Martes, 15 Octubre, 2019 - 20:00

Parto humanizado: la ley que obliga a respetar a la mujer durante el embarazo

¿Cómo es posible que las mujeres necesitemos de una ley para que se nos respete durante el embarazo?; ¿Acaso no debería ser algo natural y propio del ser humano?
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Seis amigas tuvieron hijos en los últimos cinco años, todas ellas quisieron tener un parto natural, habían decidido traer a sus hijos al mundo mediante el trabajo de parto, querían sentir esa "conexión" que tantas otras madres aluden tener. Sin embargo, de las seis sólo una logró hacerlo.
 
Por diversos motivos, los médicos decidieron-hasta incluso en el último momento- que la cesárea era la única vía posible. Más allá de no saber a ciencia cierta si el médico estaba en lo correcto o no, cinco de estas seis mujeres confiaron en su palabra y dieron a luz por cesárea.
 
Las estadísticas que maneja el director del hospital-público- Julio C. Perrando, José Bolaño, indican que en 2018 nacieron más de 6.000 bebés, de los cuales, alrededor de 1.500 fueron por cesárea. Es decir, un 25%.
 
Dicho número dista mucho de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud, la cual considera que la tasa ideal de cesárea debe oscilar entre el 10% y el 15%, y lo sostienen desde hace más de 30 años. También, desde entonces, "las cesáreas son cada vez más frecuentes tanto en países desarrollados como en países en desarrollo", aseguran desde el organismo.
 
Pero la pregunta es: ¿Las mujeres prefieren la cesárea o son más bien, inducidas a hacerlo?
 
De las seis mujeres entrevistadas, sus respuestas coincidieron en cuanto a su deseo de tener un parto natural. No así, respecto de "los inconvenientes" con los que se encontraron a la hora de hacerlo. 
 
Por diversos motivos, cinco de ellas debieron proceder a una cesárea -pese a que durante todo el embarazo habían congeniado con su médico en un parto natural- los fundamentos de éstos fueron: "un embarazo de alto riesgo"; "el peso o posición del feto";  "la cantidad de semanas";  "la dilatación necesaria"; "la placenta y sus nutrientes". 
 
Lo cierto es que cada madre sabrá-o no- si su médico le dijo la verdad o prefirió hacerlo de forma "rápida y lucrativa".
 
La cesárea, explica el estudio de la OMS, "cuando está justificada desde el punto de vista médico, es eficaz para prevenir la morbimortalidad materna y perinatal. Sin embargo, no están demostrados los beneficios del parto por cesárea para las mujeres o los neonatos en quienes este procedimiento resulta innecesario". Además -continúa- "como en cualquier otra cirugía, la cesárea está asociada a riesgos a corto y a largo plazo que pueden perdurar por muchos años después de la intervención y afectar a la salud de la mujer, y del neonato, así como a cualquier embarazo futuro. Estos riesgos son mayores en las mujeres con escaso acceso a una atención obstétrica integral".
 
En el año 2004, en Argentina, se sanciona y se promulga la Ley de Parto Humanizado (Ley 25.929). Once años después se reglamenta. En ese intervalo de tiempo-durante el cual la ley no fue aplicada- "surgieron una serie de prácticas y discursos contradictorios y en constante tensión", comenta Núria Calafell Sala, investigadora del CONICET, en su artículo "La violencia obstétrica y sus modelos de mundo".
 
Uno de ello-continúa Sala- "es el que concierne a lo que se ha dado en llamar 'violencia obstétrica', una expresión muy nueva y reciente que pretende dar cuenta de las prácticas y los discursos médicos que ejercen algún tipo de violencia –física, psíquica o verbal- sobre las mujeres y las niñas en el ámbito de la salud reproductiva, en especial durante los períodos del embarazo, el parto y el postparto".
 
Pero ¿qué es la violencia obstétrica?
 
El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación la describe como aquella práctica que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización (mostrar como problemas de salud a características biológicas o a eventos vitales que, en realidad, no lo son) de los procesos naturales.
 
Ésta constituye una de las tantas formas de violencia y discriminación que sufren las mujeres y es producto de la intersección de otros tipos de violencias y vulneraciones: violencia de género, violencia institucional en el ámbito de la salud, vulneración de derechos sexuales y reproductivos, entre otros.
 
La violencia obstétrica puede afectar a la mujer y a su hijo durante el embarazo, el parto e incluso el post parto. Se manifiesta mediante prácticas, conductas, acciones u omisiones, sobre la mujer y el recién nacido, realizada por los profesionales de la salud que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, afectan el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres.
 
¿Cuáles son tus derechos?
 
La ley de Parto Humanizado (ley 25.929) reconoce tu derecho a:
 
Ser informada sobre las distintas intervenciones médicas que pudieren tener lugar, para que puedas optar libremente cuando existieren diferentes alternativas.
 
Ser tratada con respeto, garantizando tu intimidad y teniendo en consideración tus pautas culturales y necesidades.
 
Ser considerada como persona sana, de modo que se facilite tu participación como protagonista de tu propio parto.
 
Un parto natural, donde se eviten las prácticas invasivas y el suministro de medicación que no estén justificados por tu estado de salud o el de tu bebé.
 
Ser informada sobre la evolución de tu parto, el estado de salud de tu bebé y a ser partícipe de las diferentes actuaciones de los profesionales.
 
Elegir una persona de su confianza para que te acompañe durante el trabajo de parto, parto y postparto.
 
Tener a tu lado a tu hijo o hija durante la permanencia en el establecimiento sanitario, siempre que el recién nacido no requiera de cuidados especiales.
 
Que no te discriminen.
 
Malena Pichot en uno de los capítulos de su producción "Cualca" refleja-con humor- lo antes mencionado y se pregunta: ¿Es necesario que exista un ley para que se respete a la mujer en semejante estado de vulnerabilidad?
 

Autor: 
Agostina Cechetto