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Aldo Daniel Ávila

Abogado

Día de la Magistratura y la función judicial (juzgados de familia de Sáenz Peña)

"Me dijeron que en el reino del revés

Nada el pájaro y vuela el pez,

Que los gatos no hacen miau y dicen yes

Porque estudian mucho inglés…"

Así comienza la icónica y perenne canción de María Elena WALSH; y, esa perplejidad genera la imagen de un Juez de Niñez, Adolescencia y la Familia que manipula de modo habitual los escritos que recibe en la Mesa de Entradas del Juzgado a su cargo y los pasa por el reloj fechador, cual administrativo asignado a esa labor, noble. Pero de escasa trascendencia jurídica.

¿Es ese el rol que debe cumplir un Juez? O, ¿es la muestra más palmaria de la degradación de la Justicia?

¿No debería estar en su despacho elaborando sentencias, resolviendo conflictos, estudiando mejores posibilidades de resolución de problemáticas con que acuden a su Juzgado?

Al parecer, en el Tribunal donde impera la urgencia, su máximo responsable opta por hacer sociales receptando papeles en una demostración de su gentil proceder. Que no significa, ser eficiente. Todo lo contrario.

Dicho comportamiento pone en evidencia el desinterés por cumplir con la honorable función que le fuera asignada y por la que otorgara juramento de llevarla adelante.

Tanto es así, que podría admitirse una conducta de esta naturaleza si su Juzgado marchara "al día" o los trámites se cumplieran en tiempo y forma. Pero de dicho Tribunal se desprende, con toda claridad, una única certeza: la desidia.

Esta actitud permanente y sistémica es de conocimiento del Superior Tribunal de Justicia del Chaco.

Sin embargo, la consienten.

La toleran con niveles de alevosía. Asumen un rol cercano a la complicidad.

No tendría otra razonable explicación que se organicen jornadas sobre perspectiva y diversidad de género, capacitación Ley Micaela y todo un colectivo de cuestiones que están alejadas de los sinnúmeros de problemas que padecen día a día quienes concurren, muchas veces, a ese fuero, con la acuciante e improrrogable necesidad de que si no le fijan una cuota alimentaria, sus hijos no tendrán acceso a un plato de comida.

Es la ignominia del Poder Judicial. Del servicio de justicia que recibe la gente. Al menos, repito, en este fuero. 

Otro tema es violencia de género que proporciona mucho ruido marketinero pero al final, nunca llegan a tiempo ni toman las medidas más acertadas. Sin embargo, la imagen de su presencia en la mesa de entradas departiendo con colegas que se refugian en la obcecación tiene la potencia de un golpe de puño a ciertas necesidades impostergables.  

El titular del Juzgado de NAF Nº 1 (Niños, Adolescentes y Familia) -de él se trata- debe ser uno de los magistrados con más denuncias y cuestionamientos de esta ciudad y, ello no obstante, se mantiene en su cargo, desarrollando las conductas que se mencionan, cuando su juzgado es la anarquía total.   

El Colegio de Abogados tomó cartas en el asunto, pero no con la severidad y rigor que el caso amerita, dado que hay quejas constantes de muchos abogados y justiciables urgidos por las inconcebibles demoras. 

Sólo informó el resultado de una entrevista vía zoom con los representantes del STJ del Chaco, quienes solicitan se describa puntualmente cada caso en particular para poder accionar en consecuencia.

Dadas estas circunstancias, me pregunto sobre la razón de ser de las inspecciones por las que se liquidan viáticos a favor de quienes las realizan.

Se hacen –las inspecciones- y, por tanto, no pueden invocar desconocimiento de cuanto sucede en cada juzgado bajo su órbita. Con la ventaja del acceso inmediato y digital a cada Expediente.

¿Para qué visitan, entonces, nuestra ciudad a realizar las temibles investigaciones?

Reconozco que, ahora, el Colegio de Abogados ha tomado con seriedad el asunto. Pero no puedo inobservar la cercanía de las elecciones para renovación de autoridades. 

Mientras tanto continúa la canción de María Elena:

"Me dijeron que en el reino del revés

Nadie baila con los pies

Que un ladrón es vigilante y otro es juez.

Y que dos y dos son tres…"

(*) Por Aldo Daniel Ávila - Abogado