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Carlos Alabe

Presidente Fundación Ciudad Limpia

Ese irremediable desprecio por la vida

Cuántos estudios se hicieron, cuánta investigación, datos, estadísticas, análisis cuánticos y otras yerbas para descubrir por qué el hombre o muchos de ellos tienden a realizar acciones que atentan contra su propia vida.


La autodestrucción de la especie parece darse cada vez con mayor frecuencia y de las maneras más variadas posibles y una de ellas podemos verla a diario cuando transitamos por cualquier calle o ruta.

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Nos preguntamos: ¿Cuánta gente que conduce un vehículo realmente sabe hacerlo? o está preparada adecuadamente para manejar un auto, camión, colectivo, moto o bicicleta. Somos autodidactas y nos autodiplomamos sin un céntimo de culpa o responsabilidad. 

Somos los mejores... si aquí nació Fangio, Froilán González, los hermanos Gálvez, Lole Reutemann, Traverso, Lolo Carauni, etcétera ¿qué más?, como si fuera una cuestión genética heredar de la pericia o las habilidades de los campeones.


Ahora si alguien reprende a nuestro hijo por alguna inconducta o lo reta, lo toca o simplemente lo mira feo, saltamos y armamos un buen bolonqui con demanda y denuncia incluida, pero después lo subimos a la moto junto a los otros cuatro pasajeros y salimos campantes por la vereda y sin cascos. No exagero, ¿no? 

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8.000 argentinos menos por año y no bajamos ese promedio desde hace más de dos décadas y no aprendemos, nada nos alarma ni nos pone en posición defensiva, nada.


Miles de conductores conduciendo en estado de ebriedad, sin cinturón de seguridad colocado, en moto y sin casco, con cinco personas a bordo, no respetando los semáforos ni las pocas señales de tránsito, usando el celular, haciendo malabarismos. Terminan en un sanatorio u hospital encima pateando las puertas con su urgencia sin respetar la cola, siendo que ellos están allí por su propia negligencia e irresponsabilidad.


 "Si se invierte en educación vial se evita gastar en salud pública", lo repito a menudo sin encontrar eco alguno. La comunidad debe asumir su responsabilidad, pero desde los gobiernos también deben trabajar para cambiar esto.


Si un día nos dieran un poquito de bolilla y se bajaran de sus inmensos caballos, nuestros funcionarios podrían empezar a resolver esta tragedia. Con solo empezar a construir escuelas y pistas de manejo, insistir en incorporar y desarrollar la seguridad vial como materia troncal en la formación de los alumnos en todos sus niveles y hacer cumplir las normas, podríamos estar en el umbral de una nueva manera de vivir cuidando nuestra vida y la de los demás. No es tan difícil.