Viernes, 4 Septiembre, 2020 - 11:15

Los puentes de Madison
Por Elina Nicoloff (*)

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Los que tenemos algunos años nos emocionamos con una película de los años 90 escrita, dirigida y protagonizada por Clint Eastwood, la actriz femenina es Meryl Streep. Cuenta la historia de amor entre dos personas maduras que viven un romance apasionado de unos pocos días.

Los puentes eran un lugar histórico y el protagonista masculino llegó hasta allí para realizar su trabajo (era fotógrafo).

Madison (el nombre que llevan los históricos puentes) fue el Cuarto Presidente de los EEUU, considerado como uno de los más influyente y apodado como “El Padre de la Constitución” en el país del norte, la misma que inspiró a Alberdi para realizar el anteproyecto para la nuestra y donde queda plasmada su influencia sobre todo en lo concerniente a la División de Poderes y el Equilibrio entre éstos.

Hace unas semanas que la opinión pública se encuentra inmersa en una de las tantas discusiones que no pueden pasar desapercibidas en la vida Institucional de la República Argentina. El Poder Ejecutivo Nacional, a través de la Ministra de Justicia de la Nación Marcela Losardo presentó un Proyecto en el Senado que propugna la reforma en la organización del Poder Judicial y que ya tiene media sanción.

Pero lo ocurrido el pasado martes  1 de septiembre en la Cámara de Diputados creo que excede a los que interactuamos con el Poder Judicial para encender las alarmas de la ciudadanía en general por la polarización observada en las posiciones de los Representantes de la Cámara Baja.

 Los diputados de la oposición intentaban participar de la sesión convocada, pero fueron notificados que a pesar de estar presentes de cuerpo y alma en el Recinto, para las autoridades del cuerpo se encontraban ausentes. Los medios de comunicación se hicieron el picnic mientras mostraban las discusiones a gritos de los que otrora fueron amigos personales y que hoy la grieta los tiene en márgenes distintas del río.

Los Puentes de Madison se rompieron. El diálogo de partes tan necesario para la vida en Democracia a ésta altura está totalmente interrumpido. Sorprendiendo a los bandos a ambos márgenes del río con un presidente de la Cámara Baja con un discurso intransigente, propio de regímenes totalitarios que el mismo Sergio Massa había prometido desterrar de la vida democrática Argentina allá por 2013.

Ante una presentación judicial, la Cámara en lo Contencioso Administrativo en CABA le dio la razón a los legisladores de Juntos por el Cambio diciendo que el Protocolo para Sesionar a Distancia había caducado, por lo que le asiste a la minoría la posibilidad de rediscutirlo y además sesionar en forma presencial, garantizando la representatividad de los ciudadanos que les dieron mandato.

Mientras tanto, la sociedad observa atónita una discusión como mínimo antigua en su forma y en su contenido, inoportuna y dudosa. ¿En qué consiste la Reforma Judicial?, ¿qué clase de Juzgados se crean?, ¿cuántos empleos se crean?, ¿cuál es el presupuesto que ello conlleva? En principio eran en total 94 Juzgados. Ahora en las provincias son 73, más los 46 de CABA.

Los abogados sabemos que los Juzgados Federales en las provincias son de PLURICOMPETENCIAS, lo que significa que tienen Secretarías Laborales, Civiles y Comerciales, Penales y Electorales.

Al crearse mayor cantidad de Juzgados, se multiplican también la estructura y eso cuesta dinero: Más jueces, más fiscales, más empleados, más sueldos, más viáticos, con un costo estimado en 6 mil millones de pesos anuales. Aumentar el volumen sin dotar de capacidad es caer en un agujero negro sin salida hacia la justicia independiente que frustraría el sueño del equilibrio de poderes. Sin contar las necesidades en la partida presupuestaria que otras áreas como salud y educación van a requerir cuando termine la emergencia por el COVID.

La Nación está acechada por la anarquía y el Federalismo y los Principios de la República de rodillas en un país que vive peleando contra la CONCENTRACIÓN DEL PODER y que aleja a las partes del diálogo tan necesario para la vida en Democracia me hace recordar una frase de la película a la que hacía referencia al principio: “LOS VIEJOS SUEÑOS ERAN BUENOS SUEÑOS. NO SE CUMPLIERON, PERO ME ALEGRAO HABERLOS TENIDO” (la dice la protagonista femenina que renuncia al amor de su vida).

Yo no quiero darme por vencida, no quiero renunciar a la vida democrática que exige diálogo, consenso y renuncia en pos de un bien superior. Creo que somos muchos los que pensamos así, aunque hoy por hoy  nos sentimos abandonados y atónitos ante el penoso espectáculo de representantes inmaduros que no se dan cuenta que la cuerda está muy tensa y pende de un hilo.

(*) Abogada, expresidente de la UCR Chaco.