Martes, 15 Octubre, 2019 - 10:58

Miriam Sosa, una madre del corazón de más de 300 niños

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En 2011 nació el merendero "Fe, Esperanza y Amor" como una manera de brindar un granito de arena a los niños de la zonas más resignadas de la capital chaqueña. Con muchas dificultades, su fundadora Miriam Sosa, ocho años después continúa con esta titánica tarea.
 
 
Siempre con una cálida sonrisa, Miriam se ha convertido en una “madre del corazón” de los más de 300 niños que llegan ansiosos de abrazarla a la hora de merendar. Es que con su amabilidad y dulzura, Miriam es capaz de sacar felicidad de cualquiera de los pequeños que recibe todos los días.
 
Miriam cuenta a Diario Chaco que “chicos de ocho barrios asisten” a su merendero, que se ubica en un salón, adornado con juguetes y dibujos de los pequeños, en el frente de su casa ubicada en el barrio Niño Jesús, en calle Bogotá al 1500, pasaje Honestidad, cerca de la Terminal de Ómnibus de Resistencia.
 
 
Allí, además, sus “chiquis” no sólo asisten a recibir una copa de leche, sino que también los martes y jueves reciben clases de apoyo escolar y de recreación, por ejemplo talleres de arte. Una vez al mes, todos van a cenar a ese espacio. 
 
Son habituales también sus grandes celebraciones, como el Día del Niño o el Día de la Madre en donde cientos de chicos y grandes de todos los alrededores asisten a festejar y a colaborar.
 
 
Expectantes de Miriam, los niños de la cuadra son los primeros en ir al lugar. Salen de la escuela por las tarde y se acercan al merendero para ayudar. Es común llegar antes de la hora de la merienda y encontrar su salón colmado de pequeños jugando o intentando colaborar.
 
En la afueras, en cambio, un grupo de chichos espera el momento de la leche o el cocido jugando al fútbol o vóley en el frente del merendero, o en un espacio verde que se encuentra muy cerquita de allí. 
 
 
Esta madre del corazón, trabaja en Jardín Nº 30 por las mañanas. Al salir, con otras madres del barrio y un grupo de jóvenes que colaboran, prepara cada día el alimento para 325 niños y 10
personas mayores.
 
“Cuesta mucho y a veces no tengo para dar la merienda. Pero mientras yo pueda y Dios me abra el camino, seguiré siempre”, relata Miriam, quien dice que “ojalá pudiera darle más a mis chiquis”. 
 
 
“A mí me llena el alma, mi paga es su sonrisa”, finaliza Miriam Sosa, que aparte de sus cuatro hijos y un nieto, se convirtió en la madre de más de 300 pequeños y de todos lo que han ido a su merendero.
Autor: 
Agustín Quesada