Lunes, 20 Enero, 2014 - 12:49

Caminos
Por Cristian Muriel (*)

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Pasé las últimas semanas lidiando con ese descoyuntamiento de la rutina que llaman vacaciones en la localidad puntana de Carpintería, pegada a la ciudad de Merlo.

Mientras preparaba el bolso me mentalicé para lo que venía: 1200 kilómetros en micro porque el avioncito que hasta el año pasado volaba de Resistencia a Córdoba ya no existe. Igual disfruté las diecisiete horas que pasé pegado a los asientos de dos ómnibus y un remis. Era eso o tomarme dos aviones y pasar un día sandwich en Buenos Aires. “Si queremos tejer redes federales para fortalecer el turismo vamos por mal camino”, pensé y celebré interiormente la analogía rutera. Cerré la cortinita, me tomé el whisky que me ofreció el chofer-azafato y dormí hasta Morteros.

Sacando los sempiternos campos sojeros que se extendían a ambos lados de la ruta hasta la ciudad de Córdoba, el resto fue puro deleite paisajístico. No encontramos piquetes ni cortes de ruta, como si cordobeses y puntanos hubieran hecho un pacto para postergar los conflictos hasta después de la temporada turística.

El cuidado del detalle en cada pueblito me hizo pensar en la distancia que había entre el relato sobredimensionado de un Chaco pujante y la provincia que acababa de dejar atrás. Y aunque la literatura afirma que Alta Gracia es una colonia de refugiados nazis y cosas por el estilo, seguía en el mismo país, como lo atestiguaban los carteles al costado de la ruta con gigantografías de José Manuel De la Sota y ese monumento al frappé que tiene en la cabeza: “Esto también es Argentina”, decía con el habitual chauvinismo mediterráneo.

Los caminos, las rutas comerciales, desde el imperio persa hasta la actualidad, son la clave del desarrollo de la civilización. La comparación era inevitable: Córdoba y San Luis tienen vías de comunicación consistentes que trazan sobre el mapa una red que permite que la producción fluya y el turismo se interne en un laberinto en el que hasta una piedra torcida tiene su leyenda y su parador de venta de miel y salames.

Repasé las rutas chaqueñas: finitas, perforadas como si la lluvia de meteoritos de Campo del Cielo hubiera caído hace diez años; los caminos secundarios a duras penas alisados por los consorcios rurales. La Ruta 16, un atajo para llegar rapidito a Salta; la 11, mordiendo por obligación la colita sudeste del mapa, otro atajo para ir a las Cataratas.

El turista piensa como turista: compara la geografía y la idiosincrasia, los precios, la accesibilidad de los servicios y la transitabilidad de los senderos. ¿Cartón pintado? Me esforcé por ver en dónde nos estaban sacando ventaja o metiendo el perro estos fantarrones. ¿Las montañas son más lindas que el monte chaqueño? No creo. De hecho, la laguna de Mar Chiquita es una afloración del Acuífero Guaraní, con una fauna y flora que podemos hallar en esta zona. El calor en El Impenetrable se compensa con la exhuberante belleza natural del monte. En las sierras, el clima seco y la altura pueden incluso tornarse molestos.

A continuación algunas conclusiones en mi inocente búsqueda de la quinta pata al gato: en Merlo lo del microclima único en el mundo es puro verso. Los remiseros son unos sinvergüenzas igual que acá. El publicitado wi-fi de Adolfo Rodríguez Saá (la provincia actualmente la conduce el cordobés Claudio Poggi) es débil e inestable, casi inexistente. Hay constantes disputas entre “nativos” (no confundir con originarios) y los advenedizos que llegaron después. La localidad de Carpintería tiene 1800 habitantes (Charadai, por ejemplo, tiene 1519) pero no tiene intendente, por lo que los vecinos a los que ni gentilicio les han dado acusan a las autoridades de mantener el estándar de pueblito rural para sacar ventajas personales.

Entonces, ¿qué tienen de bueno aparte de las montañas? Principalmente los caminos, y lo demás viene por añadidura: los paisanos se la creen, se saben un pueblo turístico, se autodenominan la Capital Nacional del Parapente, arman una movida de miles de personas para saludar el paso del Rally Dakar, venden hasta las piedras que se pueden juntar ahí mismo pero presentadas como productos orgánicos. Desde el almacenero hasta el señor que mide el consumo de agua sonríen afablemente al visitante. Todo es un poco forzado, una hipérbole del buen trato, pero eficaz.

CHACO, POLO TURÍSTICO

Si el meteorito Chaco, el segundo más grande del mundo, lleva 4 mil años en Gancedo, no le podemos pedir a Ignacio “Nacho” Saife, titular del Instituto de Turismo, que en 7 años lo convierta en una atracción universal.

Pero hay una diferencia entre planificar políticas de largo plazo y perder tiempo y dinero. Saife por su formación profesional debería saberlo. ¿En qué piensa mientras hace facha junto a un stand de la provincia o describiendo las maravillas que los plotters y los audiovisuales ilustran pobremente?

El funcionario insiste en hacer las cosas de a poquito, “armar cadenas”, pensar mucho. Vino Valeria Pelliza, subsecretaria de Desarrollo Turístico de la Nación, a dejar $ 300 millones en el Instituto. ¿Para qué? Para una “cooperación a los fines de generar los mecanismos de articulación para llevar adelante tareas de sensibilización y capacitación de las poblaciones vecinas al futuro Parque Nacional La Fidelidad y relevamiento de prestadores turísticos actuales y potenciales en la zona”. Como dicen los chicos: “What the fuck!”.

Asambleas, reuniones preparatorias para conformar consejos para analizar opciones, todo esto en una provincia con uno de los ríos más caudalosos del mundo, con una de las áreas boscosas más importantes del continente, con una fauna que en Europa sólo se puede apreciar en los zoológicos, con los meteoritos... ¿Cuál fue la mejor ocurrencia de Saife? ¡Crear un Boreau de Turismo de Reuniones! De nuevo: What the fuck!

Lo bueno es que Saife todo lo encara de la misma forma: no impulsa el turismo de reuniones sino que crea una oficina para analizar las potencialidades del área. Pero Capitanich, expeditivo como es, no pierde el tiempo y enseguida hace construir salones por todas partes convencido de que el día de mañana, aunque Aerochaco sea un mal recuerdo, la Asamblea General de las Naciones Unidas realizará su reunión anual en Barranqueras.

Coqui, con sus 12 productos turísticos y sus 3 ejes estratégicos, enfoca la política del sector pensando en los negocios inmobiliarios que posibilitará la construcción de la Ciudad Cívica. No es broma. Los turistas e inversores llegarán en helicópteros a comprar terrenos linderos, por eso se aspira a aumentar de 3700 a 7000 las plazas hoteleras de la provincia, y unas 700 u 800 en Resistencia.

El más reciente y revolucionario producto turístico del Chaco, La Fidelidad, no nació de la visión de nuestros gobernantes sino del sangriento asesinato del tano Roseo, en un clima enrarecido de impunidad que asusta, y que estuvo a punto de convertirse en un escándalo que involucró a jueces y agrimensores y entenados en un curro multimillonario a la vista de todos.

Tendría que cerrar con una retahíla de “what the fucks” pero prefiero volver al principio: amigos, empiecen por las rutas, como los romanos, y dejen las reuniones preparatorias, propedéuticas, para más adelante. La provincia es hermosa, abruma por su belleza natural y su riqueza étnica. Aceptémoslo.

 

(*) De la Redacción de Diario Chaco.