Miércoles, 17 Octubre, 2018 - 09:48

Una madre que superó las adversidades de la vida

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Por Rocío Galo (*)

Existen historias de mujeres “con mayúscula”, que enfrentan con amor y fe el enorme desafío de ser madres en momentos en que la vida las golpea fuerte. Tal es el caso de Carmen Mourazos, de Resistencia, que tuvo ocho hijos, uno de ellos falleció durante un embarazo, y recientemente fue trasplantada de riñón.

Una mamá de 57 años que no se paralizó ante las dificultades que enfrentó junto a su marido, Gustavo Aucar, que supo reacomodar sus prioridades para darle lo mejor a sus hijos y poder así disfrutar de cada uno de sus logros.

“Siete hijos que dieron trabajo y uno que trabaja por nosotros desde el cielo”

Francisco Javier, el primer hijo de Carmen y Gustavo que actualmente tiene 32 años, luego sigue Ignacio Agustín de 31, María Emilia de 30, María Gabriela de 29, María Cielo de 25, Juan José de 24 y María Esperanza de 22.

“Todos son estudiantes universitarios. La mayoría ya son profesionales y otros están cursando las últimas materias de sus carreras”, dice esta mamá, de profesión médica que habla del “gran regalo” que son sus hijos.

También, cuenta sobre un momento inesperado cuando gestaba un embarazo y lo supo sobrellevarlo con el amor de la familia. Tuvo la pérdida de un bebé que “resultó ser una muerte intrauterina súbita por causas que se desconocen”. Por ello, la mamá considera que tiene “siete hijos que dieron trabajo y uno que trabaja por nosotros desde el cielo”.

“No imaginábamos que íbamos a tener esta cantidad de hijos”, reconoce la madre quien a su vez, resalta que cada uno fue concebido desde el amor: “Nuestra postura siempre fue estar abierto a la vida y estos hijos son el resultado de esa opción tomada hace 33 años, esta decisión fue renovada después de cada parto”.

Los desafíos de la crianza

“Al ser una familia numerosa nos ha permitido que algunos valores fueran trasmitidos más fáciles y se aprende naturalmente a compartir”, asegura la mamá que inculcó a sus hijos valores humanos y cristianos.

En este sentido, sostiene que lo primordial para su crianza fue enseñarles la honestidad, el valor del trabajo, el respeto por el otro en cuanto a los límites (mi libertad se acaba cuando empieza la libertad del otro), el estudio en lo que respecta a la importancia de formarse, el comprender, el perdonar, estar atento a la vida del otro teniendo en cuenta que es “mi prójimo”, y la importancia de las relaciones dentro de la familia para que estos vínculos se multipliquen hacia afuera.

Por otro lado, reconoce que hubo momentos difíciles tanto para ella como madre y ellos, como hijos. “Nuestros chicos se han fortalecido muchísimo por ´el no tener todo´, educándolos que todo cuesta en la vida. En cuanto a lo educativo, fue difícil ir contra la corriente, pero también después hemos visto los frutos”, resalta.

“Uno de los hijos no venía con buena conducta, entonces Gustavo le dijo que si no desistía de ese comportamiento no iba al cumpleaños de 15 de una amiga. Seguía molestando, cuando llegó la fiesta de su mejor amiga, el papá tuvo que ser firme y no lo dejo ir. Fue muy doloroso para nosotros como padres, pero al otro día nos sorprendimos porque nuestro hijo hizo un cambio”, recuerda Carmen, quien manifiesta que este tipo de situaciones se han repetido con otros hijos y que esos “No” han contribuido a buenos resultados.

En cuanto a las satisfacciones de sus hijos, expresa que fueron muchas: “Desde el primer paso que dieron en su vida, una nota buena, un abrazo, un compartir en el momento del almuerzo, y la comunicación fluida que siempre tuvieron entre los hermanos, que incluso comparten amigos y la casa suele ser una multitud de personas teniendo en cuenta que son siete hermanos”.

Aventuras en familia

En 1992, la familia Aucar, integrada en aquel tiempo por el matrimonio y cinco hijos, decidió emprender viaje a Dinamarca en donde el esposo de Carmen, científico del CONICET, fue a especializarse en un post doctorado en Física.

En ese país estuvieron dos años y allí nació la sexta hija, María Cielo. “Fue todo un gran maravilloso capítulo de la vida de nuestra familia. Fuimos sin conocer a nadie y nos despedimos con lágrimas de muchos afectos construidos allá”, recuerda con nostalgia.

Al regresar a Argentina, Carmen sostiene que no fue fácil la parte económica que les tocó vivir: “Esperábamos comprar un auto pero no pudimos concretarlo porque el dinero que tenía que llegar de Dinamarca se perdió por el camino”.

“Nos quedamos sin vehículo con todo lo que significaba que era llevar a los chicos a la escuela, y vivíamos en una zona alejada del centro”, cuenta la madre quien a su vez resalta la solidaridad que tuvo un amigo en prestarles un auto.

“En un tiempo después, Gustavo se fue a España a capacitarse y tuvo que pasar por Dinamarca. Por la providencia de Dios, recuperamos ese dinero y pudimos comprar el auto nuevo”, manifiesta la mamá quien es una mujer muy católica al expresar que “somos testigos del amor de Dios y tiene un lugar fundamental en la vida de nuestra familia”.

Por otro lado, se ha referido a vacaciones “gasoleras” que debían hacer por la familia numerosa que tienen. “Viajábamos en un Renault 18 con una colchoneta atrás. Pecamos de imprudentes. Muchas veces buscando ahorrar, salíamos con pocas comodidades para poder salir de vacaciones”, cuenta.

“Sin el acompañamiento de la familia, no hubiera superado el trasplante”

“Durante un año estuve viviendo en Buenos Aires”, afirma Carmen al recordar cuando tuvo que ser trasplantada de un riñón, cuyo órgano fue donado por su marido.

En esta línea, manifiesta que el acompañamiento de su familia fue fundamental pese a que sus hijos se encontraban en Resistencia haciendo sus actividades cotidianas y ella junto a Gustavo estaban en la Capital Federal. “Varios fines de semanas teníamos que ingresar al hospital por complicaciones propias del trasplante. Si no hubiéramos tenido el acompañamiento de los chicos, no hubiera superado el trasplante”.

Luego, expresa que las complicaciones continuaron: “Tuve que entrar de nuevo a cirugía por un problema que se me generó post-trasplante”. Por ese hecho y lo narrado anteriormente, Carmen valora todo el amor recibido de parte de su familia: “Si bien hubo momentos difíciles, no lo vimos como trágicos porque veíamos cómo se resolvía todo naturalmente”.

Respecto a cómo vivieron sus hijos el trasplante, resalta que “cada uno con sus cualidades, siempre sacando lo positivo del problema y lo mejor que dieron frente a la realidad que vivíamos”.

“Nuestra experiencia es esta: la de estar abiertos a cada novedad (que por cierto son tantas que nos sorprende la creatividad) y siempre agradecidos, por tanto, que no se compara en ningún lado”, finaliza Carmen agradecida.

(*) Periodista