Martes, 19 Febrero, 2019 - 12:38

¿Unidad paraperonista, postperonista o antiperonista?
Por Cristian Muriel (*)

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Si la construcción del sentido sobre la realidad sólo es posible a través del discurso, es decir, si el discurso, más allá de su potencia expresiva, puede construir en el orden social, y más aún en el territorio de las identidades políticas, entonces cuando Domingo Peppo, poco después de asumir su mandato como gobernador, dijo que el kirchnerismo era una herramienta política perimida, y más adelante avisó que había que “generar una alternativa superadora al kirchnerismo”, no sólo le estaba mandando un mensaje de paz al nuevo mandatario nacional sino que estaba construyendo las bases de un espacio que no había habido antes, una especie de arbitraria unidad paraperonista o postperonista, pero que de momento no se entendía –y por un par de años no se entendería, como lo atestiguaron los comicios de 2017– dónde estaba parada respecto al peronismo y al antiperonismo (ni respecto al kirchnerismo, dado que afirmaba que esos locos lindos no estaban en Unidad Ciudadana sino en los agrupamientos que se habían incorporado por la todavía abierta puerta lateral del FCHMM). 
 
La socióloga Nuria Yabkowski apuntaba que la refundación crónica es una carcterística presente a lo largo de los años de democracia desde 1983 –salvo durante el gobierno de De La Rúa– donde “lo hegemónico ha menguado en favor de un pluralismo que se ha ido institucionalizando cada vez más en la vida política argentina”. No es de extrañar que el gobierno de Domingo Peppo haya recorrido también ese camino, aunque hay que advertir que en el pago chico los agenciamientos suelen ser... de pago chico.
 
Cada tanto es bueno recordarnos que 'es la política, idiota' al menos en una provincia periférica sin soberanía energética, en la que la economía se reduce a administrar fondos coparticipables. Porque no fue cosa de Ángel Rozas pergeñar una pseudomoneda para cancelar obligaciones internas, pero sí fue cosa de la política el curro del rescate de los bonos Quebracho a costa de la desesperación de decenas de miles de chaqueños, o es una maña recurrente de la política decidir cuántos camaradas pasan a planta y amplían a una escala irreal el horizonte de las futuras obligaciones económicas de los gobiernos por venir.  
 
Y 'la política' hoy es la superación del macrismo (incluso del macrismo residual de cualquier gobierno no macrista que se ha visto en la necesidad de emular gestos a la moda, ya sea escenificándose para pertenecer cuanto aggiornándose con los recortes y tarifazos de rigor). En contraste, la estrategia de Jaime Durán Barba para defender a un gobierno incapaz de revertir el rechazo a su gestión de más del 70 por ciento de la población es soliviantar a los 'haters', desatar el odio de forma tal que la gente putee más al adversario que a uno mismo. Por eso es incomparablemente mejor tenerla a CFK en frente que a Massa, que es parecido a Macri hasta en el rictus de Chicago Boy o en el apoyo a Guaidós. Una Cristina como marco de referencia del Relato M, que hace desfilar por Comodoro Py a cuanto kirchnerista encuentra en Google mientras se jacta de venderle semillas de sésamo a India y comprarle motocicletas, es lo mejor que le puede pasar a Macri. Salvo, claro, que Cristina le termine ganando en el balotaje. Pero con gente tan previsora, que ya postergó para mayo el inicio del juicio contra CFK por fraude en la obra pública, no sería de extrañar que estén preparando la Gran Lula por si las cosas se ponen espesas.
 
Con todo, la estrategia de Durán Barba es un engañapichanga. Jugar con las tendencias conductuales obtenidas a través de una encuestadora o mediante una plataforma analítica de expertos en 'Big data' e instalar locutorios por todos lados con manadas de trolls furibundos no te hace ganar una elección. No se la hizo ganar a Donald Trump ni a Jair Bolsonaro, y el que piense lo contrario no entendió nada. Todavía hoy la clave para ganar una elección, habida cuenta de que se conocen las necesidades de la comunidad y habida cuenta de que la comunidad tiene necesidades, es el trabajo en el territorio, que es donde los cráneos de la mercadotecnia quedan a merced de un señor que vive en el barrio. Poner unos pesos acá y allá no es ni siquiera economía de guerra: 'es la política, cabeza'. 
 
Cada vez que hay una diáspora y empiezan los armados electorales se habla de acuerdos programáticos, de ideas más que nombres; de la necesidad de evitar los rejuntes y la unidad a cualquier precio o al precio de apuntar a un triunfo sin programa, sin proyecto. No nos mintamos más, muchachos; es como sostener en la final de un River-Boca: “Yo quiero ganar, pero ganar bien”, y en definitiva es el eterno argumento atribulado del herido que está buscando a qué colectivo subirse porque se queda a pata. Por supuesto que importa el “cómo” se gana, pero entendamos que el “como” no es si con un programa o sin un programa, si con buenos aliados o con los buscas de siempre: el “como” es si barrio por barrio, circuito por circuito, localidad por localidad, o si mandando mensajes en grupos de whatsapp.
 
La consolidación del espacio que va a gobernar el Chaco los próximos cuatro años no tiene nada que ver con proyectos ni programas ni nada, mal que nos pese o bien que lo entendamos, porque las emergencias así lo disponen y hasta cierto punto deviene estéril la retórica política del Siglo XX. Ya habrá tiempo en la próxima gestión para implementar programones, y algunos tal vez se estén implementando ahora mismo, de mediano y de largo plazo, pero la economía de subsistencia va a seguir ahí, con un millón y pico de chaqueños dependiendo no del campo o de la industria sino del pago en tiempo y forma de los sueldos de la administración pública. 
 
Entonces, ¿unidad paraperonista, postperonista o antiperonista? 
 
(*) De la Redacción de Diario Chaco.