Domingo, 5 Enero, 2014 - 11:13

Uno de cada 1.000 chicos padece artritis

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Uno de cada mil chicos menores de 16 años padece artritis, un problema que para la mayoría de las personas es sinónimo de artrosis y, por lo tanto, un problema que sólo enfrentan los adultos. 
 
Sin embargo, mientras ésta última se debe a la erosión progresiva de los cartílagos por su uso y paso del tiempo y efectivamente ocurre en las personas mayores, la artritis es una enfermedad crónica que afecta sobre todo a las articulaciones del cuerpo, puede llevar a la discapacidad y, contrariamente a lo que se suele creer, puede afectar a los más chicos.
 
Cuando los afectados son tan jóvenes se habla de artritis idiopática juvenil (AIJ) y se estima que en la Argentina hay aproximadamente 10 mil niños con esta enfermedad. ¿Qué significa idiopática?, que el origen es desconocido. Lo que sí se sabe es que existe una predisposición individual; el organismo puede estar predispuesto genéticamente a padecerla y un disparador, como situaciones de estrés emocional, una infección o un traumatismo, altera al sistema inmune y la desencadena", explicó  Rubén Cuttica, jefe del servicio de Reumatología Pediátrica del Hospital Pedro de Elizalde. 
 
Como no todos los chicos presentan igual manifestación de la enfermedad, la artritis puede ser difícil de diagnosticar. 
 
Sus síntomas son comunes a otras dolencias y no existe un análisis que la identifique por sí solo. 
 
Por eso, el pediatra suele indicar diversos estudios (radiografías y análisis de sangre) para descartar otras enfermedades y asegurarse de que está frente a una AIJ. Los reumatólogos pediatras son los especialistas encargados de atender estos casos.
 
"Los síntomas no son exclusivos de la enfermedad y como para que el pronóstico sea bueno es fundamental un diagnóstico precoz, lo que recomendamos es que un niño con un dolor musculoesquelético debe ser llevado a una consulta con un reumatólogo. Los pacientes con fiebre de origen desconocido o que tienen episodios de erupciones en la piel, también", aconsejó Cuttica.
 
Según el experto, por la demora en consultar al reumatólogo hoy suele pasar un año entre que el niño comienza con los síntomas y recibe el diagnóstico preciso.
 
El principal síntoma de la artritis es la inflamación de las articulaciones, que se tornan rígidas, calientes, hinchadas y dolorosas.
 
Esto limita los movimientos del niño y deteriora su capacidad funcional, es decir, su habilidad para realizar por sí solo tareas cotidianas tan simples como abrir una canilla, bañarse o ir a la escuela.
 
Si bien conocer el diagnóstico puede ser un momento difícil para la familia, los niños con AIJ tratados adecuadamente suelen tener grandes posibilidades de recuperación, y la mayoría crece y se desarrolla de forma prácticamente normal. Pero para eso es fundamental el apoyo y la compañía de los padres.
 
"No es fácil que a un papá le digan que su hijo tiene una enfermedad crónica, pero en reumatología ganar cosas cuesta mucho trabajo mientras que perderlas se consigue rápido. Entonces, hay que evitar ir para atrás y para adelante con los tratamientos; hay que tratar de ser constantes. Siempre digo que no hay que dejarse llevar por los consejos de gente que, si bien los brindan con la mejor intención, quizás no saben del tema y pueden sembrar dudas que llevan a un retroceso difícil de remontar", comentó Cuttica.
 
A diferencia de la curación, que ocurre cuando se tiene la certeza de que una enfermedad desapareció definitivamente, se habla de remisión cuando los síntomas se van, pero nadie puede asegurar que no regresará en algún momento. 
 
Este es el caso de la AIJ en la que, gracias a los nuevos tratamientos disponibles, los brotes comienzan a espaciarse y a perder intensidad.
 
"Es importante saber que esta enfermedad en algún momento puede entrar en remisión definitiva y los pacientes hasta dejan de tomar la medicación", informó la Licenciada María Judith Iglesias, jefa del servicio de Kinesiología del Hospital Pedro de Elizalde. 
 
Cuttica coincidió con ella y agregó: "Por eso lo ideal es tratarlos lo más tempranamente posible y de la forma más intensa (o agresivamente, en el buen sentido de la palabra). Cuanto más precozmente se frene la actividad de la enfermedad, mejores van a ser los resultados".
 
Tanto Cuttica como Iglesias insisten en la importancia del diagnóstico precoz y un abordaje interdisciplinario del paciente, donde el pediatra y el reumatólogo trabajen codo a codo con el oftalmólogo, el traumatólogo, el terapista físico y el psicólogo, entre otros profesionales.
 
"No se puede prevenir la enfermedad pero si la discapacidad. Para mejorar el movimiento primero hacemos un plan de ejercicios terapéuticos (para apuntalar el déficit del chico) y después, cuando ya está mejor, vamos reemplazando esos ejercicios por otro tipo de actividad física. La realidad es que bien tratado un niño no tiene por qué dejar de hacer las cosas típicas de su edad: desde andar en bicicleta, correr y jugar con sus amigos hasta practicar  tae kwon do, danzas o cualquier deporte siempre que no sea de choque ni en un nivel competitivo", grafica Iglesias.
 
Por último, Cuttica añadió que "además de lo articular y lo muscular, esta es una enfermedad de las llamadas sistémicas, quiere decir que puede afectar otros órganos: la vista, el riñón, el hígado, a veces el aparato cardiovascular". 
 
"Sin embargo, los chicos que empiezan un tratamiento tempranamente pueden lograr hacer una vida normal", concluyó.    
Sobre los tratamientos, el especialista recordó que "al principio lo único que teníamos eran la aspirina y los corticoides".
 
"Sin embargo, debido a los corticoides los pacientes no crecían, se hinchaban, tenían estrías, aplastamientos vertebrales, cataratas. Las articulaciones andaban mejor pero los efectos adversos eran tremendos", remarcó el especialista.
 
Según relató Cuttica, un momento importante en la historia de la AIJ fue el desarrollo de medicamentos llamados modificadores de la enfermedad, "frenaban su evolución, pero veíamos que al cabo de unos dos años de ser administrados perdían efectividad y la
enfermedad se reactivaba". 
 
"Recién en 1985 se empieza a usar el metrotexate para tratar la artritis adulta y comenzamos a probarla también en los chicos, aunque con cierto temor porque era experimental. Hoy se transformó en la droga de inicio del tratamiento. En 1999 aparecen los biológicos y actualmente nadie duda de que los biológicos han
cambiado la calidad de vida de los chicos", aseguró.
 
En este contexto, el Servicio de Reumatología pediátrica del Hospital General de Niños Pedro de Elizalde realizó una jornada donde los padres y niños pudieron aprender y poner a prueba los desafíos que plantea la enfermedad en los más pequeños.
 
"Alegría en movimiento" fue el nombre elegido para las jornadas organizadas por el Servicio de Reumatología pediátrica del Hospital General de Niños Pedro de Elizalde, una actividad especialmente dedicada a padres, cuidadores y niños con artritis idopática juvenil. 
 
El objetivo es capacitar y brindar nuevos conocimientos a padres y cuidadores, y que los niños puedan jugar y realizar actividades recreativas, poniendo al movimiento como centro de la actividad.
 
Fuente: 
NA