Martes, 22 Septiembre, 2020 - 07:59

Una trampa mortal para los aliados
Se cumplen 154 años de la batalla de Curupayty
Por Vidal Mario

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Se cumplen hoy 154 años del ataque argentino-brasileño-uruguayo a la trinchera de Curupayty, escenario por excelencia de una de las más trágicas batallas de la guerra de la triple alianza.

Para los paraguayos lo que sucedió en esa trinchera el 22 de septiembre de 1866 fue la madre de todas las batallas, en tanto que para los aliados fue un símbolo del horror.

Ya en los meses previos las fuerzas aliadas venían de mal en peor y sufriendo durísimos reveces.

Al momento de ocurrir lo de Curupayty, todavía no se habían acallado los ecos del audaz y sorpresivo ataque paraguayo del 2 de mayo anterior en Estero Bellaco, batalla de seis horas de resultado también extremadamente desastroso para los aliados.

En Estero Bellaco, entre muertos y heridos las tropas aliadas habían sufrido pérdidas que se calcularon en unos cinco a seis mil hombres, en tanto que las bajas en las filas paraguayas habían sido de solamente trescientos muertos y unos mil heridos.

Respecto de éste combate, el ex presidente argentino Santiago Derqui, que vivía en Corrientes, escribió una carta a uno de sus hijos asegurándole que esa batalla se perdió porque el ejército argentino había bajado irresponsablemente la guardia.

Le contó a ese hijo suyo, que estudiaba en el extranjero: “Todo el Ejército dormía o paseaba y estaba con la misma tranquilidad y confianza con que estaría acampado frente a un colegio de monjas”. Al momento de producirse el ataque paraguayo en Estero Bellaco, relató, “muchos jefes de cuerpo y de división se hallaban de paseo a bordo de los buques”.

En la misma carta hizo la siguiente observación: “Los paraguayos carecen de una buena dirección, pero dan muestras de un valor y de una audacia que sorprenden”.

Tuyutí, otro desastre

Cuando todavía los jefes aliados se estaban recriminando los unos a los otros por el desastre de Estero Bellaco, sobrevino la tremenda batalla de Tuyutí, un duro golpe para aliados y paraguayos por igual.

Librado el 24 de mayo de 1866, las acciones en Tuyutí comenzaron a las doce y cuarto, y a las cuatro de la tarde en todo el frente cesó y dejó de escucharse el fragor de la fusilería. Había durado apenas cuatro horas, pero a pesar de su brevedad había sido una de las batallas más sangrientas de la historia de América del Sur.

Allí murieron seis mil paraguayos y, heridos, siete mil. En ese lugar quedó para siempre lo mejor de la juventud paraguaya.

Pero los aliados también, entre muertos, heridos y desaparecidos, perdieron más de cinco mil hombres.

Centenares de combatientes brasileros y argentinos aliados que habían sido heridos en Tuyutí comenzaron a llegar en barco a Corrientes. Los brasileros fueron ubicados en grandes hospitales de campaña que se instalaron en las afueras de la ciudad.

En cuanto a la gran cantidad de heridos argentinos, en una segunda carta Derqui relató:

“Los heridos ya no caben en los tres hospitales que habían establecido en esta ciudad. Ya se ha llenado el teatro, se ha recurrido a los templos y conventos, ya están llenos los de la Merced y San Francisco, ayer se ha solicitado también la Iglesia Matriz porque aún faltan heridos que traer, y hasta se han puesto carpas en los patios de los conventos”.

Ahora, Curupayty

En agosto de 1866, comenzaron a circular rumores de “un ataque decisivo de los aliados sobre el enemigo”. Los aliados en general querían dar un escarmiento a los paraguayos.

Los argentinos querían combatir porque estaban inactivos desde mayo y la inacción los estaba oxidando.

Así lo reflejó Derqui:

“Ya es tiempo de un combate. De otro modo el Ejército Argentino se disolvería sin combatir pues el cansancio, las privaciones de alimento y más que nada la completa desilusión sobre las facilidades del triunfo han introducido el desaliento y la desmoralización”.

También dijo que le llamaba la atención “la chorrera de jefes y oficiales que se retiran del Ejército, realmente enfermos algunos, con pretexto de tales la mayor parte, y muchos hasta sin ese pretexto. El Ejército argentino tiene ya once meses de sueldos atrasados, y cinco el brasilero. Un mes más así y se encontrarán en la imposibilidad de atacar”.

Así que querían una acción inmediata, y para ello pusieron en la mira a la muy bien fortificada trinchera de Curupayty (Kurupa’yty, en guaraní) diseñada por el ingeniero inglés George Thompson.

Derqui dudaba del éxito del ataque a dicha trinchera, por varias razones. Mencionó entre dichas razones a “la notable desmoralización de la tropa argentina”, a “la convicción universal de la ineptitud de Mitre, cuyo desprestigio ha llegado a su apogeo” y a que el plan tomado para el asalto no parecía ser el mejor.

Sus dudas respecto del éxito de la anunciada “campaña” sobre Curupayty las sintetizó así:

“El general Venancio Flores (jefe de las tropas uruguayas) le dijo a una persona de su confianza que si el ataque se lleva como se acordó podemos contar de cierto con una derrota porque antes que los aliados pudiesen matar a un paraguayo tendrían que perder una cuarta parte de su fuerza. Las tropas que tienen no son para operaciones de esta clase, como lo probaron el 18 de julio en que más de 10.000 hombres estuvieron empeñados contra una batería paraguaya de 12 piezas sin poderla tomar”.

Dicho y hecho: ese día 22 de septiembre de 1866, todo salió mal para la alianza. En los esteros de Curupayty quedaron enterrados para siempre entre ocho mil a diez mil soldados aliados, casi todos argentinos. La flor y nata de la juventud porteña, hasta el hijo adoptivo de Sarmiento, murió en esa trampa mortal de los paraguayos.