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Agostina Cechetto

Periodista

Últimos 15 años 

De "crimen pasional" a femicidio: la mediatización de casos de violencia de género

El llamado, durante mucho tiempo, "crimen pasional" no hizo más que justificarlo, por eso se comenzó a hablar de femicidio, con la necesidad de denunciar las muertes de mujeres a manos de un hombre, sólo por el hecho de ser mujer.

Fue el 14 de noviembre de 2012, hace apenas 10 años, cuando la Cámara de Diputados sancionó la ley 26.791 que incorpora la figura del femicidio el Código Penal Argentino como un tipo agravado de homicidio, es decir, como agravante y no como una figura delictual autónoma tal lo había propuesto el Senado. Pese a ello, fue un cambio exponencial en materia de género .

Bajo dicha ley el femicidio quedó definido como "un crimen hacia una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género" e incluye como causales "placer, codicia, odio racial, religioso, de género o a la orientación sexual, identidad de género o su expresión".

Previo a ello, los medios se referían a los femicidios como "un crimen pasional", o que estuvo ligado a un "móvil pasional", o de "locura por amor", siempre de parte del hombre hacia la mujer. Lo pasional o la locura era asociado con el amor, el "actuar pasionalmente" era sinónimo de actuar por amor; un amor que permitía -y así, justamente, se justificaba- la violencia de por medio.  La violencia ejercida por el hombre, pero donde la culpa la tenía la mujer por desobedecer a un sistema opresor y patriarcal."Ella lo provocó", "Algo habrá hecho para que la matara".

15 AÑOS ATRÁS, EL CIRCO MEDIÁTICO

Caso Nora Dalmasso: la promiscuidad como causal de su muerte

Un 26 de noviembre de 2006, Nora Dalmasso fue encontrada muerta en su casa en un country de Río Cuarto, Córdoba. Los medios, lejos de ejercer su función, se hicieron un festín con el caso: "tenía muchos amantes", "usaba lubricantes", incluso llegaron a afirmar que tenía relaciones incestuosas y hasta sus propias compañeras con tono acusatorio afirmaban "esto tenía que pasar tarde o temprano". Su vida íntima quedó totalmente expuesta y con ella, los medios se alimentaron día a día. La opinión pública consumía morbosamente cada novedad del caso. Se hicieron hasta remeras para reírse de su sexualidad. 

Quince años después, comenzó el juicio contra su viudo, Marcelo Macarrón y en un nuevo contexto sumergido en un cambio de paradigma que todavía no logra finiquitarse.

Nora Dalmasso, en el inconsciente colectivo, "quedó" como una mujer infiel y de vida libertina; esa fue la imagen que los empresarios de medios quisieron vender.

Un ejemplo: su cuerpo estuvo al menos durante 20 minutos expuesto en el canal América, en el horario central, con solo cuatro fotos, las cuales se repetían una y otra vez detallando cada centímetro de la escena del crimen.

Es que, en el circo mediático, la señora elite de Río Cuarto participaba de orgías y actos incestuosos, como si fuese eso un dato relevante para la investigación o mucho peor, un agravante de su homicidio, pues la culpa siempre fue de la "pollera muy corta", de "la hora a la que volvió", del "escote que llevó", de las "bebidas/sustancias que ingirió"; el "por algo será", "la responsabilidad compartida", el "confuso episodio", "la quería tanto que la mató" o básicamente de que "ella se lo buscó", él fue "victima de sus impulsos" y no un femicida. 

Caso Melina Romero: la fanática de los boliches

El día de su cumpleaños número 17, el 24 de agosto de 2014, desapareció tras asistir a un boliche. Su cuerpo fue encontrado en dos bolsas de basura, en un predio a metros de un brazo del río Reconquista y el Camino del Buen Ayre, un mes después.

Tras festejar su cumpleaños, Melina Romero fue sometida sexualmente durante dos o tres días y luego asesinada a golpes. Su cuerpo fue envuelto en bolsas. Esa hipótesis fue confirmada por una joven de 17 años que se presentó casi un mes después de la desaparición de Melina, y contó que fue parte de una fiesta sexual donde a Melina Romero la mataron a golpes. Esto sucedió cuando intentó irse de la casa donde se encontraba -privada de su libertad- tras la negativa de los que allí se encontraban. 

Diario Clarín

Su perfil social, psicológico, sexual, moral e incluso su trama familiar fueron los temas elegidos -nuevamente- por los medios para exponer a la víctima, doblemente amordazada: "la vida de Melina Romero, de 17 años, no tiene rumbo"; "nunca trabajó"; "más de una vez se peleó en la casa y desapareció varios días"; "se levantaba todos los días al mediodía"; "iba a la plaza y se quedaba con amigos hasta la madrugada"; "se hizo cuatro piercings"; "le gustan las redes sociales y tiene cinco perfiles de Facebook"; "nunca dice en qué anda"; "tiene amigos mayores", entre otros datos retomados de fuentes de familiares directos.

Una vez más, el femicidio de la adolescente Melina Romero es otro ejemplo la violencia mediática que concibe a la mujer como objeto; mujeres que deben seguir pautas de comportamiento o atenerse a las consecuencias de una sociedad machista y patriarcal que mata, mientras se responsabiliza a la víctima con total impunidad. 

Caso Micaela García, devenido en la Ley Micaela

Micaela García de 21 años fue violada y asesinada en Gualeguay, Entre Ríos en abril del 2017. Su femicida, Sebastián Wagner, ya había violado con anterioridad (dos veces) y condenado a una irrisoria pena de 9 años tras la cual, encima, se le concedió la libertad condicional (sí, libertad a un violador).

La diferencia, 11 años después del caso Dalmasso, radica en justamente el rol que ejercieron los medios y en cómo terminó desenvolviéndose el caso a raíz del enfoque y la presión que ejercieron al responsabilizar al juez Carlos Rossi. Tras ello devino la Ley Micaela que obliga a capacitarse en perspectiva de género a los organismos del Estado. 

El sábado 1 de abril la joven fue a un boliche de Gualeguay, las cámaras filmaron cuando salía alrededor de las 5 de la mañana. Al día siguiente su foto comenzó a difundirse con el objetivo de averiguar su paradero. A casi una semana de su desaparición se detuvo al único sospechoso quien más tarde confesó dónde estaba el cuerpo. Era un femicidio más. Sin embargo, éste supuso un cambio. (Sí, para que haya cambios en un sistema patriarcal, las mujeres deben morir).

Los medios de comunicación, esta vez, cubrieron el caso con el foco puesto en el accionar del juez que dejó en libertad al violador, Sebastian Wagner de 30 años. Al principio, las coberturas del caso ponían eje en el agresor (la víctima continuaba desaparecida, por ende, no se hablaba de femicidio) y la víctima -por primera vez- no fue el blanco de los medios.

Crónica describió al Wagner como "un violador múltiple", basándose en los antecedentes del femicida. Clarín también hizo lo propio y fue entonces cuando pusieron en foco al juez Carlos Rossi por haberle concedido la libertad dos años antes de que se cumpliera su condena, pasando por alto un informe crucial: el del Servicio Penitenciario que recomendaba no hacerlo. 

Luego del hallazgo del cuerpo de Micaela los medios dividieron las noticias en dos: por un lado, la información respecto al femicidio con el femicida confeso; y por el otro con los planteos que acechaban a la justicia y sobre todo al juez Rossi. Micaela estaba en un segundo plano. Es que, justamente, enfocarse en ella no resolvería nada ni aportaría absolutamente nada al caso. Tres grandes diarios (Crónica, Clarín y Página12) no dudaron y catalogaron el crimen como femicidio, menos uno (La Nación), que prefirió reducirlo a homicidio.

Un titular de Clarín rezaba "El dolor infinito por Micaela y una tragedia que se repite", mencionaba, además que la joven militaba contra la violencia de género (en vez de tildarla de fiestera por salir de un boliche a tal hora y vestida de tal o cual manera). Página 12 también se centró en los acontecimientos, mientras que La Nación y Crónica pusieron eje en la responsabilidad del juez Rossi, tal lo indica el monitoreo elaborado por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ela.org.ar).

Fue la periodista Mariana Carabajal quien planeó en su artículo publicado en Página12, al respecto del caso, una reflexión: "Es fácil apuntar todos los cañones contra Rossi. Pero debemos pensar en el problema integralmente, desde su complejidad. Y no como un caso aislado". 

De todas formas, el caso de Micaela fue "noticiable" luego del hallazgo del cuerpo (y con él su morbosidad), además de tratarse de un violador serial -y femicida- confeso; sumado a la figura del juez a quien se lo responsabilizó por liberar a un violador. Aunque bien podría analizase como una manera de "utilizar la violencia contra las mujeres como excusa para pedir ‘mano dura´ también contra quienes cometen otros delitos", tal lo indica ela.org.ar.

La Ley Micaela (27.499) fue promulgada el 10 de enero de 2019. Establece la capacitación obligatoria en género y violencia de género para todas las personas que se desempeñan en la función pública, en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación.

En tanto, y respecto a la cobertura de los medios hacia los casos de violencia de género existe un manual de buenas prácticas elaborado por la Defensoría del Público. Asimismo, cabe recordar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que plantea que los medios audiovisuales deben "promover la igualdad entre varones y mujeres y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual".

Esta nota pretendía exhibir el cambio, durante los últimos 15 años, en la cobertura que hacen los medios de comunicación respecto de los casos de violencia de género. Sin embargo, el caso de Micaela García fue uno de los pocos -por no decir el único- y con todos los condimentos anteriormente expuestos que tuvo un enfoque distinto de parte de los medios y a raíz de ello se pujó para promover incluso una ley. He aquí el poder que tienen en sus manos. 

Aunque, es menester destacar los cambios tangibles durante estos últimos 15 años, promovidos por las luchas de mujeres y de los movimientos feministas (con o sin el apoyo de los medios) la incorporación de femicidio al Código Penal Argentino (impulsado por los femicidios de Carla Figueroa y Wanda Taddei), la Ley Micaela (por el femicidio de Micaela García), la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad (creado el 10 de diciembre de 2019), las Líneas telefónicas de contención y atención a víctimas de violencias, el polémico lenguaje inclusivo (a través de una Resolución, el INAES recomienda su uso), la Ley de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política (sancionada en 2017), el manual de buenas prácticas para el tratamiento de la violencia de género en medios de comunicación, entre otros.  Hacen falta cambios culturales, hace falta ESI, hace falta incorporar perspectiva de género, hace falta depurar la justicia patriarcal, hace falta respeto y ante todo empatía, hace falta mucho .

Sin duda, el contexto fue transformado por los feminismos, pero el camino fue y seguirá siendo -siempre que rija una sociedad patriarcal- cuesta arriba. Lo básico: la práctica cotidiana de los medios debe ser, siempre, desde un enfoque de derechos.

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