Lunes, 14 Septiembre, 2020 - 14:18

¿Una grieta que ya es ruptura?
Por Aldo Daniel Ávila (*)

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El viernes pasado el Colegio de Abogados de la Segunda Circunscripción Judicial convocó a manifestarse frente al edificio de Tribunales sito en calle 11 e/ 8 y 10 de Pres. Roque Sáenz Peña para que el Superior Tribunal de Justicia ordene “atención irrestricta a los abogados” ya que no “podemos seguir de esta manera” según su máximo representante.

Como dirían los inefables Les Luthiers, fracasaron con todo éxito.

Es que la convocatoria fue pobrísima. 

Eran menos de treinta personas de un padrón que nuclea a casi 700 abogados en términos aproximados.

En la última elección para dirimir quién sería el representante al Consejo de la Magistratura votaron, precisamente, más de 500 colegas. 525 para ser exactos.

¿Cuál es el motivo o la razón de esta falta de poder aglutinante, de esta apatía frente a una movilización, por cuestiones, que deberían interesar a todos? 

Las contradicciones. Las actitudes pendulares de quien encabeza los designios de la asociación que nuclea a los trabajadores del derecho y la verticalidad absoluta a la que responde la Comisión Directiva sin hacer nunca el menor cuestionamiento y con una obsecuencia cercana al servilismo.

Inevitablemente, todos los integrantes de la colonia abogadil padecemos las consecuencias.

Esto último, se explica desde dos puntos de vista diferentes:

En primer lugar, jamás se consulta a los asociados acerca de las medidas que se deciden tomar. Directamente se comunican las mismas. 

Y, a veces, ni siquiera se comunica lo decidido sino que, nos hacen partícipes de las respuestas a los trámites hechos y ya en simultáneo con los medios amigos que replican los altos logros que son valorados con injusta ingratitud, se quejan. 

O sea, estamos hablando, siempre, sobre hechos consumados. 

En segundo término, el desprecio a la crítica, a la sugerencia, al disenso.

Cualquiera que se exprese en oposición a lo que plantea el soberano, es merecedor de un directo ataque a la yugular de parte del sumiso séquito constituido por los integrantes de la Comisión Directiva. Porque claro está, que no son varias cabezas que piensan en forma distinta o individualmente. Sino una que piensa por todos y éstos que, directamente, acatan, para, más tarde, indicarnos que nos falta colaboración.

Ahora bien, ¿qué entienden por colaboración? consentir o aplaudir. 

No se discute lo que se ha resuelto hacer. No hay chances de poder cambiar el rumbo de lo decidido.

Formular cuestionamientos o no coincidir es propio de autoritarios que sólo critican y se quejan, pero que no hacen nada. La pregunta es, cómo se crece sino es en el disenso y con la vocación de consensuar.

Así es el manejo del Colegio de Abogados de la 2da. Circunscripción. Les pese a quienes les pese.

Un exceso de protagonismo en su cabeza y una tolerancia extrema en quienes lo secundan, con una firme vocación de escuderos carentes de dignidad.

Este escenario está directamente relacionado con el fracaso de la convocatoria del 11-S (creería que la fecha es una mera coincidencia con el recordado acontecimiento mundial). Es que cuando, desde fuera de las líneas amigas, se planteó la necesidad de visibilizar nuestros reclamos (hace cuatro meses) ninguna reacción hubo de parte de la máxima autoridad y, por ende, de quienes responden de manera disciplinada.

Sanitariamente estábamos mejor, pero en su entendimiento no era oportuno. Se elevaban notas de reclamo.

En términos más precisos la cúpula dirigencial o su titular, procrastinó. Como lo viene haciendo desde que comenzó esta cuarentena con un gran sentido de la inoportunidad, en que prefiere ser parte de la noticia antes que de la solución.

Ser parte de la noticia es retroalimentar su presencia en medios o redes sociales sin importar lo resultados.

Evidentemente, estamos en el trayecto hacia la construcción de un personaje que pretende ser público.

Si reúne las condiciones, es harina de otro costal.

Por eso, su publicación convocando a una protesta frente al edificio de Tribunales fue tan sorpresiva como inesperada.

Asumo que derivó de un “lapsus brutus” (como dicen en México) o de una revelación del insondable más allá que le indicaba el derrotero hacia la eliminación de todos los padecimientos que veníamos sufriendo los abogados.

No hubo una consulta previa para -repito- consensuar una estrategia. Es que no hay espacio para la discusión.

Los resultados están a la vista. Algunos medios cuya publicación fue “omitida” en el grupo de whatsapp del Colegio de Abogados, escribieron sobre la “nula participación” a la convocatoria de la entidad asociativa. 

Hoy más que nunca la grieta ha provocado una tirantez inocultable y evidente entre los abogados. El manejo del Colegio no ayuda, por el contrario fortalece la provocación.

Están naciendo grupos alternativos al calor de todos los desencuentros narrados.

Sobrevuela el fantasma de la ruptura que ya supimos padecer y se mantiene en Resistencia.

Sólo una razón nos evita el precipicio.

Es la creencia de quienes opositan estos métodos, que en cualquier escenario electoral, un candidato de ese íntimo entorno que rodea a la presidencia, sería fácilmente derrotado.

Los próximos movimientos nos darán mayor certeza.

(*) Abogado.