Martes, 15 Octubre, 2019 - 18:44

Mi abuela, el sostén de una numerosa familia

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Marilyn, María Luisa, mi abuela, la “Babu” para todos.
 
De abuelos españoles y padres argentinos, la mayor de siete hermanos, madre de tres mujeres, abuela de ocho nietos –y tantos otros de corazón- y bis abuela de una mujercita de 8 añitos de sangre mexicana y argentina. Con 84 años continúa siendo la mujer que une y sostiene una numerosa familia esparcida por varias partes del mundo.
 
Considero que no hay nadie que hable mal de sus abuelos, pero quien conoce a mi “Babu” entenderá el porqué de mis palabras, mis sentimientos y mi devoción hacia ella. Acá un pequueño resumen de lo que ella significa.
 
Desde que tengo uso de razón mi abuela es todo. Esposa y madre de una familia en donde el amor, el respeto, la solidaridad y la empatía son los pilares que cimentaron la gran familia que somos. Abuela, malcriadora y “mentirosa”, donde cada uno de sus nietos es el mejor del mundo –para ella-. Ella es el lugar donde todos nos sentimos en casa. Profesora jubilada que dio todo por sus alumnos, quienes hoy en día la recuerdan con una gran sonrisa.
 
No hay otra igual, se los juro.
 
Es de esas personas que tienen el corazón tan grande que no se entiende cómo le cabe en el pecho. Es amable, amorosa, gentil, buena. Nunca la escuche quejarse, nunca un reclamo, siempre poniendo la otra mejilla. Es nuestro ángel en la tierra. Y ya que hablamos de ángeles, les cuento que tiene “el teléfono de Dios”.
 
Si, así como leyeron. No me considero una persona muy creyente, pero si en algo elijo creer es en ella. Es mi religión. Es a quien pido favores y, si se quiere, milagros.
 
Pendiente de todos, cuidando de cada uno de nosotros. Acordándose de cada cumpleaños de cada una de las personas que forman nuestra familia, desde los que están en el sur de nuestro país hasta los que viven en Canadá, pasando por Paraguay, México, Estados Unidos y hasta en España. Nada se le escapa, nada se le olvida, todos son importantes y a todos les entrega un pedacito de su corazón.
 
Seguramente nuestra familia no sería lo que es si no hubiera estado ella presente, poniendo el cuerpo y el corazón a cada situación, soportando todo con ese cuerpito diminuto de tan solo 1.50 metros.
 
La miro desde lejos, la veo sonreír y feliz, pero la noto cansada. Relájate babito, es nuestro turno de continuar con el legado que nos estas dejando. Todavía te queda hilo en el carretel y queremos disfrutarte varios años más, por eso relájate.
 
Ojalá todos tengan una babu en su vida. Les deseo de todo corazón.
Autor: 
Guillermo Taboada