Sábado, 16 Marzo, 2019 - 12:37

Más allá del 8 de marzo

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Por María Elena Vargas (*)

Hablar  de la mujer, siendo mujer y además política, es un gran compromiso que exige avanzar y no quedar solo con un símbolo o la fecha.  Si  bien son necesarios los gestos que se esbozan cada 8 de marzo, eso no es suficiente para concretar las reformas de fondo indispensables. Creo que nuestras acciones deben consistir en actos que permanezcan y se extiendan más allá de lo ceremonial, puesto que el abordaje de la problemática de género demanda presencia cotidiana. En tal sentido, se abren muchas aristas al encarar el tema, por ejemplo: 1) afianzar la democracia, 2) ampliar el  horizonte, 3) alcanzar la igualdad de trato real, 4) vencer la exclusión, entre otras.  Considero que todas van concatenadas porque es imposible ampliar nuestro horizonte, vencer la exclusión o afianzar la democracia si existe disparidad o inequidad de género, en el ámbito que sea.

Es verdad que el Siglo XX fue el tiempo de la lucha por la igualdad de oportunidades de la mujer. No obstante el siglo XXI nos muestra que todavía falta muchísimo para que la igualdad real exista. Dada la condición de vulnerabilidad que se observa en todas las direcciones, las mujeres necesitamos de una igualdad participativa, ampliada y reforzada para la cabal equidad en todos los órdenes. Eso reclama la intervención directa del Estado dados los compromisos contraídos a nivel internacional ante distintos organismos. Son grandes los avances normativos, pero que aun no se plasman plenamente en la realidad y es deber del Estado reforzar los derechos de la mujer desde sus distintas órbitas. Por ende el esfuerzo debe centrarse en articular mecanismos para, primero extirpar la discriminación y  luego ir por todos los derechos.

Ahora bien, desde mi especialidad, que es la educación, sugiero a las autoridades introducir la temática “equidad de género” de manera transversal, en todos los niveles y modalidades del sistema educativo. Incluso en las capacitaciones y especializaciones destinadas a docentes, no docentes y directivos. Asimismo contemplar llevar a cabo actividades de extensión a la comunidad.

Para ello propongo que esos proyectos educativos integrales busquen modificar los arquetipos culturales machistas y hegemónicos, incrustados de forma inconsciente en la matriz conservadora de la sociedad. Así se sugiere que cada empresa, estatal o privada, órgano, organismo, sindicato, club, entidad, simple asociación o como se denomine, incorpore un área destinada “a la mujer”.  Estas oficinas o agencias deberán añadir la perspectiva de género en los proyectos institucionales, en sus dimensiones  internas, incluso incorporarla como meta para conseguir en el futuro la completa equidad de género. Para alcanzar estos objetivos podrán contar con el apoyo y asesoramiento del aparato educativo –en labor de extensión que se menciona-.

Como sabemos, gracias a publicaciones de la ONU –Organización de las Naciones Unidas-, en las esferas  empresariales y políticas las mujeres todavía no logramos avanzar. Es cierto que existen excepciones a esa regla y el Poder Legislativo del Chaco es una de ellas. Sin embargo, la mujer en el ambiente de toma de decisiones y en la formulación de políticas públicas reina por su ausencia. A nivel Nacional, en los altos mandos,  de cada 10 cargos solo 2 los ocupan mujeres. Algo semejante ocurre en otros estados. Solo se deben contabilizar las listas de Ministerios, Secretarías, Subsecretarías, o jefaturas para confirmar este aserto. Además los altos rangos,  tanto de los poderes del Estado, como del mundo empresarial y del económico han mantenido a la mujer alejada de ese “territorio”, salvo inusitados casos. En consecuencia es tiempo de avanzar para eliminar las prácticas presentes en ese universo y que impactan en  el  desempleo, en los puestos de mayor compromiso o  en  la división ocupacional de la mujer.

Entonces las estrategias para la  promoción y participación igualitaria de la mujer deberían tomarse como prioridad, agregando los nuevos paradigmas socioculturales y políticos de acogida, igualdad, equidad,  solidaridad, no violencia, respeto. En suma, se recomienda comenzar con planes o programas educativos que lleven a modificar los cánones dominantes que expulsan a la mujer lo que será sumamente enriquecedor para la sociedad en su conjunto.

 

(*) Diputada provincial.