Viernes, 16 Noviembre, 2018 - 09:28

Lo que la historia dice de algunos históricos de las Ligas Agrarias
Por: Vidal Mario(*)

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En el Aula Magna de la Universidad Nacional del Chaco Austral éste viernes homenajearán a conocidos ex militantes de las Ligas Agrarias Chaqueñas.
 
Los homenajeados seguramente volverán sobre lo que ya declararon muchas veces: que en los años 70 se les hizo aparecer como subversivos y guerrilleros para poder perseguirnos, que fueron injustamente encarcelados y torturados, y que muchos debieron emprender el exilio para salvar sus vidas.
 
¿Realmente padecieron lo que dicen que padecieron sólo por defender al campesino?
 
En sus dichos hay cosas que no cierran, por    que casi todos ellos fueron capturados cuando en el Chaco había un Gobierno constitucional ejercido por el gobernador Deolindo Felipe Bittel, y por orden emanada de un juez federal constitucional.
 
Revisando la historia, se advierte que hay algunos que no están diciendo la verdad. La historia indica que eran subversivos. Más precisamente, Montoneros.
 
Llegué a esa conclusión en el 2003 cuando cayó en mis manos un documento secreto de Montoneros.
 
Era el expediente de un juicio revolucionario al José Luís Aspiazu (“Oficial Lito”), sentenciado a muerte y ejecutado por sus propios compinches bajo cargo de traidor.
 
En ese expediente había una lista de “cumpas legales”, como ellos decían, con ésta aclaración: “Todos estos cumpas son de organismos de masas, ya sea en Ligas Agrarias o Fatre”.
 
“El camino de la Liberación”
 
La Iglesia, a través de su Movimiento Rural de la Acción Católica, propició la formación de las Ligas Agrarias.
 
En las diócesis del noreste, dichos movimientos uno por uno se iban convirtiendo en Ligas Agrarias.
 
Empezó en el Chaco, donde el fundador de la Unión de Ligas Agrarias fue el dirigente del Movimiento Rural Católico, Raúl Osvaldo Lovey. Lo patrocinó monseñor Alfredo Di Stefano, a quien llamaban “El Obispo del Algodón”.
 
Después Misiones, con el Movimiento Agrario Misionero (MAM) y, finalmente, Formosa.
 
El único que no aceptó la transformación del movimiento rural en Ligas fue monseñor Iriarte, obispo de Reconquista.
 
Decepcionado, un presbítero de nombre Francisco D’Alteroche le mandó una carta a dicho prelado para pedirle que “no le tenga miedo a la palabra Liberación”.
 
En junio de 1969, el sacerdote Rafael Yacuzzi, párroco de Villa Ana, envió a Onganía otra carta, publicada en la revista “Cristianismo y Revolución” de julio de ese año.
 
En la misma le decía:
 
“Por fin hemos entendido que a la explotación y mentiras sistemáticas no podemos ofrecer otra cosa que la lucha.
 
Ya se ha iniciado el camino de la Liberación.
 
General Onganía: sus armas ya no serán suficientes. La justicia que impulsa la lucha del pueblo encontrará el modo de derrotar sus fusiles. Dios se apiade de usted”.
 
Ocho años después, diciembre de 1977, Montoneros ofrecería una conferencia de prensa en Roma, y entre ellos estaría el sacerdote Rafael Yacuzzi.
 
En el Chaco, algunos fundadores de las Ligas Agrarias renunciaron a la organización al ver que ciertos compañeros suyos se volcaban a la lucha armada.
 
1975, año fatídico
 
El año 1975 fue desfavorable para algunos dirigentes de las Ligas Agrarias Chaqueñas.
 
Desde el 17 hasta el 22 de abril de ese año, una muy bien coordinada batida policial ordenada por la justicia federal de Resistencia y desarrollada en ésta capital, Sáenz Peña y Villa Ángela terminó con veintiún montoneros en la cárcel, siete de los cuales eran mujeres. Trece escaparon, entre ellos Fernando Vaca Narvaja.
 
El siguiente comunicado de la Jefatura de Policía del Chaco, publicada en el diario “El Territorio” del 25 de abril de 1975 ilustra lo que sucedió esos días:
 
“1°).- Desde el día 17 de abril, en la ciudad de Sáenz Peña se efectuaron detenciones y allanamientos ordenadas por la Justicia Federal, lo que permitió comprobar que personas pertenecientes a las Ligas Agrarias realizaban actividades netamente subversivas y militaban en organizaciones proscriptas.
 
2°).- Las investigaciones efectuadas permitieron esclarecer totalmente los siguientes hechos:
 
A)    Atentados con explosivos a los establecimientos de Bunge y Born de Presidencia Roque Sáenz Peña, en diciembre de 1974.
 
 B) Incendio de un camión con acoplado que transportaba girasol, en la localidad de Tres Isletas, hechas con bombas molotov, atentado producido en el mes de febrero de 1975.
 
C) Planificación de atentados contra comisarías, autoridades policiales y contra funcionarios del Gobierno de Deolindo Felipe Bittel.
 
3°).- Por surgir responsabilidad penal se ha procedido a la detención y puesta disposición de la Justicia Federal, de 19 personas, a lo que debe agregarse la cantidad de varios prófugos, cuya captura fue recomendada a todas las policías del país.
 
4°).- Se secuestraron planos de Resistencia y otras localidades del interior con señalamiento de objetivos de futuros atentados, armamentos y explosivos de guerra, municiones de guerra y de uso civil, impresos de propaganda de la organización Montoneros, documentaciones en blanco del Registro Nacional del Automotor con sello y firma falsificadas del jefe de dicha repartición, chapas patentes de vehículos, así como armas y explosivos ocultos en domicilios particulares y “embutes” ubicados en zonas urbanas y del interior”.
 
Según el informe policial, quienes perpetraron el atentado contra las oficinas de Bunge y Born fueron “Aníbal Ponti y el asesor legal de las Ligas Agrarias Chaqueñas, doctor Luís Juan Rodríguez, ambos oficiales Montoneros”.
 
En cuanto a la quema del camión en Tres Isletas, aquel informe consignó que se produjo en el marco “de un paro de productores de girasol organizado por Ligas Agrarias”.
 
La policía identificó como autores del mismo a “Alicia Helena Casavonne de Guerra, Carlos Héctor Horiansky (“Felipe”), asesor general de las Ligas Agrarias; Carlos Servando Piccoli (“Dante”), también miembro de las Ligas Agrarias, y el ingeniero agrónomo y oficial Montonero Rafael María Menéndez (“Raúl”).
 
Lovey, a disposición del PEN
 
El 17 de abril de 1975, la policía allanó una casa ubicada en Rodríguez Peña 157 de Sáenz Peña para detener al titular de las Ligas Agrarias, Raúl Osvaldo Lovey, quien, según la prensa, en las filas montoneras era conocido como “Miguel”.
 
Puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN), consiguió su liberación gracias al gobernador Bittel  y el presidente de UCAL, Alberto Muchutti.
 
El golpe militar del 76 que vino inmediatamente después de su liberación lo llevó a huir al Brasil con documentos falsos que le consiguieron, y de allí a España.
 
No fue ni sería el único en moverse con documentos falsos. Lo hacían también otros compañeros, entre ellos el ex seminarista Arturo Fidel Dean, dirigente de las Ligas Agrarias Santafecinas, y su novia María Luisa Bregant (“Marica”).
 
Con esos documentos falsos, Dean y la agrarista se casaron en la clandestinidad. El cura Pablo Fuentes de la Congregación de Oblatos de María Inmaculada lo sabía, pero ello no le impidió oficiar el servicio religioso.
 
Tras vivir un tiempo en Merlo, monjas de las Hermanas del Sagrado Corazón los ayudaron a cruzar en ómnibus a Brasil, donde fueron albergados por la misma congregación.
 
(*) Historiador y periodista.