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Ayrton Teruel

Periodista

El inconsciente, ese periodista familiar

(Presentación de Diario Chaco ante la sociedad el 31 de mayo de 2007: a la izquierda, Melina Anahí Teruel -sobrina de Pedro- y, a la derecha, Ayrton)    

El "viejo" y su periodismo eran singulares, únicos en su especie paradigmática familiar. El equilibrio justo. El momento también. Las risas infantiles que alcanzaban cada pieza del hogar nunca fueron un impedimento para detener la escritura. Y siempre se trató de eso, un periodismo diario que, sin saberlo, nació y se desarrolló dentro de una familia. Como si fuese una persona, alguien que criar. Una profesión que "don Teruel" -así le decían- acarreó con tanta fuerza que su propio ímpetu le permitió transmitirla entre generaciones como si fuera la recorrida de las piezas de ajedrez dentro de un tablero, de un extremo a otro. 

La verdad es que, cuando somos niños, resulta inentendible. Tal es así que los planteos solían ser los siguientes: ¿Dentro de las noticias, habrá algún dinosaurio o dragón que escupa fuego y sea eventualmente derrotado por algún superhéroe? Porque si no lo tenían, ¿qué tan divertido podría ser leer, releer, escribir y volver a escribir algún robo o conflicto político todos los días? 

Sin saberlo, la diversión en realidad tomó otro concepto, otra adaptación y otra forma de sentirla dentro de las paredes hogareñas; algo más relacionado a un debate diario, como si fuera una redacción. Y sólo allí, pues por fuera, las escondidas o la "balita" en el hueco siempre resultaron desencadenantes de excelentes momentos. Efímeros, simples anécdotas. 

Pero el viejo lo entendía. Lo reconocía, soñaba y deseaba. Como si fuese una adicción más sana que los cigarrillos que lo acompañaban todos los días y el sonido del teclado utilizado como herramienta de trabajo. Tenía algo en mente, una lámpara encendida. El conocimiento de la cultura general era un diamante que debía ser pulido para alcanzar el objetivo. Una familia no de periodistas que le siguieran el paso, sino una familia inculcada con fuertes valores humanos y características racionales que permitan alcanzar un futuro mucho mejor.

De esta forma, y con un gran esfuerzo y compromiso, el trabajo marital conjunto alcanzó sus primeros frutos cuando el primogénito llamado Lisandro profundizó su fanatismo deportivo. Hacer rodar la pelota no resultó suficiente. Entonces, el inconsciente, principal y único jugador de esta partida de ajedrez, movió su primera pieza en el tablero. Como si fuera un juego mental digno de análisis, la necesidad de expresar y comunicar a través del deporte encontró su punto en común con lo practicado por el Don: el periodismo. Su destreza entre idiomas, sumado a la vocación despertada, lo llevó a incluso desarrollar la comunicación desde Río de Janeiro.

De padre a hijo, y de madre a hija. Tal palo, tal astilla. Y una mezcla. El otro 50% de este proyecto se lo llevó una actitud simpática, carismática y bondadosa como ninguna. De profesión docente y a su cargo la gerencia administrativa de la empresa, Alicia, la madre de familia transmitió valores sociales, de orden, diseño y cariño que fueron despertados por la hija del "medio". Si bien Bárbara se desempeñó como colaboradora de noticias en sus primeros pasos, su personalidad heredada la llevó a seguir rumbos similares a su madre. Su movimiento como pieza dentro de esta tabla de ajedrez sin rival causó una risa para el inconsciente manipulador. Sabía que lo hizo tan bien que incluso la guio para que concluya la jugada también siendo docente profesional de inglés.

Los pasos del hijo menor resultaron impredecibles. Entre un sentimiento de rebeldía al orden rutinario, acompañado por un deseo de mantenerse alejado de la escritura tras intentos fallidos de seguir los pasos de sus hermanos, el camino elegido fue el estudio de los números y su impacto en las ciencias económicas. Pero algo no parecía bien, y el inconsciente esperaba atento a algún desperfecto en el juego mental para así mover su pieza en el tablero en el momento adecuado. 

Tras dos años, una nueva oportunidad para apretar el teclado con intenciones comunicacionales despertó nuevas maneras de pensamiento. Lo que antes a Ayrton (no Senna, sino el chaqueño) le parecía un "plomo" -diría Casero- llevar a cabo, le mereció una segunda oportunidad al experimentar la profesión de cerca. Esta vez su edad, mentalidad y el momento que el inconsciente esperaba así se lo permitieron. El movimiento de piezas del tablero conformó así,  una serie de jugadas que el inconsciente tenía en mente desde hace quizás ya 30 años y que logró agilizar con deslizamientos clave. El jaque -cercano al mate-, había llegado y sólo faltaban pocas maniobras para ganar el juego contra sí mismo. 

El viejo sonríe, en paz, pues la coronación de su sueño ya se había asomado y el futuro que visionaba a pesar de sus reiterados intentos fallidos de éxito, lo saluda todos los días de cerca. Su representante desconocido, el inconsciente jugador, se prepara para iniciar nuevas partidas.