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Aldo Daniel Ávila

Abogado

La imposibilidad histórica de mostrar avances (Abogados)

Hace dos años combatía contra quienes eran, por ese entonces, la conducción del Colegio de Abogados.

Se planteaba la necesidad de la alternancia. No olvidemos que seis años estuvo bajo el manejo de un mismo grupo.

Elecciones democráticas mediante, se impusieron, consecutivamente, en tres votaciones que, renovaron dicho mandato.

Es más que obvio hacer foco en que el tiempo inevitablemente deriva en un desgaste y que los bríos con que se comienza una gestión, no se mantienen inalterables. Por el contrario, pierden intensidad y los compromisos y problemáticas están, siempre, enmarcadas en la urgencia.

El cambio no tardó en llegar. Ganó el grupo opositor y esta nueva conducción provocó una lógica expectativa, más aún porque su máxima autoridad pregonaba total independencia intelectual y no connotar con ningún partidismo.

Era cuestión de esperar y ver la comprobación de esa afirmación y sus resultados en los hechos.

El escenario político nacional nos demuestra que es muy difícil conducir con votos prestados. 

Aquí se repitió el fenómeno.

Los votos eran (son) de quienes en modo no visible, sostuvieron la campaña. Pero participaron de manera muy activa en los festejos y tomaron como suyo un triunfo que, en definitiva, les pertenecía. Como, también, el armado de la lista vencedora.

Quedaba, así las cosas, condicionada la nueva  comisión a los vistos buenos de quienes sin su apoyo y movilización hubiera sido imposible llegar.

Esto nos lo enseña la realidad.

No había ni extensa trayectoria, ni profusa participación gremial de quien presidiría los destinos del Colegio de Abogados. Para ello se utilizó como soporte adicional una colega de prestigio que lo doblaba en antigüedad y experiencia. 

Ya vimos que las fórmulas exitosas sirven para llegar. No siempre para gestionar.

No bien iniciado el mandato, la nueva presidencia marcó claramente cómo sería su manejo frente a la colonia abogadil.

Se burocratizó el diálogo. Mejor dicho, se suprimió el diálogo y el máximo exponente de los litigantes inició, en pretendidos términos fundacionales, una participación a través de "Comunicados".

La referencia es al grupo de whatsapp (Colegio de Abogados), instrumento a través del cual se canalizan reclamos, inquietudes, etc.

Dejó de haber una respuesta inmediata a los requerimientos y, para los temas menores surgieron los portavoces ad-hoc que explicaban, siguiendo obvias directivas, cuestiones sobre las cuales la presidencia evitaba expedirse.

Sin embargo, cuando de cuestiones complejas o temas relevantes se trataba y se exigía un pronunciamiento o toma de posición por parte del Colegio de Abogados, no sólo que nadie daba una respuesta sino que quien debía de darla, se tomaba su tiempo –quizás consultando a quienes evitaba desautorizar- y, luego, a través de una largo comunicado explicitaba las razones por las cuales la mayoría de las veces no coincidía con las peticiones de los afiliados o solicitaba procedimientos alternativos que sólo implicaban dilación. 

Pero, extrañamente, en coincidencia con el pensamiento de quienes representan al sector que lo había llevado hasta ese lugar. Evidentemente, había toda una cuestión ideológica que respetar.

Situación que no pasó inadvertida para los abogados-afiliados.

Así, desde que se conociera el lamentable "hackeo" al sistema informático del Poder Judicial. Fueron los Gabriela Cerruti de facto, quienes oficiaban y aún lo hacen, de justificadores seriales del mal funcionamiento que hasta la fecha significa la posibilidad de litigar electrónicamente.

Fue el intento de ahorrarle, a la presidencia, el disgusto de reconocer su tibia gestión en el tratamiento de ese inexcusable infortunio para quienes viven de la abogacía, y haber optado por sentarse, cada tanto, junto a los Ministros del STJ y disfrutar del calorcito que otorga el poder.

Como si no bastara hay fotografías que publicitaban estas reuniones para tratar los nuevos protocolos y la manera de decirnos que se prorrogaban las expectativas programadas. 

Únicamente el Colegio de Abogados de la ciudad de Resistencia tuvo una actitud más combativa y contestataria durante la crisis.

Las elecciones del día 10 del corriente, por un lugar titular en el Consejo de la Magistratura por la II Circunscripción Judicial, desnudaron un descontento más que significativo a la gestión llevada adelante por la entidad asociativa.

Dicha gestión quedó, inevitablemente, plebiscitada. El candidato por el oficialismo fue derrotado.

¿Qué logros puede exhibir? 

Sólo la proliferación de cursos o conversatorios vía zoom, de dudosa utilidad para los colegas, por los que desfilaron, en exclusividad, toda la comisión directiva ya como presentadores/as ya como coordinadores/as. 

Lo demás fue una notoria e indisimulable actitud obsecuente a las decisiones que comunicaba el STJ, que jamás merecieron el menor cuestionamiento.

En poco tiempo habrá elecciones para renovar autoridades. 

La actual presidencia ya hizo trascender que no ve la hora de dejar el cargo.

¿Será que presagia un futuro ominoso? ¿Tendrá salvación nuestra entidad asociativa?

Es difícil aceptar que exista una imposibilidad histórica de mostrar avances que se traduzcan en la honra de ejercer la profesión de abogado.