Martes, 1 Octubre, 2013 - 20:57

No se puede tapar la realidad con un CEDIN
Por Marcelo Bátiz

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Si al Gobierno le faltaba alguna prueba que demostrara su ineficacia para contener la fuga de divisas y la desconfianza que su política despierta en inversores de todos los tamaños, el tercer trimestre de 2013 no pudo ser más contundente.
 
Entre julio y setiembre, a pesar de los esfuerzos por sumar adeptos, apenas pudo colectar unos 341 millones de dólares con sus CEDIN, pero la suma de restricciones que conforman el cepo no fueron suficientes para impedir que las reservas del Banco Central cayeran 2.159 millones de dólares en el mismo lapso.
 
Como un mal aprendiz de albañil que pretende saber más que un ingeniero, Guillermo Moreno emprendió la tarea de intentar reparar los vicios de construcción de la economía kirchnerista. El fracaso de la gestión queda a la vista cuando las manos y los pies ya no alcanzan para tapar las goteras por donde fluyen los dólares de la desconfianza: por cada dólar ingresado por los CEDIN, se fueron 6,32 de las arcas de la autoridad monetaria. 
 
Nada indica que con la prórroga para el cuarto trimestre los resultados sean diferentes, ni que el lunes 28 de octubre el poder de convicción de Moreno surta los mismos efectos que hoy sobre los empresarios, cuyos empleados comenzaron a tomarle el gusto a realizar protestas frente al despacho del supersecretario.
 
Empecinarse en una prórroga, además de su inutilidad desde el punto de vista económico, deja en evidencia la nula intención oficial de admitir un error, más allá de las declaraciones de Ricardo Echegaray y Aníbal Fernández. Pero el problema excede la voluntad de un funcionario y un legislador que no tienen jurisdicción sobre el asunto.
 
Porque Moreno, como con el INDEC, el comercio exterior, el mercado de cambios, el agro y la ganadería, teóricamente tampoco tiene incidencia sobre un blanqueo de capitales al que cuesta incluir en lo que un organigrama normal clasificaría como "Comercio Interior". El decreto 1503 de prórroga no lleva su firma sino la de sus superiores Juan Manuel Abal Medina y Hernán Lorenzino. Si el ágrafo Moreno consigue sus propósitos, se debe al apoyo incondicional de la otra suscriptora del decreto, la presidenta Cristina Fernández.
 
Sólo resta que los que ponen la cara, la firma y el riesgo de afrontar consecuencias legales, salgan a explicar si Moreno vale tanto. Nada más. Nada menos.
 
Fuente: 
Para Agencia DyN