Martes, 15 Septiembre, 2020 - 13:41

Un ingresante de la UNNE levantó una antena de Internet en el campo y regularizó todas sus materias

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Cuando para muchos la virtualidad facilita cosas, para Braian, un joven ingresante de la carrera de Ingeniería Electromecánica de la UNNE, la obligatoriedad de actividades virtuales por la pandemia le significó numerosos sacrificios. Desde extender una antena con su padre para recibir “algo” de señal de internet en su vivienda rural, a recorrer varios kilómetros hasta la cabecera del pueblo a descargar clases o realizar exámenes. Pero el esfuerzo valió ya que, desde un celular, logró regularizar todas las materias del primer cuatrimestre.

Pese a vivir en la zona rural de una pequeña localidad de Santa Fe, cuando Braian Pereson decidió ingresar a la Universidad lo hizo pensando que la experiencia de su hermana como estudiante avanzada de Veterinaria en la Universidad Nacional del Nordeste sería un trampolín que le facilitaría su encuentro con la vida universitaria.

Así, se animó a estudiar una difícil carrera como lo es Ingeniería Electromecánica, para lo cual se mudaría a la ciudad de Corrientes, donde vive y estudia su hermana, y desde allí cruzaría a Resistencia para cumplir sus actividades como ingresante universitario.

Ya en Corrientes a principios de año, empezó a concurrir a la Facultad de Ingeniería para el cursillo de Ingresantes 2020, pero de manera imprevista las clases presenciales se suspendieron debido a la emergencia sanitaria por la Pandemia de Covid-19.

A partir de allí las clases serían virtuales, y para Brian, que decidió regresar a Lanteri, su pueblo natal, la Universidad pasaría a ser su casa, su campo, su pueblo, y muchos otros lugares en los que pudiera lograr superar el gran problema de la falta de conectividad.

Lanteri es una pequeña localidad ubicada al noreste de la provincia de Santa Fe, en el centro oeste del departamento General Obligado, a 374 km de la capital provincial. Posee 37.014 hectáreas o 374 km cuadrados, y su población apenas supera los 2.500 habitantes.

Dentro de la localidad, Brian vive en la zona rural, a casi 9 kilómetros del “pueblo” como ellos llaman al área central o el ejido urbano del municipio.

En esa profundidad del campo Brian se enfrentó al desafío de cómo seguir los estudios universitarios en medio de la pandemia y en un nuevo contexto de enseñanza-aprendizaje mediado por las tecnologías de la comunicación y la información, tecnologías que no estaban a su alcance.

Su hermana Florencia también regresó a Lanteri, aunque para ella las dificultades serían un tanto menores, pues ya terminó de cursar y está rindiendo las últimas materias de la carrera de Veterinaria.

 “El principal problema era la conectividad a Internet, no sólo por el costo del uso de datos sino principalmente por la falta de señal o directamente la nula conectividad” señala el joven santafecino al rememorar esos momentos que lo sacaron de la universidad presencial.

Entre las distintas alternativas buscadas, la más llamativa fue la decisión junto a su padre de extender más de diez metros una pequeña antena con que contaban en el campo, para poder recibir “algo” de señal de Internet, como él lo define.

 “No teníamos prácticamente señal, y levantar la antena nos ayudaría a lograr algo de conectividad, al menos para bajar y enviar actividades” expresa antes de comentar como él y su padre se amañaron para “estirar” la antena que pasaría a ser una aliada rastreando la anhelada señal de Internet.

La antena iba a ayudar aunque Braian no podía entrar en clases en vivo y las miraba en forma grabada cuando se encomendaba hacia el pueblo y la señal permitía la descarga. El contacto con los docentes y algunos compañeros lo hacía por whatsapp con mayor facilidad.

Una escena común en sus jornadas de estudio en el campo era poner un celular en el patio como una antena para poder pasarle la señal a otro celular ubicado dentro de la casa desde donde hacía algunas actividades académicas.

Cuando, por las medidas sanitarias, se flexibilizaron un poco los controles de circulación, Braian empezó a ir con frecuencia a la casa de una tía en el pueblo donde existe mejor señal de Internet y podía mirar las clases grabadas, enviar actividades e intentar participar en algunas clases en vivo, aunque esto último no siempre lo lograba.

 “Al principio del aislamiento era complicado moverse al pueblo por los controles en rutas y caminos, luego podía justificarse” recuerda.

Para los exámenes virtuales buscaba “comprar muchos datos” para asegurarse que la conectividad lograda no se corte por el gasto de los datos”.

Fue mucho el esfuerzo pero grande la satisfacción porque finalmente logró regularizar las todas materias del primer cuatrimestre de Ingeniería Electromecánica, que son “Análisis Matemático”, “Álgebra y Geometría”, “Sistemas de Representación Módulo 1” y “Fundamentos de Ingeniería”, un logro que muchos estudiantes no logran alcanzar en Ingeniería. Dos de esas materias incluso ya las aprobó en exámenes finales.

En épocas presenciales, regularizar todas las materias es una dificultad para los ingresantes de esta carrera de Ingeniería, y desde la virtualidad, con un celular y con los marcados problemas de conectividad, Braian alcanzó esa meta.

Tras superar la primera instancia de cursado, las clases prosiguen en el segundo cuatrimestre y el esfuerzo también. Ahora se suma la obligatoriedad de presencia online en una de las materias, clases para las cuales debe ir al pueblo a la casa de su tía.

OTRA VIDA COMO UNIVERSITARIO

“No era ésta mi idea de Universidad pero es la que nos toca y yo debo cumplir. Pese al sacrificio me estoy adaptando muy bien, aunque estoy ansioso por las clases presenciales pues sé que podré aprender y dar aún más en esa modalidad” sostiene el estudiante.

Recorrer varios kilómetros hasta la cabecera del pueblo para cumplir parte de las actividades virtuales para Brian no es algo desconocido. La educación primaria la realizó en una escuela de Ingeniero Chanourdie, una localidad lindante al norte con Lanteri, mientras que la escuela secundaria la cursó en la cabecera del pueblo, en ambos casos recorriendo distancias mayores a 9 kilómetros.

En tanto, cuando empezó a asistir a la Facultad de Ingeniería de la UNNE ubicada en Resistencia, lo tenía que hacer desde Corrientes, cruzando a diario el puente interprovincial General Manuel Belgrano.

La familia de Brian está compuesta por su padre, su madre, un hermano menor y una hermana mayor que cursa las últimas materias de la carrera de Veterinaria en la UNNE.

Las jornadas en Lanteri transcurren en medio de distintas tareas de campo, con animales y también plantaciones. Braian colabora, pero su padre le asignó concentrarse únicamente en sus estudios universitarios.

Para el joven estudiante de Ingeniería Electromecánica de la UNNE, la experiencia vivida fue satisfactoria por haber respondido a la demanda de sus profesores, aunque le queda el sabor amargo de no haber conocido en mayor profundidad cómo es la vida universitaria convencional, “sin pandemia”.

Pero le motiva saber que la pandemia pasará y en algún momento podrá retomar las actividades académicas presenciales en la Facultad de Ingeniería, pese a lo cual aclara, “no me disgusta estar en el pueblo”.

Desde la Facultad de Ingeniería de la UNNE destacaron la experiencia de Braian por todas las dificultades que atravesó para cumplir sus labores como estudiante en medio de la pandemia, y casi sin adaptación a la vida universitaria presencial.

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