Jueves, 14 Febrero, 2019 - 20:10

Matemos al loco
Por Cristian Muriel (*)

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La Justicia argentina cruje: tiene una grieta enorme, una ramificación como el delta del Paraná, y no es un problema doctrinario. Hace esfuerzos sobrehumanos para que no se note cómo opera y la operan pero se le ven los piolines y los intereses, se la ve castigando a sus hijos idiotas y díscolos, y premiando a los otros. 
 
Los piolines se notan cuando el sistema político establece sus prioridades y las conquista sin problemas gracias a esta Justicia al plato: meter presos en cinco minutos a un montón de exfuncionarios K procesados mientras se garantiza la impunidad de una dirigente de Cambiemos en condiciones análogas, que el día de mañana se va a jactar de que nunca cayó en cana gracias a Mauricio o a Garavano, verdaderos garantistas si se quiere. 
 
 
Pero esos no son los debates de nuestra sociedad descoyuntada, que se levanta y se va a acostar indignada y, presa de un frenesí inagotable, se sacude dormida. La energía de la Argentina que se desgañita es reconducida a lugares inertes como el aborto o la legalización del porro, o enfocada sobre los machirulos que se merecen una buena cadena de oración, como Juan Darthés. Y no es que esté mal. Son los tiempos y las prioridades. 
 
Hasta ahora el macrismo celebraba que no se le vieran los resortes, pero a veces pasa que los intereses de algunas runflas se cruzan con los más elevados intereses de la Patria, y hay que salir a defender a fiscales, abogados y magistrados que le han levantado la falda a la Justicia para que no se desmorone un proyecto escrupulosamente elaborado para quedarse 200 años en el poder. 
 
LA TRIBUNA DE LA PATRIA
El jueves 7 de febrero la diputada nacional Elisa Carrió advertía vía Twitter que el juez Alejo Ramos Padilla, de La Cámpora, preparaba una operación política contra el fiscal de los “cuadernos K”, Carlos Stornelli. 
 
Horas después Horacio Verbitsky revelaba en su web la trama extorsiva protagonizada por el abogado, agente de la DEA y experto en narcotráfico Marcelo D'Alessio contra el empresario rural Pedro Etchebest, que involucraba a Stornelli. 
 
Le pedían a Etchebest 300 mil dólares para no ir preso. Esa denuncia presentada en el juzgado de Ramos Padilla era la operación de la que hablaba Carrió. A decir verdad el empresario la presentó en el juzgado federal de Dolores porque el encuentro en el que fue apretado por D'Alessio tuvo lugar en un parador de Pinamar, que está en el Partido de la Costa, jurisdicción de Dolores. A su testimonio sumó audios, capturas de whatsapp, fotos y videos. 
 
Todo empezó con un whatsapp para tantear al empresario.
 
En un primer momento el andamiaje de propaganda de Cambiemos se apuró a descalificar a Ramos Padilla por camporista, redactor de Justicia Legítima y compinche de Gils Carbó (un combo para el descrédito en clave Clarín) pero las pruebas eran contundentes, así que ni D'Alessio ni Stornelli pudieron negar que se conocían, y cuando lo hicieron fueron desmentidos por sus propios audios, videos y mensajes de whatsapp. 
 
EL SUPERAGENTE
Para defenderse, D'Alessio usó el viejo truco de hacerse pasar por un temible agente del recontraespionaje: dijo que el apriete era parte de una investigación para identificar el origen de fondos espurios. Stornelli fue menos imaginativo y aseguró que todo era una operación política berreta para joderlo.
 
 
En la volteada cayó el intendente de Salta, Gustavo Sáenz, a quien D'Alessio sindicó como “el cajero” de Stornelli en una conversación grabada por Etchebest. Sáenz salió en la foto con D'Alessio y Stornelli en el mismo parador de Pinamar en el que esperaba el empresario Etchebest para ser extorsionado, así que no podía negar que estuvo ahí. Su táctica entonces fue matar al mensajero, Verbitsky, con referencias a su agnosticismo anticlerical. Unos días después recibió la benevolente visita de Rogelio Frigerio, quien por supuesto cree en su inocencia.
 
 
LILITA RELOADED
Después de un recogimiento de varios días, Carrió volvió a la carga con la línea argumental de la operación camporista. Esta vez recibió un sobre anónimo con la desgrabación de una conversación telefónica del ex funcionario del Ministerio de Planificación, Roberto Baratta, detenido en el penal de Ezeiza, en la que se planteaba que estaba en marcha un plan para “hacerle pisar el palito” a Stornelli y por extensión a Claudio Bonadio.  
 
El sobre de Carrió, presentado por dos legisladoras de su partido, terminó por sorteo en el juzgado de Bonadio, quien lleva la causa de los cuadernos y debería empezar a jugar al Quini 6. Señala el portal de Horacio Verbitsky, Cohete a la luna: “Entre quienes realizan las transcripciones de las escuchas en la DaJuDeCO está Mateo Nicolás Stornelli, de 21 años, el hijo del fiscal, quien lo recomendó para ese cargo”. Imparcialidad garantizada.
 
LA LOCURA GARPA
 
Pero no todo son desgrabaciones de kirchneristas presos, que por cierto corren un altísimo riesgo de ser desacreditadas porque surgieron de teléfonos pinchados ilegalmente. También está el recurso predilecto del macrismo: el argumentum ad hominem, que aplicado a un personaje de fábula como D'Alessio es incomparable. 
 
Hace años que D'Alessio se presenta en los programas de Fantino, Feinmann, Wiñasky, Santoro y Iudica como experto en narcotráfico, chapea con su condición de agente de la DEA y de la National Security Agency, y hasta tiene unas cuantas notas firmadas en el Gran Diario Argentino. Pero algo no anda bien con ese muchacho. 
 
Carrió, quien se cruzó un par de veces con él entrando y saliendo de estudios de televisión, fue la primera en notarlo: “Tenía ciertos aires de delirio”, dijo, enigmática. Y siguió Stornelli, quien luego de denunciarlo por “defraudación”, le tiró el tren encima: “La fauna de gente que se acerca [a los juzgados] con información real y no... Hay de todo, y quizás estamos expuestos a recibir un enfermo psiquiátrico, como puede ser este caso”.
 
Por culpa de un “loco”, a la Justicia argentina se le ven los piolines y al macrismo los dispositivos de manipulación. Aunque Stornelli y Lilita Carrió le den vueltas al asunto, el golpe que le propinó D'Alessio al “mani pulite” nacional podría ser la primera escena de una película berreta con un catastrófico desenlace.
 
(*) De la Redacción de Diario Chaco.
 

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