Jueves, 21 Noviembre, 2019 - 14:31

Regreso sin gloria
Por Luis Rodríguez Martínez (*)

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Nuevamente los ciudadanos de este bendito país, pausa de cuatro años mediante, estamos inmersos en el universo peronista. Pareciera que la población extrañaba el folklore del partido que siempre está regresando pero que nunca se va; se echaba de menos ese conjunto de prácticas fascistas, autoritarias, desdeñosas de las minorías disidentes, empero vaya a saber por qué misterio generan la sensación inexplicable de que regresa el orden y estamos distantes de la anarquía.

Sabemos todos que la sensación de inestabilidad y caos que se produce cuando el peronismo está fuera de la casa rosada proviene del espíritu beligerante, del acoso permanente y enconado al ocupante ocasional del gobierno, al que nunca terminan de reconocer legitimidad (el traspaso del mando de Cristina a Macri lo comprueba). Frondizi, Illia, Alfonsín y De la Rúa pueden dar cuenta de este aserto, pues ninguno de ellos finalizó su mandato.

Es evidente que el argentino teme más al desgobierno, a la anarquía, que a un presidente que ejerza de modo despótico el poder. En los últimos días, luego del desenlace electoral, las figuras más representativas del justicialismo han dejado en claro que EL IDEARIO Y PRAXIS POLÍTICA del partido permanecen in modificados. 

En buen romance, regresa la soberbia, la patota, la creencia de que el éxito electoral les da patente de corso para cometer las tropelías más extravagantes; desprecio absoluto por un cincuenta y dos por ciento de argentinos que no votaron por ellos, no merecen ser oídos por gorilas, cipayos, vendepatrias.

El alegato de barricada de Kiciloff la noche en que se conoció su victoria electoral no augura buenos pronósticos. Mas bien, nos lleva a la conclusión que la principal provincia del país va a ser gobernada por un centro de estudiantes que va a invadir la burocracia bonaerense. Con la mayor indulgencia, creo que se van a poner el distrito de sombrero porque no conocen otra manera de administrar diferente de la demagogia.

Regresa también el asedio de las corporaciones que dentro del mundo peronista pretenden sustituir al sufragio individual, idea central del corporativismo totalitario acuñado por Mussolini. Sindicatos, asociaciones patronales, unión industrial argentina, iglesia católica, parte de la prensa, todos defendiendo exasperadamente, con gran protagonismo sus demandas sectoriales, pero sin sentido de pertenencia al país ni molécula alguna de patriotismo.

 Las señales respecto de una mutación del partido hegemónico hacia formas más amigables de gobernanza son inexistentes. Por el contrario, conspicuos personajes del justicialismo han agitado el clima político, verbigracia, Hugo Moyano, que pidió "revisar lo que hicieron periodistas y medios" durante el macrismo, además de anticipar que con la llegada de Fernández a la Casa Rosada "empieza una nueva etapa con los medios y la Justicia".  

El espíritu revanchista de Moyano, quien adhiere a la idea de formar una CONADEP del periodismo para amordazarlo, es una demostración contundente de que el peronismo viene por todo.  Esperemos que sus ideas respecto de la prensa no se conviertan en política de estado.

Los gremios del sector energético (todos peronistas, pues para ser patriota en esta tierra hay que serlo) quieren una YPF fuerte. Presentarán un proyecto de ley para transformar al tema energía en política de estado; quieren blindar vaca muerta y todos los yacimientos convencionales y no convencionales, además de proponer la creación de un Ente Autárquico Federativo Regional Mixto de Vaca Muerta (fuente: cronista.com). ¿Se trata de una sugerencia o de una velada amenaza al próximo gobierno de que entrarán en lucha si no se aviene al programa político energético que propugnan?

A pesar que faltan treinta días para que el nuevo gobierno asuma, la CGT se prepara decididamente para cogobernar el país; las palabras del presidente electo son elocuentes: "El movimiento obrero organizado es parte del Gobierno que se va a instalar en la Argentina a partir de diciembre. Y esto no es un acuerdo político, nunca lo hemos hablado, es la convicción que tenemos", también insinuó que es hora de "restituir" los derechos de los trabajadores.

Mercedes Marcó del Pont volvió a escena y propone pesificar la economía, “una estrategia integral de desdolarización de la economía para poder avanzar en una fase sostenida de crecimiento y estabilidad” (Fuente cronista.com).

Sin ser experto en economía, pero apelando al sentido común, me parece imposible y delirante pretender que la gente no resguarde sus ahorros en dólares cuando en Argentina la inflación está próxima al sesenta por ciento anual. No se trataría de una quimera si viniésemos de diez años consecutivos con una tasa inferior al cinco por ciento, oportunidad en que nadie pensaría en acumular dólares para preservar sus ahorros.  

Por estos días el presidente electo fue criticado por sus excesos verbales, aunque en realidad la crítica no está centrada en la verborragia descontrolada sino en el contenido y sustancia de sus ideas. Si los indicios y señales que brindare respecto de su futuro plan de gobierno fuesen alentadores y razonables, nadie le atribuiría desbordes verbales; el problema es que todos los anuncios van en sentido de reeditar todos los vicios populistas del kirchnerismo corregidos y aumentados.

Trascendió en los medios que los economistas cercanos a Fernández proyectan generar un proceso de reactivación de la alicaída economía argentina aumentando el primer año un cuarenta y cinco por ciento la base monetaria. Hay que poner dinero en el bolsillo de los argentinos dicen, sobre todo teniendo en cuenta que Macri en su último año de mandato la incrementó solamente un siete por ciento y la inflación llegó al cincuenta. Infieren por ende que no es la emisión la que exclusivamente dispara la inflación.

Respecto del tema emisión monetaria, el kirchnerismo adhiere a la “Teoría monetaria moderna” que sucintamente explicada sostiene que la inflación es un fenómeno que no está ligado al exceso de creación de moneda sino a la confianza o desconfianza que el público deposita en ella. Mientras la comunidad acepte el signo monetario de curso legal, el estado puede emitir en la medida en que tenga recursos económicos reales.

Es la antítesis de la teoría monetarista que estima que la inflación es causada exclusivamente por el exceso de emisión monetaria sin respaldo económico con el propósito de cubrir desequilibrios fiscales.

Cualquier persona prudente es consciente de que nuestro país no está para aventuras económicas, para conejito de indias de teorías cuya verdad no se ha verificado científicamente. Mucho menos para adoptar una que subordine el control de la inflación a la confianza del público en una moneda inexistente como el peso argentino. Economistas consultados sobre este tema han profetizado un alto riesgo de hiperinflación.

(*) Abogado de Presidencia Roque Sáenz Peña.