Miércoles, 14 Agosto, 2019 - 11:35

Nada para festejar
Por Luis Rodríguez Martínez (*)

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El domingo el soberano ha dado su veredicto en esta suerte de encuesta obligatoria que implican las PASO, y la fórmula más votada fue Fernández/Fernández. 
 
Automáticamente, sus partidarios comenzaron a saturar las redes sociales con mensajes que, más que reflejar algarabía por el triunfo, fueron infamias y burlas para el presidente Macri. 
 
Sin embargo, trátase de una votación que no define sino internas partidarias, pues en términos políticos la expresión “primarias” connota una elección hacia dentro de cada partido. 
 
Como los argentinos somos tan creativos, a estas primarias le asignamos el carácter de OBLIGATORIAS y, he aquí la más brillante originalidad, ABIERTAS, pues permiten a todo el electorado participar de ellas, cuando en el resto del mundo es requisito inexcusable estar afiliado al partido de cuya interna se participa. 
 
Es inimaginable que en EEUU un demócrata participe de la primaria republicana y viceversa.
De todas maneras, el mensaje de las urnas fue contundente, y confirma que ningún presidente en ejercicio que lleva a cabo un ajuste económico gana una elección. 
 
Vaya mi felicitación para los adherentes al partido triunfante; lo que me resulta incomprensible es el festejo prematuro y las lecciones de política que nos dan los personajes más mentados en televisión y frente a todo micrófono que tienen cerca. Justamente ellos, que hace menos de cuatro años entregaron el país en una condición de debilidad extrema de la que todavía no podemos recuperarnos.
 
Esta gente, en caso de confirmarse en las generales el veredicto de las PASO, ¿es consciente de los desafíos que tienen por delante? A juzgar por las celebraciones y las chanzas que vemos en las redes sociales parece que no. El próximo gobierno va a asumir sujeto a un endeudamiento que el país debe inexorablemente honrar si no quiere quedar marginado de los organismos  internacionales de crédito, con un precio de la soja y demás materias primas notablemente inferior al vigente cuando Néstor Kirchner  accedió al poder, en un contexto internacional convulsionado por la guerra comercial entre EEUU y China, sin la posibilidad de evadir el cumplimiento de los compromisos financieros de la Nación (salvo se declare el repudio de la deuda). 
 
Tampoco los compañeros tienen en cuenta que los mercados, en lo que a inversión directa compete, le han bajado el pulgar al estado argentino, tan es así que fue menor durante el mandato de Macri que el de Cristina. En buen romance, no obstante ser Macri un gobernante respetuoso de la institucionalidad y confiable respecto del cumplimiento de las obligaciones financieras del país, las empresas extranjeras no arriesgan inversiones en Argentina, demostración elocuente que más que discriminar un gobierno concreto la desconfianza esté centrada en la Nación.  
 
Será imposible hacer demagogia y populismo con las arcas vacías, de modo que el horizonte de los próximos años no augura jubileo alguno, más bien sacrificios y austeridad. 
 
Las dificultades que se vislumbran no están condicionadas exclusivamente por factores exógenos; hay interrogantes que la oposición no ha develado, verbigracia, cuál será la relación de poder entre Alberto y Cristina. Es un enigma complejo para desentrañar la dinámica de poder en caso de triunfar la fórmula Fernández/Fernández. 
 
La coexistencia puede dar lugar a diversas alternativas: a) Luego de asumir, Alberto renuncia o alega enfermedad y el mandato es continuado por Cristina, reeditándose la estrategia “Cámpora al gobierno, Perón al poder”; b) El poder es ejercido por Alberto pero condicionado severamente por Cristina y su hijo Máximo (léase la Cámpora); c) Siguiendo experiencias políticas precedentes, inmediatamente Alberto se independiza de Cristina y ejerce el poder libremente y sin ataduras, situación que no se dirimirá sin sobresaltos para el país (frescos están los episodios de tensión suscitados entre Menem y Duhalde y entre éste y los Kirchner). La última variante confirma que en el justicialismo la “lealtad” se ejerce solamente en la efeméride y la deslealtad prevalece los trescientos sesenta y cuatro días restantes del año. 
 
Es un hecho irrefutable que el peronismo, y en mayor medida su versión kirchnerista, generan rechazo para el mundo de las inversiones y finanzas internacionales. La reacción fue inmediata, riesgo país por las nubes, devaluación del peso, aceleración de la espiral inflacionaria, deterioro de las expectativas económicas, etc. Hasta ahora no hubo ninguna declaración de Alberto o Cristina en el sentido de que serán honrados las obligaciones contraídas por el país con el FMI, tampoco que el tratado con la Unión Europea será ratificado por el Congreso, todas señales negativas para el prestigio y confiabilidad del país. 

Sinceramente, creo que nada alienta el optimismo ni cabe festejar.

(*) Abogado. Presidencia Roque Sáenz Peña.