Domingo, 5 Enero, 2014 - 19:10

Margaritas y camelias, estallido de color

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Las margaritas son originarias de la Cordillera de los Pirineos. Es una planta vistosa que suele utilizarse en canteros ubicados a pleno sol o a media sombra.
 
Es una planta perenne, poco ramificada que se adapta a un amplio rango de temperaturas y tolera las heladas. Se las conoce como Margaritas, pero en realidad, en la mayoría de los casos se trata de crisantemos.
 
Actualmente esta especie es cultivada por los floricultores en un gran número de variedades, fruto de un arduo trabajo de hibridación. Y como consecuencia directa, se pueden conseguir en una diversidad de colores y formas de sus flores.
 
El género crisantemos engloba una cantidad de flores de las más antiguas cultivadas. Las hojas pueden ser lobuladas o dentadas, de color variable entre el verde claro y oscuro, recubiertas de un polvillo blanquecino que le da un aspecto grisáceo y casi siempre con un peculiar aroma.
 
Lo que se conoce como la flor de la margarita es realmente una inflorescencia en capítulo y según su forma se clasifica en diferentes tipos y colores desde los rojos, blancos, rosas, amarillos hasta naranjas, y además en todas sus tonalidades.
 
La planta se caracteriza por sus grandes y coloridas flores, que suelen tener de 6 a 10 cm de diámetro, las centrales y habitualmente reconocidas como las más populares son amarillas con las lígulas blancas.
 
Es importante el suelo en el cual se va a cultivar, ya que requieren suelos ricos en materia orgánica, sueltos y bien drenados porque no resisten el estancamiento de agua cerca de las raíces.
 
 
 
Entre los cuidados fundamentales que se deben considerar para obtener una buena floración durante la primavera, es necesario suplementar con algún fertilizante equilibrado.
 
Una vez finalizada la floración conviene podar levemente para estimular la aparición de nuevos brotes. Es conveniente controlar el crecimiento de las nuevas plantas durante los primeros días, ya que si algún tallo tiene tendencia a crecer un poco torcido, habrá que enterrar un tutor para que se enderece rápidamente.
 
La camelia es una planta arbustiva originaria de Asia Oriental. También se conoce como rosa del Japón. Entre sus múltiples variedades se destaca especialmente la camelia japónica que es la que habitualmente se observa en los jardines, y la camelia sinensis, especie cuyas hojas y brotes se utilizan para elaborar té.
 
Las camelias son plantas arbustivas muy frondosas que pueden alcanzar una altura de entre 50 a 80 centímetros.
 
Sus hojas son de color verde oscuro brillante, y terminan en punta. Las flores son grandes y pueden estar aisladas o agrupadas, simples o dobles. Pueden ser blancas, rojas, rosas, amarillas o bicolores, y carecen de fragancia. Requieren de cuidados especiales para lograr sobrevivir.
 
Necesitan desarrollarse en un clima muy húmedo y suave a lo largo del verano y frío en invierno.
 
Atentos con las temperaturas
 
Para lograr una óptima floración, conviene que se desarrollen en un lugar iluminado pero protegidas de la acción directa del sol.
 
 
 
Soportan bien las temperaturas frescas entre 8ºC y 18ºC grados.
 
 
 
Si están en maceta, deben ubicarse en el exterior en primavera y verano, y en una habitación fresca, durante los días más fríos del invierno.
 
Siempre es conveniente considerar que el suelo debe ser ácido y poroso. También es recomendable que tenga un buen aporte de materia orgánica, como turba o compost, aliado fundamental en cuestión de lograr durabilidad y fortaleza.
 
Para que se vean en óptimas condiciones habrá que abonarlas una vez por semana, con abonos ricos en fósforo, potasio, magnesio y hierro, sobre todo durante la época de crecimiento, y suspender la fertilización cuando terminan de formarse los botones florales.
 
Si se desea transplantarlas, habrá que hacerlo luego de la floración, con un sustrato liviano y permeable.
 
Al podarlas conviene suprimir los brotes jóvenes en invierno, y equilibrar el conjunto cada tres o cuatro años. La camelia es una planta propensa al ataque de diversas plagas y este debe tenerse en cuenta desde el momento que se la cultiva y durante todo su desarrollo.
 
Sus principales enemigos son las cochinillas, ácaros, gusanos, pulgones y arañuelas.
 
Por último, hay que tener en cuenta que si el sustrato sobre el que se asienta la camelia es excesivamente húmedo, provocará una pérdida prematura de las hojas, y se deberán eliminar las dos terceras partes de sus raíces para evitar que adquiera tanta humedad, luego añadirle un nuevo sustrato.
 
Conviene tener en cuenta que si se recortan sus raíces será necesario también hacerlo en forma proporcional con su parte aérea.
 
Además de los clásicos jazmines o los elevados agapantos, existen otros ejemplares que no pierden vigencia y dan buen gusto al jardín. Las margaritas, verdadero deleite cuando florecen en múltiples colores; y las camelias, muy de moda, dan un toque de originalidad y distinción al paisaje.
 
Juntas, margaritas y camelias componen una combinación insuperable.
 
La Gardenia jasminoide, más conocida como Jazmín del Cabo, es un arbusto de hoja perenne muy ramificado y que alcanza una altura de hasta 2 metros.
 
Para que un ramo de flores perdure por más tiempo, hay que recortar las bases de los tallos en diagonal para obtener mayor superficie de absorción.
 
Sólo se necesita acceder a una planta adulta en buen estado de salud. De ella, se toma una porción que tenga raíces, y un poco de tierra adherida. Luego se planta en un sitio que tenga buena tierra, aireada, fértil y liviana, la que conviene regar bien para que se mantenga húmeda, aunque evitando los excesos. Hay que asegurarse que goce de buena luz solar.
 
Acerca de las camelias
 
En tanto que las Camelias, necesitan que la tierra permanezca húmeda, en porcentajes superiores al 60%. No hay que encharcarla ni dejar que se seque por completo.
 
Se debe vaporizar en forma periódica el follaje con agua dulce, no calcárea, y respetar el período de reposo desde que termina la floración, por lo que durante esa época es conveniente reducir el riego.
 
No les sienta bien el agua dura o con exceso de cal. Agua de la canilla no es la ideal, convendría con agua de lluvia o mineral. Si no es posible, agregue al agua corriente un poco de vinagre para que mitigue el efecto del calcio, muy nocivo para estos ejemplares.
Fuente: 
Noticias Argentinas