Miércoles, 25 Noviembre, 2020 - 20:11

Maradona
Por Carlos Guido Leúnda (*)

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Solo Argentina nuestro País de las maravillas, de las cosas admirables y sorprendentes, de la Biblia junto al calefón, podía ser la cuna de Maradona.- Tan corajudo, contradictorio y fanfarrón como todos nosotros.- Tan talentoso e inmoderado como la Nación misma.- 

El hombre que trascendió su genio futbolero y siguió siendo un mito viviente después de colgar los botines.- Así como defendió las dictaduras de los Castro y Chávez fue quien se puso al hombro los derechos de los futbolistas que lo admiraban con devoción y que los hizo participar en el gran negocio del futbol que protagonizaban llevándose migajas.- Los grandes contratos de hoy son el fruto de la lucha de Diego de ayer.- El insolente que se atrevió a denunciar la mafia del futbol y los negociados de los dirigentes mucho antes del caso FIFA.- El tipo que puso el pecho por cada futbolista que lo necesitara.-  

El único que podía correr con el cuerpo inclinado y la mirada al frente.- El que jugó por la Selección rengo y roto porque siendo “El Pelusa” desde un video blanco y negro contaba que su sueño era jugar en la Selección.- 

Con mi amigo Raúl Facchín los vimos debutar en un amistoso contra Hungría en febrero de 1977 en la Bombonera boquense, en una serie de amistosos que llamaron Mundialito.- Pura causalidad porque no sabíamos quien era.- Cuando a su ingreso las tribunas resonaron preguntamos a un futbolero de veras quien era, es Diego nos contestó con una expresión que nos decía se equivocaron de lugar.- 

Puedo decir con orgullo y sin modestia alguna que lo vi jugar a Diego tres veces más, un River-Boca en el Monumental con Kempes en los locales que terminó 2 a 2 en 1981, con el Barsa con el Flaco Menotti como técnico en el Nou Camp en 1984 contra el Mallorca, y un amistoso en Mar del Plata contra Independiente en su regreso a Boca en el 96.- 

Hace algunos años fuimos a Nápoles y con otros turistas que conocimos ese viaje alquilamos una traffic para ir a Pompeya y Sorrento.- Iniciado el periplo se produjo la charla de rigor.-. Cuando le dijimos a Doménico –el chofer gordito, simpático y charlatán que nos tocó en suerte- que éramos argentinos le cambió la cara y sacó de la consola un compact con la canción que le dedicó Rodrigo al 10 y la puso a todo volumen.- Cuando pretendió poner la que Diego grabó con Pimpinela le dijimos a coro que era suficiente.- No paró de hablar del 10.- Entre otras cosas nos contó que un día llevó a un pasajero al aeropuerto y al llegar vieron un tumulto y pudo divisar a Diego entre los arribados.- Le propuso a su pasajero que no cobraba el viaje si lo esperaba en el vehículo y le prestaba el maletín que portaba para simular ser un viajero.- Ahí logró la foto que se sacó con Diego entre otros curiosos y que obviamente nos mostró vanidoso.- Nos contó también que hizo la excursión Maradona que transporta a los napolitanos a nuestro País para visitar Villa Fiorito, la Bombonera, el estadio de Argentinos Juniors que lleva su nombre, entre otros lugares que real e imaginariamente se vinculan con el ídolo.- 

Lo hemos puteado y querido como a nadie.- Pero en la hora del adiós, solo nos queda su magia, las alegrías que nos dio con su ingenio sin par y sus victorias.- El tipo querible y desmesurado que se suicidó lentamente.- Como vemos desde ambas veredas de la grieta que se suicida País.- Por eso Diego solo puede ser argentino.- Porque era –es- como vos y yo.

(*) Abogado