Martes, 9 Julio, 2013 - 19:47

Por un impuesto "very injusto"
Por un impuesto "very injusto"
"Too much": los salarios al borde del "knock out"
Por Luis Tarullo (*)

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Sabido es que desde hace tiempo el salario es pasible de un tributo carnicero.

"El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo, vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas (...)." El párrafo antecedente es la parte inicial del fundamental artículo 14 bis de la Constitución Nacional, que sacraliza el trabajo y su paga y establece otros derechos y obligaciones, y de cuyo cumplimiento pleno ya no se tiene memoria. Específicamente, en el caso del empleado se habla de "retribución" y "remuneración", mientras que a las empresas se las identifica con "ganancias". Hay eternas discusiones y dos bandos al respecto: el que dice que son conceptos bien definidos y diferenciados y el que sostiene que son equivalentes. Sabido es que desde hace tiempo ha prevalecido el segundo de los grupos y el salario es pasible de un tributo carnicero, el Impuesto a las Ganancias, que agujerea y vacía hasta los bolsillos más humildes. Es justo decir que hay muchos países que han establecido gabelas similares, lo cual de paso es utilizado como justificativo para quienes lo aplican en la Argentina, quienes a la vez sostienen que acá se aplica un porcentaje menor. Pero se omite deliberadamente mencionar aspectos y diferencias fundamentales, como que hay naciones desarrolladas -y al mismo tiempo más igualitarias que la Argentina, como Finlandia, Suecia, Noruega o Dinamarca- en las que priman el criterio del "impuesto a los ingresos personales", que amplía, simplifica y establece mayor equidad. Y por supuesto, el retorno en beneficios y servicios a la sociedad en su conjunto también es ampliamente superior y más transparente. El Gobierno de la Alianza estableció una forma de cálculo para la deducción del impuesto (la "tablita de Machinea") que con el tiempo comenzó a mostrar su costado más inequitativo. La administración de Cristina Fernández impulsó la eliminación de la "tablita", pero la transformó en una situación más injusta aun: mantuvo congelado el mínimo no imponible y desató situaciones insólitas y paradójicas, como que en determinados niveles a los trabajadores no les convenga hacer horas extraordinarias ni percibir aumentos salariales para evitar que sus ingresos caigan bajo la guillotina de Ganancias. A ello debe sumarse la variable asesina de la inflación, que también contribuye a la demolición de los ingresos. Hubo un solo momento de excepción, cuando el Gobierno cristinista elevó ese mínimo, pero se ha visto que el panorama siguió empeorando hasta ahora. Valga la reiteración de ese relato de lo que todo el mundo sabe y padece, para comenzar a sopesar lo que puede convertirse en una de las principales piedras en el zapato gubernamental. Aunque venían machacando con el tema desde hace tiempo y hasta lo habían planteado en los aposentos presidenciales, los gremios no habían realizado acciones contundentes para patalear por la cuestión. Ahora Hugo Moyano, cuyos representados están en la cúspide de los trabajadores mejor pagos en el país, decidió un paro nacional con movilización exclusivamente por la insoportable presión del impuesto, que si algún día pasa a la historia será recordado como las langostas de las Plagas de Egipto. Enseguida se sumó el estatal Pablo Micheli, ya que en el sector público también hay descontento creciente por el tema. Pero no solamente desde la vereda opositora se hacen escuchar las voces de protesta, ya que en la CGT oficialista anida una molestia que se irá robusteciendo en caso de que la Presidenta siga haciendo oídos sordos a los ruegos de Antonio Caló para que por lo menos les arroje un hueso. Sobre el tema Ganancias se animó a patalear un poco el dirigente metalúrgico, que hasta ahora viene fracasando en todos sus reclamos, aunque, claro está, no es el único responsable. La ausencia casi total y patética del sindicalismo progubernamental en las listas de candidatos fue la muestra más contundente de la Presidenta a la pleitesía que le rinde ese sector gremial. Y las consecuencias se están haciendo notar, con la rebelión de dirigentes que han decidido empezar a bajarse del barco que, de tanto estar atracado vanamente en el puerto oficialista, corre el riesgo de terminar como el buque "Santísima Trinidad". Así están crujiendo algunas estructuras gremiales, pero más aún se resquebrajan los bolsillos de millones de personas, carcomidos por obra y gracia de un impuesto que, como tantos otros, son sostenidos a capa y espada para cubrir cráteres de los que no son responsables las víctimas. Los gremialistas empezaron a canalizar de manera más activa el descontento y advierten -en sintonía con las nuevas tendencias y para no desentonar con las celebridades tuiteras- que el monstruoso impuesto es "very injusto" y el terrorífico efecto que causa es "too much". En definitiva, lo quieren "out" antes de que los salarios queden "knock out".

Fuente: 
Agencia DyN