Viernes, 5 Marzo, 2021 - 21:48

¿Vacunatorios VIPS o Sociedad Enferma?
(*) Por Aldo Daniel Ávila

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En realidad, no voy a decir nada nuevo en relación a lo que ya se sabe respecto del tráfico infame que significó la distribución y posterior aplicación de la vacuna contra el Covid a muchísimas personas que no le correspondía en el orden de prelación previsto y que, por otra parte, tampoco merecían recibirla.

Lo que sí constituye un condimento nuevo es que, suponemos o manejamos la creencia de que todos estos desaguisados ocurren en Buenos Aires, o en los grandes centros urbanos, cuando, la realidad indica que, están sucediendo delante de nuestras narices.

Inscribí, como corresponde, a mis padres en el sitio web que publicara el Ministerio de Salud Pública de la Provincia (elijovacunarme.chaco.gob.ar) para dar acabado cumplimiento con el plan de vacunación. “En la primera etapa se priorizará a los grupos de mayor vulnerabilidad frente al virus”, informa el mencionado portal.

Noventa y dos (92) años es la edad de ambos.

No hay la menor discusión posible acerca de cuándo sería el turno de ser llamados a aplicarse esta posibilidad de fortalecer su sistema inmunológico en la lucha contra el virus.

Pero, pareciera que no es #elijovacunarme sino #elijenaquienvacunar.

Quizás porque no voy a agradecer al Sr. Presidente ni a ninguna otra autoridad, pues cuidarnos es su obligación.
Sería como aplaudir a un Juez porque dicta una sentencia en tiempo y forma o a un legislador porque registra una asistencia significativa en el recinto deliberativo.

Lo cierto es que, veo muchas publicaciones en las redes sociales de gentes agradeciendo a los funcionarios ejecutivos por poder concretar la inoculación de la vacuna a sus progenitores. Fotos, besos y aplausos.

Y si bien, va mi enhorabuena para ellos, debo destacar que mis padres en todos los supuestos posteados registran una edad superior y fueron anotados, desde un principio, según lo indicara, con promoción incluida, el gobierno provincial.

Esperemos que los retazos de dignidad y decencia que puedan quedarle a quienes disponen el orden en que se distribuye la posibilidad de seguir con vida, alcancen para otorgarle a mis padres el acceso a superar este largo encierro, esta interminable angustia.   

Seguiremos esperando y enterándonos que muchísima gente joven ya fue vacunada por la sola circunstancia de ser amigos del poder. Hecho despreciable pero naturalizado por una sociedad enferma.

Enferma por ausencia de principios y exceso de prepotencia, de egoísmo.
Carente del menor sentido de solidaridad y respeto por los mayores o por aquellos a quienes esta alternativa (la vacuna) representa una cuestión de vida o muerte.

Estos vivillos de cotillón y escaso poder intelectual deben saber que todo esto saldrá a la luz, y quedará en evidencia, más antes que después, su tremenda y canallesca miserabilidad.

Hay médicos que se quejaban por la ausencia de vacunas para ellos, que sin lugar a dudas constituyen el principal grupo de riesgo, pero conozco a algunos pícaros (NO TODOS, SINO UNA MARCADA MINORÍA) que aprovecharon la volada e hicieron vacunar a su esposa/o e hijos.

¿Dónde radicaba esta necesidad? Expliquen qué se siente asumirse tan insensibles, tan villanos.

Sin embargo, la vida siempre nos recuerda los yerros. Tiene insondables caminos, y sus vueltas no siempre te encuentran en situaciones tan favorables y proclives a la avivada. Quizás hasta hacernos arrepentir de haber obrado con tanto desprecio por el otro.

La realidad es que no veo la razón por la que tenemos mucha gente joven vacunada. Qué digo, joven. Jovencísimos. Digamos 40 o hasta menos de 40 años. Digamos chicos/as de 19 años.

Lo cierto es que no hay espacio para el sentimiento de culpa o el cargo de conciencia.

Es más, se sienten con derecho a no tener que hacer la cola o sacar número o soportar un trámite. Sin comprender que están utilizando el derecho de otros que, quizás, por esa aventura repulsiva no lleguen a ver el final de la epidemia.

Anhelan la inmunogenicidad. No importa el camino a desandar.

Hay bastantes políticos y funcionarios vacunados y muy callados.

Justamente la clase política que lejos estuvo de hacer el mínimo renunciamiento durante la cuarentena.

Por eso, Facebook está inundado de expresiones encomiásticas y admirativas hacia los gobernantes de turno.
Ahora bien, ¿puede uno salir a la calle con la misma integridad moral que detentaba antes de darse la vacuna indebidamente?

Aparentemente sí. En una sociedad enferma de valores, no resulta tan difícil confundirse en la multitud.

Me quedo con una reflexión de la periodista Cristina Pérez quien tuiteara no bien se conociera el escándalo de los mal llamados vacunada vip, algunos, lejos están de ser “importantes personas”:
“Dos efectos de una vacuna: inmuniza contra el Covid y revela la verdadera naturaleza de las personas”.

*Abogado