Viernes, 3 Julio, 2020 - 09:50

Según la bióloga Verónica Quiroga los registros de huellas de yaguareté aparecen con la misma frecuencia en el Chaco

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Por Horacio Torres (*)

La Doctora en Biología Verónica Quiroga hace dieciocho años estudia y monitorea al yaguareté en la región del Chaco Seco. Tanto que su investigación sirvió para fundamentar su tesis doctoral en el 2013, denominada “Ecología y conservación del Yaguareté (Panthera onca) y el Puma (Puma concolor) en el Chaco semiárido argentino: su relación con la disponibilidad de presas y la presencia humana en la región”.
 
El uso de la tecnología permitió a los investigadores tener una observación más acabada del tema. “Hace quince años monitoreamos con cámaras trampa toda la región chaqueña. Con esa información, más la realización de entrevistas a pobladores,  recorridos de búsqueda de rastros y con comparaciones de datos y resultados con áreas chaqueñas similares en países vecinos hemos hecho la estimación que en todo Chaco, Formosa, Santiago del Estero y el chaco salteño, no quedarían más de 20 individuos”.
 

Verónica Quiroga.
 
Por eso resulta fundamental el trabajo articulado en distintos frentes para mejorar la situación crítica de supervivencia del yaguareté en la región chaqueña, con acciones de investigación y monitoreo; de fiscalización y control para la prevención de la cacería; de educación ambiental para la concientización de los pobladores; y de ordenamiento territorial para la conservación del ambiente.
 
El trabajo en equipo articulado entre distintos organismos, resultó fundamental para la obtención de datos fidedignos, e imprescindibles a la hora de tomar decisiones. En este sentido la doctora Quiroga, ha investigado en representación de Proyecto Yaguareté, Centro de Investigaciones del Bosque Atlántico (CEIBA), Instituto de Diversidad y Ecología Animal, de la Universidad Nacional de Córdoba (IDEA) y Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
 
Entre sus observaciones preliminares destaca que “datos de yaguareté hubo siempre, todos los años y casi todos los meses, tanto en Chaco como en Formosa”. Lo que en otras palabras para Verónica Quiroga significa que “no hubo un aumento de huellas de yaguareté, los registros se mantienen más o menos constantes en el tiempo”.
 
 
En relación a los últimos registros del mes de junio sostuvo que “lo único que podemos asegurar a través de las huellas es que hay como mínimo dos yaguaretés: Qaramta y otro animal chico, que probablemente sea una hembra o un juvenil ya que las medidas de la huella están cerca del límite mínimo de tamaño registrado para la especie en los estudios de nuestro equipo. Sin embargo, el resto de las huellas encontradas en la región y alrededor del parque podrían pertenecer a otro individuo o no, ya que con los datos que se cuenta es imposible aseverar que sean yaguaretés diferentes. De hecho, solo contamos con la posibilidad de medir y comparar proporciones para su identificación”.
 
Al principio el territorio del Parque Nacional El Impenetrable se mostraba un poco esquivo, pero no así la región: “No teníamos registro de huellas dentro del parque. Las últimas antes de Qaramta eran del 2013, que las habíamos registrado en las costas del Bermejo dentro de lo que era la Estancia la Fidelidad”. Sin embargo “alrededor del parque casi todos los años hemos tenido alguna huella, algún avistaje.
 
Esto significa que la especie todavía está presente en toda la región chaqueña. “Lo que pasa que en densidades muy bajas y con registros muy esporádicos. Lo bueno es que los indicios nunca desaparecieron”, aseveró.
 
 
Este claro diagnóstico obliga a tomar decisiones inmediatamente: “Claramente tenemos que mejorar estos números poblacionales, si queremos que la especie sobreviva a largo plazo. Hay que atacar de manera urgente las causas que han hecho que la especie decline de esta manera como la cacería y el desmonte para que se pueda empezar a recuperar”.
 
“Nosotros lo que estamos haciendo actualmente es ayudar a los técnicos y guardaparques en zona, y los pobladores locales cuando avisan del avistaje de huellas. Analizamos las fecas con el personal del Museo Argentino de Ciencias Naturales, que se encargan de hacer toda la parte de genética. Trabajamos en conjunto con todos los actores involucrados de la especie que están en zona, a los que ayudamos a tomar decisiones de manejo”, detalló.
 
Como el panorama de la supervivencia de la especie se presenta cuanto menos como preocupante “una de las tareas más importantes es trabajar con la gente en la concientización y evitar que los cacen en los corredores de conservación. En toda la Argentina el yaguareté está categorizado en peligro crítico de extinción. Quedan solo tres poblaciones: una en Yungas, otra en Misiones y otra en Chaco, que es la que está en estado más crítico. De hecho la especie está ecológicamente extinta. Esto quiere decir  que todavía hay individuos dando vuelta en la zona, pero son tan pocos y están tan aislados entre sí que no permiten que la especie cumpla con su rol ecológico principal que es la de ser depredador tope”, sentenció la bióloga Quiroga.
 
“La prioridad en la región chaqueña es controlar la cacería de la especie, que todavía se sigue dando de un manera común y natural. Por esto hay que hacer un trabajo fuerte en la concientización y educación para que la gente entienda que no se lo puede cazar. Junto con esto hay que parar el desmonte y evitar la pérdida y la degradación del ambiente, que sabemos que en la región es muy alta”.
 
(*) Periodista ambiental.