Viernes, 15 Agosto, 2014 - 13:21

Raciones escolares vergonzosas: niños y adolescentes mal nutridos, desnutridos y anémicos
Por Rolando Núñez (*)

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

Frente a la pésima situación nutricional de muchos alumnos, que afectan o retardan la constitución de la salud neurológica y orgánica de los mismos, se implementó el Programa de Comedores Escolares y Refrigerio en los establecimientos educativos del sistema público, a cargo de la Subsecretaría de Políticas Socio-educativas del Ministerio de Educación del gobierno chaqueño.

Los padres son conscientes de la gravedad nutricional y socio-sanitaria de sus hijos, pero por los bajos ingresos de las familias chaqueñas son insuficientes los recursos que destinan para comprar alimentos, lo que naturalmente conspira contra una ingesta saludable, equilibrada y nutritiva. Sin embargo, poco pueden hacer para mejorar el suministro alimentario en las mesas familiares, a tal punto que en la mayoría de los casos la comida se reduce, prevalentemente, a una monodieta hidrocarbonada, que por acumulación ha generado mal nutrición y anemia generalizada en los pibes, con consecuencias inevitables, entre los cuales no se puede dejar de mencionar las dificultades de los niños para mantener la atención y la concentración necesaria para el aprendizaje escolar.

Se sabe que los niños de 7 a 10 años necesitan comer a valor de 2.000 calorías diarias, mientras que desde los 11 a 14 requieren 2.500 calorías. Las mismas, para ser equilibradas y saludables, según las reglas dietéticas ortodoxas deben estar compuestas un 50 % de hidratos de carbono ricos en fibra, un 35 % de lípidos (grasas) y un 15 % de proteínas (carnes, pescado, marisco, clara de huevo, lácteos, frutas, verduras, hortalizas y legumbres). Las dietas menos ortodoxas reducen la proporción de hidratos de carbono al 40 %, los lípidos al 30 % y elevan las proteínas al 30 %, que es la postura nutricionista más saludable para promover la salud y prevenir las enfermedades, que es la clave de la atención primaria de la salud, sistema que lamentablemente no se implementa en Chaco.

LA GRAN DEUDA SOCIAL: PIBES ULTRA RACIONADOS

El concepto de ración tiene un origen histórico vinculado con los períodos de escasez o de hambrunas, que a su vez se vincularon con procesos políticos dominantes en las distintas etapas de la evolución humana. El más recordado de los últimos fueron los campos de concentración del nazismo. Allí la “ración” era inferior a las necesidades de sobrevivencia. En la actualidad, los campos de refugiados derivados de las guerras fratricidas en África reinstalaron el concepto de la ayuda humanitaria por vía de las raciones alimentarias para los refugiados, que son de supervivencia.

En todos los casos, las raciones se entregan por falta o insuficiencia de comida, en distintos grados de carencia o inseguridad alimentaria. Siempre sobresale el hambre y la falta o escasez de comida diaria. A tal punto llegó la distorsión del acceso a la comida en Argentina que se institucionalizaron los programas complementarios de alimentación para alumnos en los comedores escolares y en los barrios pobres a través de los comedores comunitarios. Una de las trágicas marcas de la Argentina actual es el imperio de la “ración”, una verdadera vergüenza nacional, que nos pone en evidencia y en contradicción con nuestra propia y rica historia alimentaria. Es una muestra de la tremenda inequidad e injusticia del modelo político, económico y social impuesto en nuestro país desde las políticas neoliberales instaladas por la dictadura militar, profundizada por el menemismo y no revertida por el kirchnerismo. La desigualdad alimentaria es un verdadero escarnio. Es la gran deuda social argentina, que se destaca por su notable inmoralidad, y entabla la impiedad de quienes gobernaron y administran Argentina. El hambre y las “raciones” comprueban, de manera indiscutible, los verdaderos desatinos de los gobernantes. No cabe duda que la falta o insuficiencia de comida nutritiva diaria retrata a la clase política.

RACIONES SUBALIMENTARIAS

Se considera una “ración alimenticia” a la cantidad que debemos consumir habitualmente de un determinado alimento, lo que no implica el consumo estricto de nutrientes. Para que la alimentación sea cualitativamente equilibrada se debe tomar un determinado número de “raciones” de cada grupo de alimentos, por lo que cantidad y calidad deben ir de la mano. Si uno no es proporcional al otro, no podemos hablar de una “ración alimenticia” adecuada.

El segmento poblacional de niños escolarizados es el que debe estar asistido alimentariamente por el Programa de Comedores Escolares. Por las primeras informaciones publicada por el Ministerio de Educación a principio de año, serían 225.169 el total de alumnos de hasta 14 años que el Programa de Comedores asistiría para cubrir sus necesidades alimentarias. Sin embargo, al mes de junio la “ración” habría sido elevada a $2,80 por alumno, monto que naturalmente no permite la elaboración de un almuerzo equilibrado y nutritivo, sino que simplemente sirve para “llenar la pansa”, según las tasas de metabolismos promedios con las que se miden las actividades de los alumnos, comprendiendo las ligeras a moderadas y los períodos de descanso. El valor de la ración a mayo de 2013 era de $1,50, que a junio del mismo año se incrementó a $2,50, montos absolutamente insuficientes tomándose en cuenta el fuerte impacto del proceso inflacionario acumulado durante todo el año 2013, principalmente en los precios de los alimentos, que son los productos cuyos precios se encarecieron más que otros.

Un almuerzo nutritivo, que proporcione las calorías necesarias e indispensables para los alumnos, supone un valor básico de 14 pesos promedio por persona para chicos de 7 a 14 años, tomándose en cuenta los precios de las mercaderías en plaza al mes de junio, para que contengan hidratos de carbono, lípidos y proteínas en la proporción que garantice una ingesta balanceada y nutritiva. Sin embargo, los primeros datos recabados revelan que los almuerzos y refrigerios que se brindan en los establecimientos escolares del sistema de educación pública inexorablemente conducen a niños y adolescentes a estadios de mal nutrición, desnutrición y anemia. Los pibes son los petisos y gordos de la pobreza, justamente porque comen harina, grasa y los restantes hidratos de carbono. La inmensa mayoría de estos chicos, en la adultez, adolecerán de déficit o subdesarrollos neurológicos, mientras que en el plano de la salud orgánica presentarán complejas patologías óseas, en musculaturas y nerviaturas, de manera que no tendrán aptitudes suficientes para desempeñarse en tareas intelectuales y en trabajos pesados. Serán los inútiles del futuro inmediato, descartables o sobrantes. El esquema condena a nuestros pibes al infradesarrollo neurológico y los expone a enfermedades evitables. El universo de estos niños están expuestos a mas enfermedades y muertes prematuras. Son los más vulnerados desde los parámetros de morbi-mortalidad infantil y de adolescentes, y si llegan a adultos serán enfermos crónicos.

El escaso valor económico de la “ración” no cubre las necesidades alimentarias de los chicos que forman parte del universo de las familias en situación de pobreza e indigencia, lo cual define un modelo de gestión que no ataca las causas de las futuras enfermedades de los pibes, no previene las enfermedades y explica –al mismo tiempo- el escaso nivel de atención, concentración y memoria que impide o dificulta el necesario aprendizaje de los alumnos medido con los indicadores de calidad educativa. Esto también explica el crítico nivel de educación que predomina en Chaco. Quizás no se entendió o no se reconoció que el primer factor educativo es la comida. Todo indica que no se ha comprendido que la comida es el correlato de la salud y de la prevención de las enfermedades. Tampoco se entendió que la salud es el correlato de la vida. Este esquema permite comprender el actual cuadro socio-educativo y sanitario negativo que victimiza a amplios sectores sociales, especialmente a los niveles de mayor vulnerabilidad (niños y adolescentes), que están malcomidos.

LOS ÚLTIMOS ANUNCIOS CORROBORAN LA SUB-ALIMENTACIÓN DE LOS ALUMNOS

Por reflejos mal entendidos y odioso, el Ministerio de Educación salió a ponderar el financiamiento y el funcionamiento de los comedores escolares. Esta semana señalaron que son 1750 las escuelas con comedores y que asisten alimentariamente a 235.000 alumnos, con una inversión total cercana a los 135 millones de pesos en el marco del Plan Nacional de Seguridad Alimentaria para alumnos de 4 a 13 años. Insólitamente publicitaron que los pibes comen “menúes variados y rico nutricionalmente”. Esta información corrobora todas las críticas que se vienen concentrando contra los comedores escolares. La gacetilla de prensa del Ministerio de Educación es prácticamente una confesión de que efectivamente a los chicos se les “llenan la panza” con hidratos de carbono, o sea que no consumen una alimentación equilibrada y nutritiva. Esto es fácil de advertir desde la propia publicación del Ministerio porque reconocen que el valor de la ración diaria por alumno sería de 3,19 pesos, que surge de dividir la inversión anual anunciada (135 millones) por el total de alumnos que concurren a los comedores escolares (235.000), tomándose en cuenta 180 días de clase.

En realidad, si se dedujeran los insumos no comestibles y los restantes gastos de elaboración de la comida, queda en claro que el valor real del alimento que los pibes diariamente llevan a la boca vale o cuesta 2,80 pesos, lo que ratifica publicaciones anteriores que en tal sentido realizó el Ministerio de Educación. En definitiva, es extrema la brecha entre el valor real (14 pesos) de un almuerzo que contenga las calorías que necesitan ingerir los alumnos por día confrontado con la comida que se entrega en los comedores escolares. Concretamente, la brecha negativa se valoriza en 11,20 pesos, que significa que diariamente los chicos solamente ingieren en el almuerzo el 20% de las calorías que necesitan, suponiendo que están sanos y bien nutridos. O sea que todo el universo de pibes que se alimentan en los comedores escolares están expuestos a riesgos concretos de mal nutrición, desnutrición y anemia, si es que ya no están en tales condiciones, salvo que en sus hogares puedan comer las calorías que no entrega el sistema alimentario de comedores escolares, lo cual es muy improbables en los núcleos familiares que están por debajo de las líneas de pobreza e indigencia.

MALCOMIDOS

Los niños/adolescentes malcomidos están mal constituidos desde el punto de vista biológico, mental y emocional. Están modificados. Es frecuente advertir en ellos depresión, estrés y ansiedad, que habitualmente se canalizan por la violencia y las agresiones. Por mal comidos, muchas veces se exteriorizan abúlicos, desinteresados y decepcionados. Tal vez sean consientes de que no avanzan en función de los escasos resultados que obtienen. Llegan al extremo de sentirse vencidos. En estos casos, claudican y se rinden, amoldándose y resignándose a la realidad tal cual perciben. El entorno próximo conspira contra la individualidad de estos niños adolescentes, muchos de los cuales se repliegan y luego se lanzan por vía de las adicciones, la violencia y el delito, ante un sistema familiar, social, educativo y sanitario que no los contempla y no los contiene. Viven al día. Están sin proyecto de vida. No confían en llegar a adultos y, menos, a viejos.

(*) Coordinador del Centro de Estudios Nelson Mandela.