Miércoles, 6 Agosto, 2014 - 10:52

“Nunca más Hiroshima”
Por Alicia Terada (*)

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Hoy como y cada 6 de agosto, el pueblo de Hiroshima ora por la paz y repite sin cesar, “nunca mas Hiroshima”

De igual manera, cada uno de nosotros debemos unirnos a esta prédica, aprendiendo de la historia y comprendiendo que la seguridad significa, resguardo contra la amenaza de la enfermedad, el hambre, el desempleo, el delito, el conflicto social, la represión política, la destrucción del medio ambiente y erradicar la cultura de la violencia.-

 A 69 años de aquel genocidio, nada preocupa tanto a los fines de la seguridad mundial como la cuestión de las armas nucleares y la amenaza que ellas representan, dado su poder de exterminio de toda la civilización humana y de todo ser viviente. Recuerdo que,  en el año 2.006 por invitación del Gobierno Japonés participé de un Encuentro de Legisladores y Funcionarios Descendientes de Japoneses de Latinoamérica, en dicha oportunidad, visitamos la Provincia de Hiroshima y en especial, pudimos recorrer el Museo Histórico y los restos del único edificio (donde funcionó la Cámara de Comercio de la localidad)  que aún se mantiene como mudo testigo de la primer bomba atómica que se uso contra seres humanos.

 Al comenzar el recorrido del Museo, un guía nos narraba que el día 06 de agosto de 1.945, cercano a las 8 de la mañana, se produjo la caída de la bomba atómica, un hongo de fuego que destruyó  en 15 segundos la ciudad de Hiroshima, dejando un desierto de cenizas y cadáveres horriblemente quemados.

 Muy pocos sobrevivieron por desgracia. Otros, fueron aniquilados por el fuego y la descarga expansiva de mas de 30  km, que alcanzó a destruir vidrios, que luego se incrustaron en los cuerpos de los seres humanos.

 Los pocos sobrevivientes, que por días y semanas quedaron sin agua ni comida, sufrieron las consecuencias de esta catástrofe; sentimentales, psicológicas, como biológicas y genéticas.

Las quemaduras, aniquilaron sus células para siempre, sin posibilidad de poder cicatrizar y con graves  infecciones, incurables.

El agua lluvia que bebieron a las horas de la explosión, era altamente peligrosa y sus vidas corrieron  peligro genético. Con el pasar de los años nacían bebés desformados,  los que vivían unos pocos años.El aire que respiraban, secaban sus pulmones cada día mas y el cáncer, era inevitable.

El daño psicológico, fue la parálisis total de los sobrevivientes y los rescatistas no podían creer lo que veían y se sentían impotentes ante tanto dolor y horror.

Se calcula que los muertos sumaron más de 130.000 en ese momento; pero hay personas que, aún hoy, siguen padeciendo enfermedades por las secuelas de la explosión atómica.

Uno de los testimonios de sobrevivientes de Hiroshima: Su nombre es Kodama Mitsuo, es un anciano  hoy de 81 años de edad y ha padecido a lo largo de su vida, diversos tipos de cáncer algunos, muy raros y simultáneos, derivados de la radiación a la que fue expuesto en su niñez.  El tenía entonces 12 años y estaba en la escuela, junto con otros 300 niños tomaba clases cuando Estados Unidos decidió liberar la bomba atómica sobre una ciudad que en esos momentos realizaba actividades normales.

Kodama Mitsuo recuerda lo que ocurrió entonces, la pesadilla que inició con un esplendor, el hongo de cenizas y fuego y como la lumbre y la intensa radiación provocaron la muerte de sus compañeros de juegos. De 300 alumnos que había en su escuela apenas a unas cuadras del sitio exacto donde cayó la bomba, solo 19 sobrevivieron, los otros quedaron despedazados y quemados vivos, o con lesiones tan severas que muy pocos días después les causaron la muerte.

La educación Japonesa los hacía ser valientes y en lugar de llorar o gritar llamando a sus padres, empezaron a cantar el himno de la escuela, los que podían hacerlo.

Mitsuo salió de la escuela finalmente y caminó al norte, encontró un refugio y se acomodó en una fila, algunos sollozaban, pero el sonido que el recuerda es el de la respiración desesperada por un sorbo de agua.  Era una pesadilla y entonces se salió de la fila para seguir caminando, buscando otro lugar, finalmente Mitsuo llegó a su hogar, sus padres y sus hermanos estaban bien, su padre no estaba en su trabajo en el centro de la ciudad ni su madre, eso les había salvado la vida. Pero otros no corrieron la misma suerte, miles de personas murieron en el momento, y meses o años después a causa de estas bombas y la radiación que emanaron sobre el pueblo de Japón

Hoy en  día, nada preocupa tanto a los fines de la seguridad mundial, como la cuestión de las armas nucleares y la amenaza que ellas representan, dado su poder de exterminio de toda la civilización humana y de todo ser viviente.-

La persistencia de los conflictos exige a las naciones la compra de más armamentos y la tenencia de armas nucleares, lo cual alimenta a perpetuidad la espiral de violencia. Recordemos, la reciente declaración de Corea del Norte, sobre el armado y la posesión de potentes bombas atómicas, como clara amenaza hacia todos los países vecinos.-

Por otro lado, a fuerza de desviar  hacia partidas militares fondos públicos destinados a fines sociales y económicos, se termina generando el agotamiento de recursos que deberían servir para atender necesidades básicas de la población. Este empobrecimiento amenaza la estabilidad social y el desarrollo, que son dos condiciones sobre las cuales se asienta la idea de la Paz.

Para arribar a una solución definitiva y de alcance mundial, es indispensable abolir las armas nucleares. Esta meta expresa, al mismo tiempo, la firme determinación del hombre de poner término a una cultura de violencia, respetando la dignidad de la vida y luchando activamente para la construcción de la Paz.-

Es por ello, que cada 06 de agosto el pueblo de Hiroshima, ora por la Paz y repite sin cesar, “nunca más Hiroshima”. De igual manera, cada uno de nosotros debemos unirnos a esta prédica, aprendiendo de la historia y comprendiendo que la seguridad significa, resguardo contra la amenaza de la enfermedad, el hambre, el desempleo, el delito, el conflicto social, la represión política, la destrucción del medio ambiente y erradicar la cultura de la violencia.

(*) Referente política del ARI-Chaco.