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Agostina Cechetto

Periodista

Cuando se rompe el pacto patriarcal y cuando ya no se cubre a los que todavía no fueron descubiertos

La violación grupal sucedida a principio de mes en el barrio porteño de Palermo acaparó todo: opiniones y análisis resonaron en los medios, en conversaciones de amigos, de familias, en instituciones, en el trabajo, influencers expresaban sus pensamientos a través de las redes sociales, algo que suele suceder frente a este tipo de casos atroces. Sin embargo, se advierte un cambio en la forma en la cual se percibieron los hechos, ya no tuvo tantos detractores, como casos anteriores, ya los medios no hablaban sobre la vestimenta de la chica, sobre si estaba drogada u alcoholizada, ya el foco no estuvo puesto en la víctima sino en el victimario. 

A 30 días de aquel episodio, en el colegio Normal Sarmiento de Resistencia Chaco un grupo de jóvenes de quinto año del secundario planeó cómo violar y luego tirar a una zanja a L., una compañera de curso. El caso, por supuesto, se difundió rápidamente y medios nacionales llegaron a la capital chaqueña para informar de primera mano sobre el caso.

Esta vez, el terrorífico plan no se consumó y la joven logró advertir sobre la situación a tiempo, algo que no hubiera podido hacer sin la ayuda de un compañero (varón) que, siendo integrante del grupo de chat donde se planeaban las atrocidades contra la joven de 17 años, decidió exponerlos, decidió cortar con la violencia machista, decidió romper el pacto patriarcal.

Me atrevo entonces a preguntarme -y con ansias de encontrar una respuesta positiva- lentamente ¿se están visualizando algunos pequeños cambios?, ¿las nuevas generaciones vienen a enseñarnos nuevas formas de vincularnos?, ¿quedará ya relegada la violencia ante conflictos entre compañeros?


Santi Maratea, y lo cito por ser también un varón, reflexionó en aquella oportunidad sobre la violación en grupo: "Los hombres estamos adentro de una cultura heterosexual dentro de la cual se esconde la cultura de la violación y nunca lo hablamos y tiene que ver con nosotros. Es evidente que no todos los hombres somos violadores, pero todos somos cómplices de las violaciones que suceden sosteniendo y avalando la idea de una heterosexualidad que adentro esconde la cultura de la violación". 

Y profundizó aún más en su análisis -dirigida a los hombres-: "¿No les parece raro que los hombres sólo se indignan con los abusadores que son descubiertos? Lo contrario de descubiertos es cubiertos, o sea que cubren a los que todavía no fueron descubiertos, pero se indignan cuando son descubiertos. Ahí le sueltan la mano".  

El compañero de L. entendió que era parte de ese grupo si no alertaba de la situación, que era parte de ese plan macabroque siquiera se asomaba a ser un chiste. El compañero entendió que hay que intervenir y que estar "del otro lado" o, mejor dicho, que romper con el pacto patriarcal de cubrir a los violentos "porque sino quedas como un gil, un marica, un cagón", ya no era algo que su mente lo aceptara. 

"Todos sabemos que, en la interna, en un grupo de amigos, preferís que piensen que sos abusador a que sos trolo. No me digás que no ", cerró su reflexión Maratea.


Esos son los cambios necesarios, esas son las intervenciones que pueden tener los varones cada vez que se preguntan cómo actuar: rompiendo el pacto patriarcal

(*) Periodista 

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