Viernes, 27 Septiembre, 2013 - 15:03

Los aliados del dibujo
Por Marcelo Bátiz

El mes de septiembre de cada año se presenta como un dilema para los medios de comunicación porque se debate el presupuesto participativo.

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Desde hace ya unos cuantos años, setiembre se presenta como un dilema para el periodismo económico. Es el mes en el que el Poder Ejecutivo presenta en el Congreso el proyecto de presupuesto para el año siguiente, con el consiguiente debate entre lo que debe ser (la "ley de leyes", la iniciativa más importante para analizar, dado que es la expresión en números de la política del Gobierno) y lo que realmente es (una amontonamiento de pautas alejadas de la realidad y que será modificada tantas veces el Poder Ejecutivo crea necesario, a través de decretos de necesidad y urgencia y decisiones administrativas).

La aprobación del proyecto en la Cámara de Diputados y la previsión de una sanción definitiva en el Senado para el 10 de octubre otorgará un nuevo récord al kirchnerismo: en apenas 28 días se finalizará el trámite, desde que el 12 de setiembre el ministro Hernán Lorenzino iniciara el ritual de informar en la Comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados. Paradójicamente, la celeridad para aprobar en apenas cuatro semanas la ley más importante no se debe a una sorprendente coincidencia de todos los legisladores. 

Por el contrario, a las habituales críticas opositoras se sumó en esta ocasión el desbande de algunos (¿ex?) integrantes del FPV y la probabilidad de que a partir del 10 de diciembre el oficialismo tenga una representación menor a la actual. No importó que los diputados hayan votado un proyecto sin conocer las planillas complementarias y, por consiguiente, ignorando cómo es la distribución de los gastos y recursos por provincia. Si existe la voluntad, los senadores al menos tendrán algunas horas para informarse.

Para muchos, tampoco importó que la inconsistencia con que fueron elaborados los supuestos macroeconómicos haya derivado en una sobreestimación del crecimiento del PBI real pero a su vez una subestimación de la suba del nominal. Sin embargo, detrás de esa supuesta incoherencia subyace la combinación de una trampa para el futuro gobierno con la habitual práctica kirchnerista de reservar al Poder Ejecutivo la facultad de ampliar y redistribuir los créditos presupuestarios sin intervención del Congreso.

La sobreestimación del PBI real –con un 6,2 por ciento indefendible hasta para las espadas más fanáticas del oficialismo- lleva incorporada una celada siniestra: cinco días después de asumir, el próximo presidente tendrá que hacer frente a un voluminoso pago del cupón atado al crecimiento, seguramente con un nivel de reservas en el Banco Central que no le dejará demasiado margen de maniobra. En cuanto a la subestimación del PBI nominal, no hay nada nuevo: es la argucia para dejar a disposición del PEN centenares de miles de millones de pesos para su distribución discrecional.

Si hace falta un ejemplo para dejar en claro que esto no es una suposición abstracta, qué mejor que comprobar lo que ocurrió el 12 de setiembre: al mismo tiempo que Lorenzino informaba en Diputados los lineamientos del presupuesto 2014, se publicaba en el Boletín Oficial la trigésimo cuarta modificación del correspondiente al 2013.

Se podrá argumentar que los cambios aplicados por el Ejecutivo obedecen a una suerte de indexación a raíz de la inflación no reconocida en el proyecto de ley. Al respecto, hay que aclarar que esas ampliaciones no son uniformes. Por el contario, son tan divergentes que muestran sin posibilidad de error el propósito de desvirtuar la ley aprobada por el Congreso.


El DNU 1170 de este año, por ejemplo, amplió los créditos del Ministerio de Desarrollo Social en 9.310.000 pesos y los de Planificación en 14.152.300.000. Es decir que por cada peso adicional para Alicia Kirchner hubo 1.520 para Julio De Vido. Cuesta encontrar una forma más cruda y directa de mostrarle a un diputado o un senador que lo que vota no sirve para nada.

Quizás por ello se insiste tanto por estos días en denunciar que el Presupuesto es un "dibujo". Así lo expresaron desde el radicalismo, la Coalición Cívica, el PRO, la Unidad Popular y otros bloques legislativos. En esta oportunidad se sumaron los seguidores de Sergio Massa, sin reparar que hace cinco años fueron coautores de lo que ahora critican.

En su carácter de jefe de Gabinete, Massa presentó en setiembre de 2008 un proyecto de Presupuesto 2009 que apuntaba a dar "seguridad y tranquilidad a la sociedad argentina", de acuerdo con lo asentado en la web de Presidencia de la Nación.

Proyectaba una inflación del 7,7 por ciento, número que quince meses después el INDEC se encargó de repetir, pero menor a la mitad de lo estimado por la mayoría de las consultoras. Daba un saldo comercial favorable de 12 mil millones de dólares, un 30 por ciento por debajo de lo efectivamente ocurrido. Con el superávit fiscal primario la brecha con la realidad fue mayor: el proyecto lo fijaba en 3.700 millones de pesos, pero fue de 17.285,6 millones. Ideal para meter mano en el Presupuesto sin intervención del Congreso: Massa lo hizo 31 veces y su sucesor, Aníbal Fernández, 99.

Un año antes, le había tocado al hoy massista Miguel Peirano presentar su proyecto. Estimaba ingresos por 169.462 millones de pesos, pero en la realidad fueron 269.779,9 millones, y gastos por 161.486 millones (fueron 237.250,9 millones). El superávit fiscal primario proyectado en 27 mil millones fue en rigor de 32.528,7 y el comercial de 10 mil millones de dólares llegó en los hechos a 13.176 millones.

El dibujo fue tan evidente que un diputado lo expuso públicamente. "La maniobra del Gobierno para subestimar las metas y los recursos, esconde el verdadero uso que se le dará a los fondos públicos". Así lo dijo por entonces Jorge Sarghini. Seis años después, encabeza la lista massista de candidatos a diputados de Buenos Aires. La provincia de José Hernández, aquel que en el siglo XIX escribió "No pinta quien tiene gana/ sino quien sabe pintar", sin sospechar que estaba dando cátedra de técnica presupuestaria para el siglo XXI. 

Fuente: 
Agencia DyN