Jueves, 11 Abril, 2019 - 12:15

Napalpí: la farsa continúa
Por Vidal Mario*

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Una anciana toba fue llevada desde el Chaco a Buenos Aires para ser “homenajeada” por tres legisladoras nacionales chaqueñas del Frente para la Victoria.

Atribuyen a la aborigen condición de “sobreviviente” de una matanza de indios tobas y mocovíes ocurrida hace 95 años en el sitio hoy conocido como Colonia Aborigen Chaco.

Dicho episodio sucedió el 19 de julio de 1924, y se lo conoce como Masacre de Napalpí.

El acto, organizado por las legisladoras Analía Rach Quiroga, Lucila Massín y María Inés Pilatti, fue el pasado miércoles al mediodía en el Anexo del Congreso Nacional.

Esta historia se inició el año pasado, cuando el docente toba Juan Chico anunció el “hallazgo” de otra sobreviviente de aquella masacre, llamada Rosa Grilo.

El descubrimiento ocurrió, dijo, en Colonia Aborigen Chaco, jurisdicción de Machagai.

Uno de los primeros en visitar a la anciana, a la que dan edades que oscilan entre los 100 y los 105 años, fue el gobernador Peppo, quien la calificó de “reliquia viviente”.

Pero la promocionada aparición de esta nueva “sobreviviente” es una farsa, a la que siguen dando rodaje.

Técnicamente imposible

Técnica y documentalmente, es imposible que esa anciana sea una sobreviviente del referido hecho.

Se entiende por ello que hasta el momento sus supuestos descubridores no hayan podido certificar o presentar pruebas documentadas que hagan creíble la historia.

No es creíble ni tiene sentido y menos aún lógica lo que supuestamente confesó la anciana a su descubridor: que en un avión que sobrevolaba la zona en el momento del ataque vio que el copiloto estaba armado con un rifle de repetición.

Se dice que ella no conocía el caramelo que supuestamente arrojaban desde el aparato. Si no sabía lo que es un caramelo se supone que menos sabría lo que es un rifle de repetición.

Lo del avión arrojando caramelos sobre la aldea para hacer salir a los aborígenes al claro y acribillarlos a balazos es otra ficción añadida a la historia.

La presencia del referido avión se registró un día antes del ataque, y así lo consigné en mi libro “Napalpí, la herida abierta”, publicado en febrero de 1998:  “A las 11:15 del 18 de julio de 1924 partió de Resistencia el avión “Chaco II” piloteado por el director de la Escuela de Aviación del Aero Club Chaco, sargento Emilio Esquivel, acompañado de un tal Juan Browis. Misión: reconocer la exacta posición geográfica de los indios “revoltosos”. Éste reconocimiento fue de suma utilidad para que las fuerzas policiales cerraran el círculo en torno de los indios concentrados en la reserva de Napalpí…”.

Lo del avión arrojando caramelos a los indios minutos antes del ataque y lo del copiloto armado de un rifle a repetición que Rosa Grillo asegura haber visto es otro de los tantos mitos historiográficos que andan circulando por allí.

Los mitos historiográficos –como éste- son fábulas que no tienen ninguna fundamentación.

Si se puede lo más con más razón se puede lo menos. En el Chaco se inventó una masacre supuestamente ocurrida en El Zapallar, hoy General San Martín.

Si se pudo inventar una masacre que en realidad no existió y hasta un monumento le hicieron, con más razón se puede inventar una sobreviviente.

Hubo anteriormente otras sobrevivientes, llamadas Melitona Enríque y Rosa Chará. Estas sí eran figuras creíbles como testigos de la matanza de Napalpí.

“Juicio por la verdad”

Algunos siguen sosteniendo que la Reducción de Napalpí fue creada para el amontonamiento de aborígenes esclavos que sirvieran de mano de obra barata.

Tal afirmación como mínimo es una falta de respeto a la figura histórica de aquel notable científico, escritor, conferencista, político socialista y fundador de la Universidad Popular de Resistencia que fue Enrique Linch Arribálzaga.

La prédica de quien fuera fundador y primer administrador de la Reducción era: “La esclavitud no habrá terminado en la Argentina mientras existan indios que sean parias”.

Es cierto que unos trece años después de la fundación de la misma, gobernadores corruptos como Centeno e irregularidades administrativas terminaron pudriendo lo que tan auspiciosamente había comenzado en el año 1911.

Pero también es cierto que la razón que a comienzos del siglo XX llevó al Estado nacional a crear dos reducciones, una en Formosa y otra en el Chaco, fue mejorar la situación del indio.

En cuanto al “juicio por la verdad” que para el caso de Napalpí sigue sosteniendo la Fiscalía Federal con sede en Resistencia, tampoco tiene sentido.

Hace ya 95 años que se sabe la verdad: en Napalpí hubo masacre. Ya no hace falta un juicio.

Hace catorce años, en el 2004, una Asociación aborigen presentó una demanda judicial por dicha matanza, pero fue rechazada por el gobierno de Néstor Kirchner.

Siete años después, el 1de febrero de 2011, el abogado Carlos Alberto Díaz y quien esto escribe presentaron todas las pruebas documentales de la masacre, que el anterior juez federal de Resistencia, Carlos Skidelski, ignoró.

El juicio no debería ser por la verdad, que ya es sabido. Debería ser por una efectiva reparación al pueblo aborigen que hace ya casi un siglo fue víctima de tan horrendo hecho.

Monumento

Debería haber un monumento conmemorativo de la tremenda masacre de Napalpí.

En ese sentido, hace tres años presenté en la Legislatura chaqueña un proyecto de llamado a concurso de escultores chaqueños para su diseño y construcción.

Tratado en el recinto, el 30 de noviembre de 2016 dicho proyecto se convirtió en Ley 7.923.

Hasta el momento, sin embargo, esa ley no ha recibido respuestas del gobierno provincial.