Domingo, 19 Noviembre, 2017 - 00:42

Megaestafa inmobiliaria en Sáenz Peña: qué contó el arrepentido Pablo García

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A fines de octubre, tras permanecer un año detenido en el Complejo Penitenciario de Sáenz Peña, el abogado Pablo García rompió el silencio y brindó al equipo fiscal encabezado por Liliana Lupi todos los detalles de una de las causas penales más trascendentes de los últimos años. Diario Chaco accedió a esas declaraciones. 
 
Después de que fracasara en primera instancia un habeas corpus, García, a través de su nuevo abogado, el defensor oficial Ariel Juárez, solicitó el cese de prisión, es decir que se revocara la prisión preventiva y subsidiariamente la prisión domiciliaria. Esta última le fue concedida por Lupi en el marco de la Ley del Arrepentido, tras largas horas de declaración del imputado. 
 
Cabe recordar que García fue uno de los detenidos en el marco de la investigación de una cadena de estafas inmobiliarias en la que comenzó a trabajar Liliana Lupi, Fiscal de Investigación Nº 1 de Sáenz Peña, hace más de un año. En esa causa también fue arrestado y alojado en el mismo Complejo Penitenciario que García el titular del prestigioso estudio termal Juan Manuel Michlig. Asimismo, como consecuencia de esa investigación, fue suspendido y sometido a juicio político el ex juez civil y comercial Nº 1 de esa localidad, Pedro Juárez. 
 
“TENGO MIEDO POR MÍ Y POR MI FAMILIA”
En su extensa declaración ante Lupi, la fiscal de la Cámara del Crimen Nº 1 María Rosa Osiska y otros funcionarios judiciales, García afirmó que la razón por la que había solicitado acogerse a la Ley del Arrepentido para ser enviado a su casa era el miedo por su seguridad y la de su familia: “Me siento presionado por Juan Manuel Michlig, y las presiones se basan en que yo no declare y que yo no cuente la verdad, y yo no me puedo hacer cargo de algo que no me corresponde. Estoy aguantando hace un año; mi anterior abogado, [Juan Carlos] Saife, no quería que yo declare”, reveló. 
 
“Respecto de esas presiones es que me puede pasar algo. Tengo miedo de que me pase algo a mí o a mi familia, este tipo tiene mucha guita. Muchas veces le recriminé que haga algo, que me saque de esto y él me decía que si declaraba, él iba a tener que ir con todo y defenderse. Con eso pienso que puede mandar a hacerme algo ahí adentro”, contó y agregó: “Juan Manuel dentro del complejo tiene mucha influencia y manejo por la plata que tiene. Los mismos compañeros lo defienden a él. Él está en el Módulo 1 desde que llegó; yo en el 9, ahora en el 10 por una semana”. 
 
LA RELACIÓN CON EL EX JUEZ JUÁREZ
Sobre el vínculo con el ex magistrado suspendido y sometido a un jury por el Consejo de la Magistratura provincial, García relató: “Un día, él recién había asumido, creo que era en el 2013, estaba como suplente todavía, no estaba firme, me llama a su oficina en el juzgado donde me comenta que había venido una gente a ofrecerle coimas por una causa de Mestre contra Harrison Donnelly, pero que él no opera de ese modo, pero me gustaría hablar con Juan Manuel, ¿le podés decir que se acerque?”. 
 
“Entonces cuando vuelvo al estudio le comento eso a Juan Manuel y él me dice: 'Ah, éste está queriendo negociar'; Juan Manuel viene al despacho de Juárez, entonces desde ahí es que comienza la relación con ellos. Y le sacó el trámite ese. Mestre cobra ese dinero, va al estudio y Mestre paga los honorarios. Le da a Juárez $ 36.000. De eso me acuerdo bien: Juárez lo fue a buscar al mediodía. Yo caí después del mediodía en el estudio. Cuando le pregunto a Juan Manuel él me cuenta que $ 36.000 se llevó Juárez momentos antes”. 
 
“Después me acuerdo, un sábado a la mañana, siempre iba temprano al estudio, a las 8 ya estaba yo, pero él me ganaba siempre. Entró por abajo. Cuando entro a la oficina veo $ 200.000 en una biblioteca detrás de su escritorio, sabía que había esa cantidad porque él me lo dijo. Le pregunté: '¿Y eso?', Juan Manuel me dijo que era para el amigo (él lo identificaba como 'el amigo' al juez Juárez). Veo que viene Juárez porque escucho el portoncito que hacía ruido y le digo a Juan Manuel 'Ahí viene tu amigo', entonces él me dice 'Sí, dejame solo' (era obvio que me tenía que ir, no me quedaba a recibirlo al juez); subo a la oficina de arriba. Después me manda un mensaje que baje, entonces bajo, yo lo saludo a Juárez que estaba en la oficina de abajo, que era la de Juan Manuel, y tenía Juárez un bolso colgando en su hombro, y ya no estaba más el dinero donde lo había visto cuando llegué”.
 
“Juan Manuel decía que Juárez y él querían formar un tipo de cofradía como para protegerse entre ellos. Ellos se reunían todos los jueves a comer asados, yo no iba a esos asados. No me hacían participar porque yo iba a abrir la boca, era muy pendejo. Era constante la cantidad de dinero que manejaba, él escondía la plata en el ropero de la mamá, en una pieza que era la de María Rosa, y él tenía la llave en otro lado”. 
 
EL MÉTODO
Previsiblemente, García sólo menciona en su declaración las causas que trascendieron y llegaron a manos de la fiscal Lupi, pero aunque no hable de otros casos él mismo se encarga de explicar que había un sistema de trabajo puntilloso, y es en ese marco que la fiscal entendió que no estaba investigando estafas aisladas sino a una banda con recursos e infraestructura que identificaba casos y pergeñaba la realización de las operaciones de las que obtenía cuantiosos fondos. 
 
“Juan Manuel falsificaba todas las firmas”, reveló García en un pasaje de su declaración, y reconoció que él también lo había hecho en alguna ocasión. Pedro Juárez, en cuyo juzgado se materializaban esos desalojos, transferencias de propiedades y medidas autosatisfactivas, era “aceitado”. 
 
“Todo el tiempo Juan Manuel se quejaba de Juárez, que era un barril sin fondo”, precisa García, quien además cuenta que en 2014 Michlig y el juez viajaron a la provincia de Córdoba, donde el abogado le compró una camioneta a Juárez: “Calculo que con eso lo calmo unos meses”, había bromeado Michlig. 
 
“Respecto de la forma de trabajar en el Juzgado Civil de Juárez, era así: cuando había un planteo, algo que era medio complejo, para que el juez tuviera fundamento al resolver, Michlig llevaba el caso o la causa a la casa de Juárez, le decía que lea el planteo, y si había que corregir algo que lo cambie o lo corrija, y ahí Juárez le decía si estaba bien o mal para poder resolver a favor de Juan Manuel. Juan Manuel me decía siempre que la tarifa mínima era $20.000, para cualquier tipo de juicio, para arrancar; con eso empezaba a aceitar el tema. Esa tarifa mínima significa que en todos los procesos que presentaba Juan Manuel en el juzgado de Juárez, éste le decía que 'veinte sale'”.
 
“Era Juan Manuel quien nos decía a Mauro y a mí que vayamos a Catastro, que veamos los datos catastrales, que vayamos a Economía a ver si tenían pagados los impuestos de mejoras, pavimento, y veíamos si estaba en regla o no, y esos informes se los llevaba a Juan Manuel”. 
 
“En relación a las causas, era Michlig quien llevaba adelante todo el trámite, quien dirigía y diagramaba todo, y me decía: 'Andá para acá, llevá esto, firmá aquí'; él no exponía su matrícula, usaba de otros abogados pero él manejaba todo, todo el dinero. Yo trabajaba para él: no pagaba la luz, el agua, el alquiler de la oficina donde yo estaba, pero tenía que hacer todo eso a cambio. Juan Manuel era el que falsificaba la firmas de La Regina, Del Fabro, Medina; Mauro también a veces lo hacía, y yo lo hice un par de veces pero no recuerdo de quién”. 
 
LA CAUSA DEL EMPRESARIO AUTOMOTOR
El primer caso que trascendió fue el Héctor Carlos Rubén Saéz, el dueño de una concesionario termal, por fraguar boletos de compraventa de una propiedad. En ese momento -agosto de 2016- Lupi había admitido: “Existe también una orden de detención para uno de sus abogados”. El escándalo recién empezaba. 
 
Así lo cuenta García en su declaración: “Sáez me vino a decir: 'Che, Pablo, yo le quiero comprar los derechos posesorios a la gente que vive en Calle 20 y 7. ¿Cómo puedo hacer? Yo vivo hace 25 años ahí y nunca vi a los dueños titulares'. Sáez sabía que los dueños eran de apellido Kairuz y había averiguado todo. También sabía que ahí vivían sólo las familias Carpio y Núñez y los ayudó a construir una piecita y los ayudaba con dinero constantemente. Él me fue claro de entrada: no quería desalojar a las familias de ahí, quería comprar sólo la parte del fondo para la concesionaria y en la parte de adelante que queden esas familias”. 
 
“Entonces le hablo a Juan Manuel y me dice: 'Dejame, me voy a ocupar de hacer todo el trámite; vos decile a Sáez que le va a salir $ 300.000'. Ahí comenzó la búsqueda de ese terreno, y me dice: 'Fijate si hay sucesorios aperturados'. Entonces presento una nota en el registro de juicios universales y a los 20 días me contestan que no había nada. Juan Manuel hizo en su computadora el boleto de compraventa. Yo no sabía si estaban o no vivos los dueños; averigüé por Internet los datos de ellos y también de las plantillas del Registro de Propiedad. Toda esa operación se falsificó. También Baksik nos dio su domicilio para las notificaciones. Juan Manuel falsificó las firmas en el boleto de compraventa, yo lo vi. Juan Manuel le pidió a Mauro si le podía preguntar a su novia si podía recibir notificaciones en su domicilio, y que reciba y que diga que no se encuentran ellos. Ella se hizo pasar por una sobrina, eso me contó Mauro. (…) El proceso civil fue falseado, todo el juicio. (…) Él diagramaba todo eso. Yo sólo firmaba; me decía: 'Andá, presentá esto', no me pagaba, yo tenía mis ganancias sólo con mis clientes. El arreglo con el juez Juárez fue que Juan Manuel le pagó $ 20.000. Me parece que le llevó el dinero a la casa”. 
 
“El tema de la fecha del boleto de compraventa Juan Manuel tuvo en cuenta los diez años de prescripción contractual, por eso lo estiró lo más que pudo, pero no sabíamos si estaban vivos o muertos, ninguno de nosotros sabía eso. Sáez desconocía el trámite que estábamos haciendo”. 
 
UN CAMPO EN MBURUCUYÁ
Otra de las causas que llegó a manos de Lupi y empezó a mostrar la escala operativa de esta “banda”, fue la venta, previo desalojo, de un predio de 800 hectáreas en la localidad correntina de Mburucuyá, por la que Michilig “le dio a Juárez en efectivo $ 300.000”, ya que tenía un poder otorgado por Jorge Krombholz para vender el campo. Recibirían otros $ 800.000 cuando se produjera el desalojo (la operación inmobiliaria total rondaba los $ 12.000.000). En rigor, era un predio de 1600 hectáreas, pero sólo se venderían 800. 
 
Una vez que estuvo listo el mandamiento para el desalojo firmado por Juárez, el propio García debió viajar a Corrientes para llevarlo a cabo. Según su relato, en el Juzgado de Paz de Mburucuyá les pusieron diversos obstáculos administrativos que demoraron el desalojo. Cuando unos veinte días después finalmente pudieron proceder, debieron hacerlo con cuatro oficiales de Justicia de la ciudad de Corrientes, agentes de Gendarmería y de la Policía Rural, y entonces descubrieron que Sergio Sack, la persona contra la que Krombholz estaba accionando, “era narcotraficante”. 
 
UNA ESTACIÓN DE SERVICIO EN CORRIENTES
Hubo otro caso que llamó la atención antes en Corrientes que en Chaco: el de la estación de servicio de la firma Doña Ida, en noviembre de 2014. “Juan Manuel se encargó de la venta de ese inmueble. La vendieron en 9 o 10 millones de pesos. Posterior a la escrituración se inicia un desalojo mediante medida autosatisfactiva. En el diario [“El Litoral”, de Corrientes] había salido 'Juez de Chaco desaloja una estación de servicios en Corrientes', y me dijo Juan Manuel: 'Mirá, si ve esto Juárez se muere', y se reía”, cuenta García en su deposición. 
 
Y agrega: “Tampoco sé cuánto recibió el juez por esa operación. El día que fue Grillo y Juan Manuel a la escribanía, sé que Juan Manuel trajo $ 800.000, de los cuales $ 200.000 fueron para un abotgado de Santa Fe, Ramiro Avile Crespo, que la pagó por una muerte producto de un accidente de tránsito en el que intervino un camión de Doña Ida S.A. y los $ 600.000 restantes se los había quedado Michlig”.
 
INFLUENCIAS
Otro de los tópicos de García a lo largo de su confesión es la presunta influencia y poder de Michlig tanto dentro como fuera de la cárcel no sólo por haber permanecido en el pabellón de su elección desde el principio, sino por su supuesto manejo de los hilos del penal. Tanto es así, que asegura que el hábeas corpus presentado por su abogado para que tanto Michlig como García fueran trasladados del Complejo Penitenciario a sus domicilios, “se presentó en mes par para que fuera en apelación a la Cámara Primera de Sáenz Peña” ya que “Juan Manuel me dijo que está arreglada la prisión domiciliaria: la mía y la suya; que puso un millón de pesos para eso. Y también me dijo que no hable, que espere porque estaba todo arreglado. Y cuando se eleve la causa a juicio estaría también garantizado el cese de prisión preventiva”. 
 
García también contó que cuando Michlig fue interceptado por efectivos de Investigaciones y el Ayudante Fiscal con una orden para requisa personal y de su vehículo, y en ese acto se le secuestró el celular -un iPhone 6S Plus- “Juan Manuel lo llama a Agustín Trabalón -este muchacho conoce mucho de informática- y le comentó que le habían sacado el teléfono y le dijo que trate de sacarle toda la información. Agustín sabía todas las preguntas de seguridad de ese teléfono porque él fue quien le creó la cuenta a Juan Manuel. Entonces fue al estudio (estábamos los tres, Agustín, Juan Manuel, Mauro y yo), entró en la computadora, en la página de Apple y desde ahí ingresó al teléfono que la fiscalía había secuestrado, y le dice a Juan Manuel: 'Acá está toda la información de tu teléfono; ellos no lo van a poder abrir porque no tienen la contraseña' (...). La computadora de Juan Manuel yo le ayudé a esconderla en el techo del baño del salón de danzas, es una notebook; es un techo de durlock”.
 
Además aseguró que las carpetas que estaban en el estudio, “primero las tenía Ricardo Pasich, que las llevó a guardar, después D'Alessandro las llevó al Complejo, y con Juan Manuel separaron lo que podía quedar en el estudio y las que no. Y estas últimas se las llevó Celeste Díaz Colodrero, cuñada de Juan Manuel, a Buenos Aires. Mi computadora personal yo la quemé. Tenía trabajos relacionados a las causas”. 
 
Por último, afirmó que Juan Manuel Michlig y el ex juez Pedro Juárez se comunican a través de un tercero: “Juárez le escribe a Conrado Díaz Colodrero por mensaje de Whatsapp, y éste le reenvía a Juan Manuel, no hay una conexión directa, y Juárez le pidió ahora a s Juan Manuel $ 60.000 para pagarle a su abogado por el tema del jury, pero Juan Manuel no le dio porque le dijo que no tenía, que tenía que vender unas vacas, pero como está inhibido no puede vender”. 
 
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