Viernes, 19 Junio, 2020 - 17:27

Lectura equivocada
Por Aldo Daniel Avila (*)

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El viernes pasado se eligió al consejero suplente del Consejo de la Magistratura y Jurado de Enjuiciamiento por la Segunda Circunscripción Judicial. Es decir, Pres. Roque Sáenz Peña. 
 
No ganó el oficialismo.  Y creo que, tampoco, seguirá con su racha de triunfos con la lectura equivocada que hacen del resultado y los dimes y diretes y, malas decisiones que rodearon a este proceso eleccionario.  
 
El Colegio de Abogados de la segunda ciudad chaqueña está en manos de la misma persona desde hace casi seis años. 
 
Ello significa, sin más, desgaste.  
 
Un desgaste, inevitable, que se visibilizó en las urnas. Un dato que no podía ser ignorado por nadie. 
 
O, al menos, por quienes, se supone, saben leer la realidad.  
 
Cual fue el motivo? El mentado presidente, fue el candidato del oficialismo.  
 
Jugada poco inteligente. Pobrísima en su concepción y sus resultados. Las consecuencias están a la vista. 
 
Decisiones desacertadas? Soberbia? Miti y miti, como dirían en el barrio. 
 
Les cuesta entender que la alternancia es fundamental. 
 
Que cualquier cargo electivo se deteriora con el tiempo. Que provoca hartazgo ver siempre a los mismos disputar los lugares estratégicos, máxime cuando no sería mayor inconveniente comenzar con una adecuada y necesaria renovación.  
 
La creencia de que con tal o cual, tenemos el éxito asegurado es un error pueril. Inadmisible. 
 
No se puede poner en duda que son dos los espacios que disputan la supremacía, o el poder o cómo se distribuye la torta. Cada uno elija la opción que mejor le parezca. 
 
Por eso, el espacio opositor eligió un muy buen candidato. Un profesional del derecho de bajo perfil. Un litigante pura sangre. 
 
Qué debía colocarse enfrente? Otro candidato sin fisuras, era la respuesta que caía de maduro. Y lo tenían. Pero se negaron a admitirlo. La lógica del más vale malo conocido que bueno por conocer, tampoco era una buena alternativa. 
 
Tener al presidente del colegio nos asegura un gran número de votos pensaron. Pero aquí, las ciencias exactas no juegan un papel determinante. Ni siquiera las encuestas son confiables. 
 
Se matan borroneando padrones con una única certeza: la incertidumbre. 
 
El representante del oficialismo venía pisando el pasto en varias curvas y era evidente que si alguien aparecía en su espejo retrovisor con serias pretensiones, sería difícil que mantuviera el equilibrio hasta el final. 
 
Como cuando en un arranque de furia criticó duramente a la Ministra del STJ, María E. Valle, por hechos cometidos por su sobrina, y, ahora, pretendía compartir, con ella, la misma mesa. 
 
O, con el grupo de WhatsApp “Colegio de Abogados” que se maneja de acuerdo a las reglas que él impone y es, por ende, parcial. Arbitrario. 
 
U operando a favor de jueces denunciados por miembros integrantes de la entidad asociativa que preside.
 
Había plena conciencia que ese periplo había horadado, seriamente, cualquier aspiración. 
 
Sin embargo, decidieron bajar al candidato que ya había recibido la bendición para serlo y cuya campaña había comenzado en el mes de febrero.  
 
Fue reemplazado -según se blanqueó- seis días antes de la elección prevista originariamente.
 
Un despropósito. La cantidad es lo importante, no la calidad. 
 
Ese manejo conspirativo tuvo un gran inconveniente. No pudieron “bajar” a quien ya había pasado por los controles de bioseguridad con la pertinente aprobación.  
 
Chocaron contra una montaña de decencia y amor propio. No hay disputas frente a principios irrenunciables. 
 
No obstante ello, nadie amilana a un ganador nato.  
 
Si no desiste de su postulación la cantidad de votos que pueda sacar será ínfima y no impedirá que triunfe “el proyecto”, volvieron a pensar. 
 
Expresión que se usa cuando deciden incluir a alguien aún en contra de su voluntad. 
 
Es de traidor no votar al proyecto. Porque proyecto somos todos aunque sea uno solo el ganador, o quienes manejaron la hábil jugada.  
 
De este modo, hubo tres aspirantes al cargo en juego. 
 
Y de los dos espacios dominantes, el tercero en discordia, inclinaría el fiel de la balanza. 
 
La votación fue más que reñida. Pero hubo casi cien votos que nadie sabe muy bien por qué se depositaron, dónde se consignaran. 
 
En mi opinión fueron genuinos de quien los recibió. Pero, también, podrían ser en contra de. O producto de aplicar la teoría del voto útil. Nadie lo sabe. 
 
Lo cierto es que no era más importante quien ganaba, sino quien perdía. 
 
Y hubo más de un ganador y un solo perdedor. 
 
La silla en el Consejo de la Magistratura será ocupada –en caso de ser necesario- sólo por quien obtuvo la mayor cantidad de sufragios. Pero el patito feo no fue tal sino quien dirimió la controversia, dando por tierra a todos los cálculos preliminares que hicieran estos maestros del pulso social. 
 
Peleando contra las estructuras obtuvo un número más que significativo de votos que, seguramente, no será merecedor de ninguna recompensa. Porque, siguen pensando, que es el padre de la derrota. Derrota que ellos mismos decretaron, cuando bendijeron que fuera candidato quien no debió estar en ese lugar. 
 
No todas las historias tienen un final feliz. 
 
Éstos se terminan, cuando comienzan las lecturas equivocadas y se subestima la capacidad de análisis de quienes, en definitiva, son los que eligen.  
 
(*) Por Aldo Daniel Ávila. Abogado