Jueves, 26 Septiembre, 2019 - 21:32

Tendencias e impulsos autoritarios del kirchnerismo
Por Luis Rodríguez Martínez (*)

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Sinceramente, no pensé que el peronismo en su faceta kirchnerista hubiese mostrado con tanta crudeza sus tendencias e impulsos autoritarios y disolventes antes de la primera vuelta electoral.
 
Luego de un gobierno genuinamente democrático como el actual, respetuoso de la división de poderes, de la independencia del poder judicial, de la libertad de prensa, que no usó los medios de comunicación oficiales (por ejemplo ATC) para hacer propaganda política o ideológica, que no redujo al servilismo a las autonomías provinciales, que todas las decisiones que adoptó fueron fruto de consensos parlamentarios por estar en minoría en ambas cámaras del congreso, ingenuamente creí que en el devenir de la vida política el Justicialismo, por una cuestión de cálculo electoral y muy a su pesar, propondría un programa de gobierno democrático.
 
Los últimos acontecimientos han desbaratado todo esperanza en ese sentido. Basta escuchar a los funcionarios judiciales que adhieren al colectivo “Justicia Legítima” expresando su voluntad de democratizar el poder judicial, mensaje subliminal que puede traducirse o interpretarse como una bajada de línea a toda la estructura de la justicia para que sus fallos sean funcionales a la política revolucionaria o pseudo revolucionaria del kirchnerismo, para comprobar que sus pulsiones autocráticas siguen intactas. Solamente en Argentina puede consentirse que jueces y demás funcionarios judiciales manifiesten abiertamente su filiación o apoyo a una facción política, circunstancia que ameritaría su destitución por juicio político. Una cosa es que un Magistrado diga que tiene simpatía con un partido político, que fuere peronista, radical, socialista, comunista, etc. (cuestión no reprochable, pues hay países en que los jueces son electivos y propuestos por los partidos, como EEUU), pero otra cosa es que anticipe que sus sentencias, a todo evento, van a estar al servicio del proyecto político del partido al que adhieren.
 
Nunca entendí por qué la Corte Suprema de Justicia de la Nación jamás tomó medidas disciplinarias respecto de estos funcionarios que, parece ridículo recordar, ya que es un concepto que un joven de secundaria ha capitalizado cursando Educación Democrática (o el nombre que tenga actualmente la cátedra), deben ser imparciales en los fallos que emiten. ¿Cómo los particulares pueden someterse a la decisión de estos jueces en procesos en que se ventilan “intereses sensibles” para el gobierno al que adhieren? Debieran ser recusados con causa.
 
Los intelectuales kirchneristas proponen también sustituir el poder judicial por un “servicio de Justicia” sin dar precisiones respecto de su origen, funcionamiento o competencia. No se sabe si estará constituido por “tribunales populares” que más que respetar el orden jurídico reflejarán las conveniencias e intereses del pueblo, a diferencia de la justicia actual, a la que catalogan de clasista, oligárquica y reaccionaria (un misterio). 
 
La plataforma del partido justicialista solamente dedica la siguiente frase: “Recreación de la seguridad jurídica. Consolidación institucional. Creación de ámbitos propicios para la inversión”, es decir, NADA DICE SOBRE SU CONCEPCIÓN RESPECTO DEL PODER JUDICIAL, SU INDEPENDENCIA Y FUNCIÓN DE CONTRAPESO DEL EJECUTIVO. El silencio nos indica en forma elocuente que tales caracteres del poder judicial son extraños a su cosmovisión política.
 
Acentuando el sesgo autoritario, el intelectual de “Carta Abierta”, usina ideológica del kirchnerismo, Horacio González, ex director de la Biblioteca Nacional, pidió "una valoración positiva de la guerrilla" y anticipó que Cristina Kirchner no será una "mera vicepresidenta" (ver lapoliticaonline.com del 26 de septiembre 2019). Exaltar la guerra revolucionaria que azotó al país en la década del setenta, además de condenable, trae a colación un conflicto doloroso, con víctimas de ambos bandos, que todavía no ha cicatrizado.
 
Pone de manifiesto su genuflexión frente a Cristina (como invariablemente se comportan los integrantes de Carta Abierta), dejando en claro que fue artífice del triunfo electoral en las PASO y reivindicando su protagonismo en un eventual gobierno de Alberto. 
 
En nada contribuyen estas declaraciones a la pacificación del país, ninguna guerra es susceptible de ser exaltada o reivindicada y elevada a la categoría de epopeya.
 
Expectativas poco alentadoras generan las declaraciones de Alberto sobre Venezuela, a la que no considera una dictadura porque tiene origen democrático. Pienso que no es sincero y trata de complacer al kirchnerismo duro, pues siendo profesor de Derecho en la UBA sabe perfectamente que la “legitimidad de origen” de un gobierno debe ser complementada por la “legitimidad de ejercicio”, justamente la que carece el régimen de Maduro. Con el mismo criterio debiéramos concebir como democráticos al Nacionalsocialismo de Hitler y al fascismo de Mussolini que construyeron poder ganando elecciones formalmente democráticas.
 
Nada sabemos en relación a la inserción geopolítica que tendrá Argentina en un hipotético gobierno de Fernández/ Fernández, si se profundizará el aislamiento internacional deliberado que puso en práctica el kirchnerismo durante los doce años que gobernó, o se continuará con la política de integración al mundo y espacios económico políticos multinacionales que intentó el gobierno de Macri.
 
Los que pensamos que la segunda opción es la más conveniente para los intereses del país, somos escépticos frente a la posibilidad de que Alberto Fernández conserve las líneas directrices de la política exterior llevada a cabo en los últimos cuatro años. Y la política de la Cancillería es tanto o más importante que la interna, porque marca el derrotero del país durante décadas. Tan es así que una sucinta revisión histórica demuestra la trascendencia de las decisiones de los sucesivos gobiernos en materia de política internacional: a) Neutralidad durante la segunda guerra mundial; b) Adhesión a los “No alineados” por parte del gobierno de Juan Domingo Perón en 1974; c) Relaciones carnales con EEUU durante el gobierno de Carlos Menem; d) Alineamiento con Venezuela, Irán y Rusia a propósito del Kirchnerismo.
 
La adscripción a países indicados en d) por el kirchnerismo, es una reminiscencia de la adhesión a los “No Alineados” en la década del setenta, momento en que Argentina tenía el tres por ciento de pobreza (para los estándares internacionales de la época) e ingreso per cápita similar a Italia y España.
 
Sin embargo, Argentina se encolumnó con todos los estados terroristas de entonces que, más que propugnar equidistancia en la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, manifestaron abierta simpatía por el bloque comunista. Estábamos para jugar en primera en el concierto internacional y terminamos en el Nacional C jugando con Sportivo, Aprendices y Granaderos de Avia Terai. Ésa y no otra es la gravitación de la política internacional.
 
(*) Abogado
Presidencia Roque Sáenz Peña