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Luis Rodríguez Martínez

Abogado

Comparsa sin fin

Escribo estas líneas desde la bronca, el fastidio, porque los últimos acontecimientos que tienen conmocionado al país tienen responsables perfectamente identificables.

La vigilia llevada a cabo por los militantes de La Cámpora en las inmediaciones del domicilio de CFK, Juncal y Uruguay, no tiene otra intención que ensalzar a la vicepresidenta, a más de un propósito intimidatorio respecto de los jueces que dictarán sentencia en las causas por corrupción que le sigue el Ministerio Público.

Que las autoridades permitan una congregación de personas en pleno centro de la capital que, además de manifestar, impiden el paso de vehículos y peatones, pone en evidencia el estado de anarquía y descomposición que vive el país.

Elisa Carrió explicó a los medios de prensa, concretamente, a La Nación Más, que siendo Recoleta un barrio habitado por gente mayor -la mayoría supera los setenta años- la alteración del ánimo de los vecinos, su modus vivendi bucólico, pacífico, implica una transgresión de sus más elementales derechos constitucionales.

La prolongación sine die de este estado de cosas puede afectar seriamente la salud mental de personas que comienzan a regularizar su vida luego del encierro que ameritó la pandemia.

Este sainete, en forma subliminal, tiene por finalidad restablecer la centralidad política de CFK, además de encubrir una noticia no menos trascendente, la difusión de las declaraciones de bienes de la susodicha y su hijo Máximo, que traslucen un enriquecimiento difícil, cuanto no imposible, de justificar.

Reflejan los fríos números que el latrocinio no cesa; las matemáticas no mienten, los guarismos surgen de sus propias declaraciones de bienes, EL ENRIQUECIMIENTO CONTINÚA.

Que el árbol no tape el bosque: debiera ocupar un lugar destacado en las noticias (por lo menos, no secundario) el enriquecimiento vertiginoso de la familia, tanto como el atentado perpetrado por un individuo que manifestaba "junto con los militantes de la Cámpora".

No puede soslayarse la responsabilidad que tiene CFK en la secuencia de los hechos; ninguna razón atendible existe para que los militantes, luego de una semana, continúen reuniéndose en frente a su domicilio, interrumpiendo el tránsito y fastidiando vecinos.

Si el mitin  o concentración hubiere cesado, el protagonista del atentado no hubiere accedido a estar cara a cara con la vicepresidenta; es su actitud demagógica, la necesidad de ser venerada por sus acólitos, lo que facilitó el escenario, la oportunidad, de la agresión.

Este episodio representa el clímax de la agitación social desencadenada por el peronismo luego de los alegatos de los fiscales que intervienen en la causa "Vialidad".

Esto es tan burdo, grotesco, que no merece ríos de tinta en los medios gráficos y audiovisuales; sin embargo, la argentina kirchnerista propicia éstos y otros  desatinos, que se van tornando consuetudinarios.

Un atentado contra un vicepresidente es un incidente grave, gravísimo, no cabe duda. Pero, como vivimos en una atmósfera de escepticismo, pues a la gente que gobierna las mentes bien pensantes no le creen nada, quedarán sospechas acerca de la espontaneidad con que sucedieron los acontecimientos.

La movida para alimentar la megalomanía de Cristina es patética: gobernadores acuden inmediatamente a la convocatoria para brindar apoyo, abandonando sus provincias, sin necesidad, para rendir pleitesía a la demagoga en la Avenida 9 de Julio; más la infaltable batucada frente a su domicilio. SURREALIMO A FULL.

La sobreactuación del presidente A.F. posterior al suceso, decretando un feriado sin sentido, fundado en su exclusiva discreción -no previsto en la ley que regula el calendario de efemérides- es el corolario de algo que a esta altura se transformó en una parodia con fines políticos.

¿Alguna vez estuvo presente en la mente del presidente el perjuicio económico que se ocasiona al país?

Pareciera que no. Además de imponer coactivamente la pérdida de un día laboral, el pueblo se ve constreñido a respetar un feriado cuya justificación no es otra, pues lo ha dicho expresamente, que apoyar a la compañera Cristina.

Difícil sentir empatía con una persona que a cargo de la presidencia no se solidarizó, no tuvo un gesto de compasión, en favor de los deudos de los muertos de la discoteca Cromañón o del fiscal Nisman.

De allí que resulten inusitadas las arengas de los funcionarios peronistas para que la oposición se preste a la fantochada.

En momentos sombríos como el actual, el país debiera desplegar sus potencialidades productivas, incrementar exportaciones, las universidades formar cada vez mejores profesionales, los docentes mejorar su eficacia en su cometido de educar al pueblo, los abogados hacer docencia en su función de difundir derechos y hacer asequible la constitución.

Nada de eso está ocurriendo, los nervios de la población crispados por manifestaciones partidarias persistentes, con invasión del espacio público, amenazas al poder judicial, la indisimulable manía fascista de control político que se traduce en "ganar la calle", EL PAÍS, EN DEFINITIVA, TRANSFORMADO EN UNA COMPARSA SIN FIN.

(*) Abogado - Presidencia Roque Sáenz Peña