Lunes, 7 Septiembre, 2020 - 14:22

Pequeñas delicias de la vida abogadil
Por Daniel Ávila (*)

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

En la semana que pasó ocurrieron varios hechos que dispararon situaciones diversas dignas de ser comentadas y no porque las mismas representen un hecho placentero.

De ahí el título de la nota que parafrasea al maestro Charly García que se refería de este modo a la vida conyugal en su mítico disco “Instituciones” que marcaba el final del icónico y trascendental dúo “Sui Generis” en la década de los 70’.

Falleció una colega, la Dra. Analía S. Donner, víctima de un hecho de inseguridad. La asesinaron. En pleno centro y a la luz del día. Lamentable. Repudiable.

La colega, que tuvo una activa vida gremial, fue secretaria del Colegio de Abogados en gestiones anteriores. Al igual que su padre, era brillante y generosa.

Probablemente hubiera querido que los representantes de la actual gestión del colegio de Abogados se hubieran expresado en términos más precisos desde el punto de vista técnico al hecho delictivo que le costara la vida.

Sin embargo, la cara visible –siempre visible- de la asociación que nuclea a los abogados de la 2da. Circunscripción Judicial, urgido por su necesidad inagotable de protagonismo, no dejó pasar el infausto suceso para ir a los medios y expresar su opinión. 

Opinión que, luego, replica en los grupos de whatsapp que integra y demás redes sociales.

Obviamente con la pertinente fotografía adicional que da cuenta de quién se trata, no sea cosa que haya confusiones.  

Así, este incipiente hombre de la política o con pretensiones de incursionar en esa área dijo con elocuencia a medios digitales, que exigirían mano dura a la justicia, “que es momento de decir basta”.

Y, finalmente, adelantó que el Colegio de Abogados enviará un proyecto de ley a la Cámara de Diputados para endurecer las penas, y calificó al hecho criminal en cuestión como “homicidio culposo” y que lo más “probable es que lo dejen libre” (al homicida).

Justo es decir, que nos dio una verdadera lección de todo lo que no aprendió en la Universidad o en años de profesión.

En primer lugar, el delito cometido contra la Dra. Donner es Homicidio en ocasión de robo (Art. 165 del C.P.) con un mínimo de pena de diez años y sin posibilidades de excarcelación.

Imposible que recupere la libertad el delincuente, al menos en muchos años.

Por ello, no hace falta agravar las penas ni reformar el Código Penal en razón de que esta situación está, perfectamente, tipificada en el ordenamiento que nos rige y hay una Codificación nueva que actualiza y amplía la normativa vigente producto del trabajo que llevara a cabo el Dr. Mariano Borinsky, Juez de la Cámara Federal de Casación Penal y está a la espera de su aprobación en el Congreso.

Como vemos esta politiquería barata, que se hace en nombre del Colegio de Abogados, no nos deja bien parados y se torna imperioso aclararlo.

Lo importante es mostrarse. Expresarse frente a cada acontecimiento marcando presencia.

Hay tiempo para analizar si lo que se dijo era lo atinado o un disparate indigno de quien ocupa un cargo que incluye a una pléyade de abogados serios y estudiosos.

Y podía haber sido un hecho pasible de dejarlo con llave en el arcón de los papelones. 

Pero el día anterior este mismo profesional con motivo de haber entregado medallas a los colegas que cumplieran 25 y 50 años de trayectoria, publicitaba esta costumbre centenaria y muy arraigada en todos, con un grandilocuente “seguimos con la transformación institucional”!

El modo ATR  de conducirse -como dicen los millennials- lleva a que se cometan estos despistes que no hacen más que mostrarnos la degradación que vienen sufriendo, precisamente, las instituciones en los últimos tiempos.

Nada se mide por la capacidad, la formación o el comportamiento adecuado para cada circunstancia.

Todo es marketinero. Mueren en la intención de construir su propio relato.

Ser protagonistas de su épica.

John Locke filósofo del siglo XVII decía que cuando las palabras no coinciden con la realidad “peor para la realidad”. En otras palabras, los datos matan el relato.

Es evidente que poco importa la correlación entre lo que se dice y el conocimiento. Entre lo que se dice y la conducta que pueda sostener esos dichos.

La dinámica vertiginosa del día a día, hace que las palabras de hoy puedan ser, fácilmente, olvidadas por otras que resonaran mañana.

Así, es indiferente si nos esforzamos en tratar de ser mejores. No interesa el ejemplo. 

Hay una auto sobrevaloración que conduce al convencimiento de gozar cierta inmunidad al absurdo y los lleva, como en este caso, a situaciones que, por cierto, no son para nada una delicia.

Ya nadie se come el amague.

No hay antídoto contra el ridículo.

(*) Abogado. Presidencia Roque Sáenz Peña.