Sábado, 18 Julio, 2020 - 09:56

Monseñor Bernard Quintard, un pastor sin pelos en la lengua

Por Vidal Mario (*)

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042
Hoy sábado serán sepultados en el cementerio de Saint Félix de Lunel (Francia) los restos de monseñor Bernard Quintard, ex vicario de la Diócesis de Resistencia y párroco de Puerto Tirol, Charadai y otras localidades del interior chaqueño.
 
Falleció sorpresivamente el martes pasado, a los 68 años y cuando todavía tenía mucho para dar.
 
Era un pastor sin pelos en la lengua. Así lo certifican estas declaraciones suyas de noviembre de 2001:
 
“Lo que percibo en el Chaco es mucha nostalgia. Veo nostalgias en los dueños de las tierras, en los maestros, en los empleados públicos y en otros sectores. Todo el mundo es nostálgico. El problema es que no podemos vivir de la nostalgia. No podemos seguir soñando con la Galicia de donde vinimos, o de Italia, o, en mi caso, de Francia. Estamos acá, y es acá y ahora donde tenemos que hacer país. Acá tenemos que hacer vida. Pero somos hombres de poca fe en el presente, en el futuro, y en los demás. Especialmente esto último se nota en el hecho de que cuando alguien intenta hacer algo enseguida se lo sospecha. Esa sospecha casi sistemática del uno hacia el otro es un espejo que refleja una falta de confianza en sí mismo. En ésta provincia donde ya no hay tiempo que perder veo una dirigencia política que sigue apasionada por la cultura de la pérdida de tiempo”.
 
………………
 
“Sobre el diálogo político auspiciado y motorizado por monseñor Giaquinta, yo diría que se trata de algo que se empezó pero que no está concluido para nada. El diálogo está abierto y a disposición de todo político. Pero la Iglesia tiene un problema: no es escuchada por la dirigencia política. Es que ahora la dirigencia política tiene una preocupación mayor, que es el derrumbe de las ideologías tradicionales. Es por eso que cada vez más políticos hoy tienden a convertirse en tecnócratas, en economicistas. Esto es un error. No es tecnocracia economicista lo que la sociedad reclama. Lo que el pueblo quiere y pide a los políticos es que cuiden bien la “polis”, la vida común, y que no se conviertan en empresarios ávidos de acrecentar sus riquezas personales”.
 
………………
 
“Si en lugar de ser sacerdote yo fuera político, abriría ante mí dos caminos posibles: la búsqueda de una seguridad de ser siempre reelecto, o quedar en la historia como alguien que permitió algo positivo. Y elegiría este último camino”.
 
………………
 
“Mucha gente se proclama católica, pero un día abrimos el diario y encontramos una noticia que nos hace exclamar: “Si éste es cristiano, ¿dónde están los cristianos?”.
 
………………
 
“Cuando alguien dice: “Me voy a salvar yo, o a mis hijos, o a mi grupo, o a mi organización, y que los demás revienten” está traicionando a Jesús. Un empresario que explota a sus empleados haciéndolos trabajar incluso un Viernes Santo, como ha pasado aquí en Resistencia está traicionando a Cristo. Un gobernante que gobierna sólo para beneficio de un grupo también incurre en un acto de traición a Jesús. Porque él dijo claramente: “Lo que le hiciste o no le hiciste a tu prójimo, a mí me lo hiciste o no me lo hiciste”. Por muchas cosas, afirmo que la sociedad actual sigue ofreciendo demasiados ejemplos de traición a Cristo”.
 
………………
 
 “Ante esas puertas abiertas que vimos en Resistencia el pasado Viernes Santo, debemos preguntarnos qué queda de nuestra religión No está quedando casi nada. Es como una memoria casi muerta. El cristianismo es la religión de la memoria, y si perdemos la memoria es como si estuviéramos espiritualmente muertos. El que dijo “la plata o el Viernes Santo” y eligió la plata en el fondo ha perdido su fe. Aunque después haga alardes de religiosidad y de actitudes piadosas, lo suyo ya no sirve, porque es pura hipocresía. No puede ser cristiano quien elija adorar al becerro de oro”.
 
………………
 
“El gobierno dice que tenemos crecimiento y tenemos estabilidad monetaria, también. Pero, ¿a quién y a cuántos aprovecha esto? A unas pocas personas y firmas multinacionales. Vemos claramente que el resultado del pretendido crecimiento no es el crecimiento de la sociedad como tal. No han crecido la educación, ni la seguridad, ni la salud, ni la cultura ni los valores de la democracia. Vivimos al borde del abismo porque éste modelo económico nos transporta nuevamente a épocas de la antigüedad que ya creíamos superadas: a un mundo de dueños y esclavos”.
 
“El único camino es el de la solidaridad. Está comprobado por la propia historia del mundo que sin una solidaridad organizada ninguna sociedad puede vivir bien. Debemos combatir, en la forma justa y razonable que podamos y debamos, al becerro de oro de hoy. Para una sociedad como ésta, guiada por el becerro de oro y no por el respeto al otro y la solidaridad, nuestro único destino posible es el abismo”.
 
(*) Periodista - escritor