta

Para comenzar a resolver nuestros problemas como pueblo, debemos primero saber qué somos.

Si somos animales no necesitamos jueces ni policías, ni legisladores ni presidente; solo una total anarquía donde rige la ley de la selva. Debemos reconfigurar los Poderes del Estado, porque hay muchos animales que se están haciendo los vivos y viven del esfuerzo de los otros.

Podríamos, con total libertad, matar a cualquiera desde el vientre materno e incluso después de nacer, sea niño, adolescente, adulto,… o viejo; sano o enfermo; con defectos o moribundo. En todos los casos es un aborto, porque se interrumpe la vida para siempre. ¿Quién siente culpa al matar un ternero? Más bien alegría en disfrutar de un rico asado con vinos y fiesta.

Pero si sentimos dolor y tristeza, entonces no somos animales. Y si sentimos odio, entonces hemos involucionado siendo peor que los animales, nos hemos convertido en bestias (seres inhumanos), guerras, hambre, violaciones, feminismo, mentirosos, abusadores, asesinos,…  Corrupción.

El humano

Decimos que un acto es humano cuando vemos solidaridad, misericordia, responsabilidad, respeto, cuidado por el otro, sufrir con el otro, alegrarse con el otro, hacer el bien a los demás. Es verdaderamente humano aquel que se atreve a mirar a la mujer del mismo modo que Dios la miró cuando la estaba creando, igual para el hombre. Todo esto recibe el nombre de Amor.

Decimos que es una comunidad humana cuando, en el amor, ella está organizada. Si de verdad somos humanos construiríamos la comunidad organizada.

Nuestro país sería hermoso. Sería el mismo, pero nosotros lo veríamos hermoso, nosotros lo haríamos hermoso. Los jóvenes ya no desearían huir a otros países; el gobernador ya no mentiría sobre el agua potable y sus bufones ya no serían discípulos de la mentira.

Los jueces serían responsables ¡Qué descabellada conclusión! La justicia comenzaría a funcionar de verdad en la verdad. Otros serían nuestros gobernantes.

Es mejor dejar de ser animal y ser cada vez más humanos, esto se llama evolución. Y el procedimiento recibe el nombre de “revolución del amor”.

Conclusión

Antes de saber qué hacer, debemos primero saber qué somos.

Si sólo somos animales estamos perdidos. Este sería el final de mi escrito y ya no tiene significado todo lo que escribí desde el principio. El sentido de la vida es tan escaso que pierde totalmente su significado situándose totalmente ajeno a la dimensión de la felicidad.

Si somos humanos, sin embargo, debemos abrir el corazón a aquel que hizo todas las cosas, a aquel a quién le pertenecemos vos y yo. Dueño ¡absoluto! de todos los niños dentro del vientre materno.

Cuando una mujer está embarazada no se refiere a él diciendo “mi feto”, sino, mi niño, mi bebé, mi hijo. Tampoco el marido le pregunta a su mujer: “¿cómo va el feto?”, sino, ¿cómo está nuestro niño? Debemos humanizar también las palabras y las referencias.

Siendo humanos, entonces es muy natural que se sienta dolor frente al asesinato, frente a cualquier agresión hacia los otros. Frente al abuso de las personas; Frente a la corrupción del gobierno. Frente al silencio de los jueces. Entonces, existe sensibilidad humana, donde cada uno es importante para todos. Utopía anarquista y realidad para todos los seres humanos que construyen, en el amor, la comunidad organizada sustentada en Dios, nuestro Señor, como fuente de toda razón, de verdad y justicia.

(*) Ingeniero.